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El casco que volvió de Malvinas - en recuerdo de Ricardo Mario Gurrieri


Por Veronika Sheehan (Lic. en Historia Militar)
 Fuente: agendadereflexion.com.ar (link de enlace -hacer click aquí)

2 de Febrero del 2006, 0610 hs., aeropuerto de Santiago de Chile. Allí comenzaba el viaje que había soñado toda mi vida. Después de varios trámites burocráticos, finalmente la Embajada de Gran Bretaña aprobó mi Visa para viajar a Malvinas. Yo no tenía motivo aparente para realizar ese viaje según las autoridades británicas, pero tampoco había motivo justificable para negarme la Visa. Pero eso no fue todo, no conformes con ponerme mil trabas para darme la visa luego me tocaría pasar por la discriminación más descarada que habría podido imaginar en mi vida. LAN CHILE, la única compañía aérea por la cual se puede llegar a Malvinas, me cobraba 4 veces más el valor del pasaje, solo por el hecho de ser argentina. Era más que evidente que todo se complotaba para que desistiera de la idea de viajar, pero no lo iba a hacer de ninguna manera: yo tenía que viajar sí o sí. Así que pagué lo que me pidieron y no tuvieron más que darme mis pasajes.
Esa noche dormí en el aeropuerto de Santiago hasta que se hiciera la hora de abordar el avión. Una vez abordo y ya pasadas un par de horas, aterrizamos en Río Gallegos. Paradójicamente, Argentina tiene el puente aéreo prohibido hacia las Islas, pero los boeing de Lan no tienen un tanque de combustible lo suficientemente grande como para abastecer a la nave en todo el trayecto, por lo que obligatoriamente paran en Río Gallegos a cargar lo que les falta para poder seguir hacia Puerto Argentino, o Puerto Stanley, como actualmente lo llaman, aunque todos sepamos que su nombre siempre va a ser Puerto Argentino. Cuando estábamos en Gallegos, la azafata se me acercó y me preguntó si era la pasajera argentina, le contesté afirmativamente presintiendo que tal vez me pusieran alguna traba más para llegar al lugar, pero no, la asistente sólo se limitó a informarme que por cuestiones de seguridad la Embajada de Gran Bretaña dictaminó que no podría hospedarme en una hostería común sino que estaría bajo custodia británica y que la misma me estaría esperando en la zona de arribos del aeropuerto.
Tal como me lo habían notificado había dos oficiales aguardando mi arribo, el Tte. de Paracaidistas Justin Libstone, oriundo de Berkshire(Inglaterra) y recién llegado a su puesto desde Afganistán, y el Tte. de los Royal Marines Mark Boghart. De inmediato cargaron mi equipaje en una van verde que utilizan en sus unidades y me llevaron al que sería mi gran hotel spa 5 estrellas… La base de los Royal Marines en Moody Brook, nada más y nada menos que la emblemática base que tomáramos aquel 2 de abril de 1982… Las coincidencias empezaban a aparecer asombrosamente en mi historia.

El plan de viaje

Mi principal motivo para estar allí era rendir homenaje a mi gente, aquella gente que nunca conocí y que tampoco me conoció ni supo de mi existencia y con la cual nada nos unía a simple vista, pero si nos hermanaban los colores de una misma bandera, el amor a una misma patria, la esperanza por un ideal, el dolor de una derrota y la paz del deber cumplido sin importar los resultados. Yo quería recorrer todos y cada uno de esos lugares donde los hombres de mi patria, tal como lo hicieran durante la gesta libertadora, combatieron con alma y vida por su tierra y por sus derechos, tal como en aquel entonces en total desigualdad de condiciones, contra un enemigo mayor en número, en experiencia, en adiestramiento, en tecnología y en armamento. Y ahí estuvieron ellos, con lo poquito que tuvieran, con lo poco o mucho que supieran, dando todo de sí por todos los que en ese momento estábamos de este lado del continente, la mayoría indiferentes a la causa y por todos aquellos que estuvieran por venir, para que les sirviera de ejemplo, para que el pueblo aprendiera a valorar su patria sin importar si se ganaba o se perdía, lo importante de ese ejemplo era que aun sabiendo que se peleaba contra un gigante, Argentina se ponía de pie para defender lo que le correspondía, pero claro, hoy eso no se tiene en cuenta, es preferible hablar de Malvinas como una masacre, el genocidio final de la terrorífica dictadura militar, esa historia contada a medias y sobrepasada de mentiras que todo un pueblo prefiere creer. El primer día de mi viaje seria destinado a recorrer los montes Kent, Dos Hermanas, Tableton, Longdon y Tumbledown. Sin lugar a dudas los lugares más ensangrentados por la gesta.
En el monte Longdon yo debía cumplir una promesa que había hecho a los veteranos de guerra de mi ciudad, iba a llevar un par de rosarios a la cruz que estaba en la cima, pero en las mismas condiciones en las que hubieran estado ellos en el 82. Después de una larga discusión con los oficiales británicos por no querer ponerme el equipo de Gore-tex provisto finalmente pude empezar a subir. Eran12 kms., cuesta arriba, el viento superaba los 80 kms. p/h, la temperatura -2°C y lloviznaba. La ropa mojada y el viento helado eran insoportables, era un dolor inimaginable. Llego un momento en que ya no podía moverme, tenía entumecido el cuerpo y ya no sentía las extremidades, pero aun así llegue a la cima y cumplí con lo prometido. Al bajar no puede hacer mas que unos cuantos metros, la hipotermia me superó y la fiebre había llegado a los 40°C, empecé a sentirme mareada y por ultimo me desmayé, por lo que el oficial Libstone tuvo que cargarme hasta la van para posteriormente trasladarme a la base. Una vez allí me hospitalizaron ahí mismo y me pusieron vaya Dios a saber que fármaco mágico en ese suero pero lo cierto es que a la hora estaba como nueva.
Al otro día, salimos hacia los campos minados de Fitz Roy, solo hay algunas zonas señalizadas, pero la mayoría no lo están, por lo que es una zona extremadamente peligrosa. Después de haber estado allí seguimos nuestro viaje hacia Goose Green, demás esta decir que todo el lugar parece una escena en pausa a la cual sólo le falta la gente, nada en las islas se movió de su lugar, todo quedo intacto y si se movió, solo lo hizo el viento. Las imágenes son desgarradoras, cañones, esquirlas, hasta cartas y estampitas, todo esta ahí como en un sueño latente. Pasando Goose Green nos encontramos con el camino que nos llevaba directo al cementerio de Darwin, a pocos metros un cartel blanco indica ARGENTINA CEMETERY, no puedo expresar con palabras la tristeza que causa el solo ver ese cartel.
Cuando llegamos al cementerio me encontré con la desagradable sorpresa de que un contingente de turistas chilenos estaba allí, sacándose fotos en las tumbas como si fueran un personaje de Disney, se me revolvió el estómago de solo verlos, inmediatamente le pedí a Libstone que por favor los hiciera retirarse del lugar cuando yo estuviera allí.
El marine, como siempre, se opuso alegando que sólo eran turistas y que tenían tanto derecho como yo de estar allí, a lo que me limite a contestar: “¡Esto no es un shopping! ¡Esos son MIS muertos!” Listone interrumpió la discusión entre el marine y yo y aceptó mi pedido procediendo a retirar al contingente del lugar, quienes se quedaron detrás del cerco observando todo. Volví a la van, busqué mi mochila y de allí saqué una bolsa llena de pins idénticos al de los veteranos de guerra, 649 pins, uno por cada cruz, uno por cada uno de ellos los cuales no tuvieron la oportunidad de volver para que se los condecorara, aquellos que habían dado su vida para que esa condecoración hoy tuviera sentido.
Nuevamente el marine irrumpió oponiéndose, me quitó la bolsa de las manos, me dijo que el reglamento prohibía los colores celeste y blanco sobre suelo isleño, a lo que sutilmente le respondí “intente cambiarle los colores al cielo Tte., y dígale a Dios que el reglamento no lo permite”.
Se enfureció de tal manera, me insultó con todos los agravios de su pobre vocabulario, pero otra vez, como siempre, salió Libstone en mi defensa, preguntó que sucedía, él le contó su versión de los hechos, yo sólo me limité a apelar a su lógica pero por sobre todo a su corazón: -”Tte., sepa Ud. que conozco perfectamente el reglamento y que no es mi intención ponerlo en compromisos, pero con una mano en el corazón dígame a quién ofendo colocando estos pins en las cruces? Ud. es un hombre de armas, lleva años peleando, y seguramente ha visto morir a muchos de sus camaradas, no es acaso mayor falta de respeto el no permitirle a un caído en combate, a alguien que ha dejado su alma peleando por su patria, tener consigo la bandera por la cual murió?-.
Se hizo un gran silencio, Libstone dudaba entre lo que debía hacer y lo que la realidad que yo cruelmente le había mostrado, finalmente asintió, y no solo eso, sino que fue él quien me ayudó a poner los pins en las cruces, una por una y ante la vista de todos. Cuando terminamos, volví a la van y bajé un grabador chico que tenían ellos en la base, había llevado un cd de la fanfarria Alto Perú, con el himno grabado. Fui directo hacia la cruz que preside el cementerio y puse a sus pies el grabador, y ahí comenzó a sonar esa introducción majestuosa y hasta omnipotente de nuestro Himno Nacional, haciéndose oír con la más hermosa supremacía, frente a todos, chilenos, británicos y cubriendo de gloria todas esas cruces blancas que hasta ese día sólo habían sido acompañadas por la voz del viento y los acordes del silencio de la más absoluta soledad del lugar.
Ahí, sólo ahí, presté verdadera atención a lo que nuestro Himno decía, cada una de sus palabras parecía justa para cada momento. La emoción me embargó por completo, el llanto casi ni me dejaba cantar, llegada la ultima estrofa, comprendí que justamente eso fue lo que nunca hicimos, comprender, si por un segundo nos detuviéramos a analizar esas palabras que tantas veces cantamos por inercia tendríamos la respuesta mas noble a la eterna y absurda pregunta popular. “¿Por qué tuvimos que pelear en Malvinas?”. ¿Intereses políticos? tal vez. ¿Demagogia militar? tal vez.
Pero la verdadera respuesta estaba ahí: -”¡Sean eternos los laureles que supimos conseguir! Coronados de gloria vivamos… O juremos con gloria morir”, y claro que así fue, murieron con la mayor de las glorias, murieron por su patria, por su gente, por su bandera, pelearon y murieron en Malvinas por la sencilla razón de ser ARGENTINOS. Libstone no podía creer lo que veía, de hecho, no lo podía entender, en su mentalidad estricta y su corazón cegado no cabía la idea de que alguien sin relación alguna con esas cruces pudiera llorar hasta el ahogo por esa causa.
Se me acercó y con total frialdad intentó consolarme diciéndome “Don´t cry, it´s just war”- (no llores, es solo una guerra)-. Lo miré anonadada, y le respondí: “No es sólo una guerra, son personas, como Ud., como yo, con un padre, una madre, una esposa y hasta tal vez hijos, hijos sin la oportunidad de tener a su padre, padres sin la oportunidad de volver a ver a sus hijos y ni siquiera poder tener una tumba donde llevar una flor… eso es!”. Automáticamente bajó la vista, como avergonzado y no volvió a hablar.
Ya de vuelta en Puerto Argentino, le pedí que me llevara a una capillita a la cual asistían los veteranos durante la guerra para recibir la misa, la única capilla católica del lugar ya que en su mayoría son todos anglicanos. Libstone me llevo hasta allí. Una vez dentro vino a recibirnos el Padre William O´Connelly, un sacerdote católico de Irlanda del Sur, de unos 80 años, el mismo que había estado ofreciendo el santo sacramento en aquella oportunidad durante el 82. Nos hizo pasar a la sacristía y nos ofreció el típico te ingles earl grey, pero Libstone no aceptó y sólo se limitó a quedarse parado en la puerta observando y escuchando la conversación. Advertí al Padre que conocía los reglamentos y que no era mi intención causarle problemas, pero que aun conociendo las prohibiciones había llevado conmigo una bandera de ceremonia argentina y que mi intención era ofrecer una misa por las almas de los caídos en combate argentinos y que la misma fuera bendecida durante la ceremonia. De este modo seria la única bandera nacional bendecida en suelo malvinense. El Padre aceptó sin vacilar, por el contrario, manifestó estar orgulloso de poder hacerlo y que la bendición de Dios no se le niega a nadie, fuera cual fuera su nacionalidad. Durante la charla empezó a contar todo lo que había vivido en aquel entonces, la capilla era victima del continuo bombardeo británico, fue prácticamente destruida y se la utilizaba como hospital de campaña improvisado.-”Vi a hombres llorar como chicos y a chicos pelear como hombres, pero por sobre todas las cosas fui testigo de un valor admirable”, comentó.
Libstone, ajeno a la conversación, escuchaba con gran atención. Cuando salimos del lugar me sugirió la idea de invitar a la población de Puerto Argentino y lo único que atiné a hacer fue a reírme, le dije que en la mentalidad del isleño los argentinos eran locos invasores y que nadie iba a querer ir, que era ridículo. Sin embargo insistió, por lo que terminé aceptando su idea y lo dejé a cargo pero sin ninguna esperanza de que eso funcionara.
Al otro día, después de haber recorrido la Gran Malvinas y de haberme enterado que estaba bajo bandera chilena, como premio por su gran apoyo a Inglaterra en la guerra, salimos de la base hacia Puerto Argentino para oficiar la misa, para mi total sorpresa la capilla estaba llena de gente y en su mayoría habían llevado ofrendas florales. No podía salir de mi asombro ni tampoco podía contener las lágrimas. Libstone se acercó y orgulloso de su logro me preguntó: -”¿No estás contenta? Vino mucha gente”, a lo que le respondí que obviamente estaba feliz por lo que veía, que nunca había pensado que los isleños pudieran algún día llegar a asistir a un homenaje a caídos argentinos, pero que lo que me entristecía era que si eso mismo lo hubiera hecho en cualquier parte del país, la respuesta hubiera sido muy distinta”. Ahí el que no entendió nada fue él, pero bueno, eso era algo muy difícil de explicar. La misa se llevó a cabo, la bandera fue bendecida mientras en el órgano se entonaba el “Salve Argentina” con las partituras que yo misma había llevado. Terminada la ceremonia, recibí las ofrendas florales y nos dispusimos a retirarnos a la base. Puse las flores en los brazos de Libstone y le dije que las guardara que al día siguiente las llevaríamos a San Carlos. Entonces me preguntó por qué habríamos de llevarlas allá, le dije que quería llevarlas al cementerio inglés, se quedo mirándome sin saber qué decir y solo preguntó: -”por qué vas a llevarle flores a ellos, mataron a tu gente”. “Y mi gente los mató a ellos”, le contesté, en una guerra se pierden vidas de ambos bandos, pero todos son personas comunes y corrientes, a veces sin saber siquiera la causa por la que se pelea, pero lo más importante es que más allá de cualquier bandera, creencia, religión, ideología política, todos se merecen una flor o un padre nuestro”. No me dijo nada, se le llenaron los ojos de lágrimas y disimulando me dio un beso en la mano, como quien da las gracias.
Efectivamente al otro día fuimos a San Carlos a llevar las flores, cuando terminé de colocarlas lo tomé de la mano y le sonreí, él estaba como consternado, cuando lo iba a soltar, me volvió a sujetar la mano, me miró a los ojos y me dijo: -”En los 4 meses que llevo aquí nunca se me ocurrió siquiera pisar este lugar, y vos les trajiste flores… Desde que llegaste, todo lo que creí que sabia a la perfección se me desmoronó, me di cuenta de que no sabía nada… de la vida… no sabía nada. Hice de la guerra mi modo de vida, peleo desde que tenia 12 años, no conozco otra forma de vida que no sea ésta, pero nunca vi el lado humano de la guerra, para mí sólo era un trabajo y para mi pueblo un nombre más en una placa si algún día me llego a morir pero nada más que eso. Nunca supe lo que es pelear por defender mi bandera, yo siempre fui el que atacó, recién con vos aprendí eso. Lo verdaderamente triste es que yo soy consciente de que nunca voy a tener a nadie que llore por mí de la forma en la que vos lo hiciste, ni mucho menos que haga todo lo que vos hiciste aun sin siquiera conocerme, ese es un privilegio que al parecer sólo tienen ustedes. También me di cuenta de lo solitaria que es y va a seguir siendo mi vida, porque yo sé que de acá voy a ir directo a algún otro lugar a pelear y que clase de vida podría ofrecerle a una mujer o a mis futuros hijos, un padre ausente o en el peor de los casos un padre muerto, no, sería muy egoísta de mi parte tener una familia, yo elegí esto y debo afrontarlo solo”.
¡Me dio tanta pena oír todo eso! Lo vi tan triste, a ese que creía tan profesional e insensible, pero si había algo bien claro era que ese viaje nos había servido a los dos para ver la vida de una forma muy distinta.
Al día siguiente Libstone me llevó el desayuno a la habitación, nos habíamos hecho muy buenos amigos. Ahí fue cuando me comunicó que había pronóstico de temporal para el otro día y que por la probabilidad de que se cerrara el aeropuerto y se me venciera la Visa. Debí volver un día antes.
Esa tarde fuimos a un lugar cercano al camino que unía el antiguo aeropuerto de Mount Pleasant con Puerto Argentino, allí estaban apostadas la mayoría de las unidades argentinas de infantería y artillería de defensa aérea, los pozos al igual que todo el resto del lugar estaban intactos, frente a esa imagen se encontraba el mar, con esas playas de arenas blancas, esas aguas transparentes y turquesas paradisíacas y pingüinos por doquier.
 Al lado de uno de ellos, sobre un puentecito roto me senté a mirar el mar, era mi despedida del lugar. Libstone me observó algo triste, me pidió permiso para sentarse a mi lado y como queriendo levantarme el ánimo me comentó: -”Cuando no estoy del todo bien, trato de recordar cosas bonitas o de aferrarme a algo muy mío, de esa manera se me pasa”.
Le sonreí agradecida por su intento de alegrarme un poco y le respondí que por más que el lugar fuera hermosísimo, a mí se me hacía muy difícil pensar en algo lindo en ese lugar y que no tenia nada mío para aferrarme allí”, a lo que él tomó un puñado de turba con su mano, abrió la mía, puso la turba en mi mano y me hizo cerrarla diciéndome: “Eso es tuyo, o no es la razón por la que estas acá?”. No hicieron falta más palabras, por fin estábamos hablando el mismo idioma.
Se hacia tarde, ya era hora de volver a armar el equipaje para regresar a Buenos Aires, así que emprendimos la vuelta a la base, pero de pronto, algo me detuvo, nunca supe bien qué, pero algo me decía que debía hacer algo antes de irme.

El casco, un casco

De los centenares de pozos que había en el camino sólo me detuve frente a uno, era ése, no otro. Después de discutir con Libstone logré que me dejara entrar, buscaba entre el barro no sabía qué, pero buscaba sin parar.
 Y lo encontré, encontré un casco todo embarrado y tras un trato con Libstone y su incondicional amabilidad, aun jugándose su carrera, me permitió llevármelo a la base, por supuesto sin que nadie lo supiera, nos encerramos en el baño, lavamos el casco y en su interior, en el endocasco, tenía grabado a cuchillo o vaya Dios a saber con qué elemento punzante, el nombre del soldado al cual había pertenecido y durante 24 años había estado ahí abajo esperando a su dueño inútilmente.
Llamé a Buenos Aires, en el casco también figuraba el nombre de su unidad, me dijeron que figuraba en la lista de caídos en combate. El casco llegó a Buenos Aires en abril del 2006, gracias a Libstone.
Ricardo Mario Gurrieri murió a los 19 años de edad, un 25 de mayo al mediodía, el día de la Patria, al ser alcanzado por una esquirla de una mina de 500 libras con espoleta a retardo. En sus cartas manifestaba estar orgulloso y feliz de estar allá, defendiendo su tierra, su bandera. La ultima carta la escribió una hora antes de morir, su post data decía: -”Mamy no te preocupes por mí, yo voy a estar bien y te prometo que pase lo que pase, algún día, de algún modo voy a volver”.
El casco hoy está sobre su cama, en su casa, con su mamá.
Ricardo Gurrieri padre fue veterano de de la segunda guerra mundial bajo las órdenes de Rommel. Estuvo como prisionero de guerra en manos británicas, soportó todo tipo de torturas y 5 simulacros de fusilamiento. Cuando la guerra culminó vino a la Argentina, como tantos otros inmigrantes, en busca de un hogar en paz para poder formar su familia y nunca más tener que pasar por el horror de la guerra. Paradójicamente el destino quiso que la guerra se llevara a su hijo menor, a manos del mismo enemigo que él burlara 43 años atrás.
Escribió un libro contando su historia llamado “Del Africa a las Malvinas”. Construyó de su bolsillo el monumento a los caídos en Malvinas de la ciudad de Mar del Plata y una vez inaugurado falleció.
Tras tres años de burocracia y perseverancia desde el día de mi vuelta de las islas, logré que el gobierno volviera a subvencionar los viajes a Malvinas para los familiares de nuestros héroes, y que el gobierno autónomo de las islas otorgara un permiso especial para que en el año 2007 el rompehielos ARA Almirante Irízar pudiera ingresar al territorio marítimo isleño para poder retirar de Puerto Argentino muchos de los resabios de guerra que allí se encuentran, con el objeto de repatriarlos y que fueran expuestos en Buenos Aires, pero tal logro fue tomado con total y absoluta indiferencia por el Almirante Godoy, Jefe de Estado Mayor de la Armada, quien se negó a dar la orden al rompehielos para que se desviara a las islas Malvinas durante su vuelta de la campaña antártica.
Hoy, ya cumplida mi misión de poder ayudar a los familiares de los caídos en la gesta para que pudieran viajar a visitar sus tumbas, sólo me resta seguir difundiendo la verdad sobre nuestra historia, y que esta parte tan importante de nuestra historia contemporánea no siga siendo pisoteada por ideologías erradas, que no sólo no son constructivas para la nación, sino que hacen de un acto netamente heroico y necesario un hecho aberrante, el cual en vez de inspirar orgullo sólo inspira lástima y siembra rencores.
Malvinas no fue una locura que se le ocurrió una noche a un loco borracho, Malvinas fue, es y será siempre una causa justa, la cual fue defendida de la manera más extraordinaria y admirable. Decir lo contrario es faltarle el respeto a las 649 almas que quedaron allí en pos de esa causa justa.
Un pueblo sin memoria está condenado a repetir su misma historia, y si esa memoria no está completa o esta tergiversada entonces ese pueblo sólo va a generar herederos del odio, generación tras generación.


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Veronika Sheehan
(foto)

Licenciada en Historia Militar
Analista de Política Exterior y Magister en Defensa y Derecho Internacional
Encabeza las causas de La Tablada y Malvinas.
http://www.facebook.com/pages/Nuestra-Historia/108877325841670

Nuestra Historia es un espacio dedicado a dar a conocer la verdadera historia argentina, todos sus secretos, todas sus mentiras y sus grandes verdades. El conocimiento de la historia es esencial para que el pueblo crezca, para aprender de los errores e imitar los grandes actos de valor y heroísmo. El reconocimiento a nuestros HEROES es de vital importancia para crecer como sociedad. Detrás de todo prócer, de todo héroe y de todo hecho histórico siempre han habido simples seres humanos que creyeron firmemente en un “si se quiere se puede” y lo demostraron con alma, vida, sangre, sacrificio y ejemplo; y el ejemplo no es algo que se deba venerar sino reconocer e imitar, es fundamental “que el hombre sepa…que el hombre puede” (lic. Veronika Sheehan)

[Texto de Franco Agostinelli Nicoletti y La lista Angeles Arcabuceros]





















Las lecciones de Malvinas desde el punto de vista de la logística

En los primeros días de octubre de 2008 entrevisté al coronel Dardo Forti, autor del libro "Hasta el último día" quien había llegado a nuestra ciudad invitado por el Taller Literario de Junín dirigido por Roberto Cánepa Leiva -en esos días celebrabra los treinta años de fundación de la organización cultural- quien desarrolló una charla en el auditorio del Sindicato Empleados de Comercio.
El militar -quien sigue en servicio activo- revistaba como subteniente en el momento de la contienda bélica de 1982, en el regimiento 3 de "La Tablada".

El libro narra una experiencia sobre la logística y el regimiento del regimiento al cual pertenecía Forti con algo más de mil soldados que pudieron sostener su capacidad de combate gracias a los esfuerzos de quienes fueron responsables.

Las dificultades
de la guerra

Durante la entrevista, Forti recordó que su tarea durante la guerra fue atender todo lo relativo a lo logístico, es decir, alimentación, agua, equipo, vestuario, etc. para mil hombres del regimiento 3 que estaba distribuido en diez kilómetros de suelo malvinense, teniendo bajo su mando directo a treinta soldados y cinco suboficiales.
El actual coronel sostuvo que la tarea fue muy difícil. “Había que atender a mil hombres distribuidos en diez kilómetros, con frío, con situaciones diferentes todos los días. Llegar con la comida era muy complicado y a veces llegaba fría debido a las distancias, a las inclemencias del suelo y del tiempo, con muchos lugares inaccesibles para los vehículos y los soldados debían caminar con los recipientes mil o mil quinientos metros, en cilindros de acero inoxidable, algunos sin tapa”.
Mencionó que también sufrieron complicaciones con el suministro de agua, debido a la poca presión de las cañerías que estaban preparadas para 1.500 pobladores de Puerto Argentino.
“Llenar un carro aguatero para que el soldado tomara agua, llevaba más de dos horas. Todo eso es un sacrificio enorme, en desmedro de otras tareas”, dijo.
Forti expresó que “los ingleses también tuvieron complicaciones ya que ellos tenían raciones que debían ser hidratadas y demandaban tanta agua que debían estar conectados a una manguera”.
“Fue una situación muy difícil, porque cuando la logística no sale bien, lo sufre en forma directa el soldado que está en primera línea. En mi libro trato de mostrar todo lo que tuvo que pelear el soldado argentino, además del enemigo inglés en ese momento. Debió luchar con la comida que llegaba fría, con el vestuario que a lo mejor no era el adecuado, con el calzado que se mojaba, con un “pozo de zorro”, con el clima de Malvinas ya que en más de una oportunidad ni el sol era nuestro amigo porque llovía cinco o seis veces por día, con un viento insoportable, sumado al bombardeo constante de los ingleses. Todo eso va desgastando”.
“Trato de contar en este libro el heroísmo del soldado argentino junto a su creatividad. Lo que han hecho esos hombres con ganas y entusiasmo es increíble”, remarcó.
El soldado se tuvo que acostumbrar en Malvinas a comer a las 9 de la mañana y a las 5 de la tarde, sin desa-yunar, sin pan.
El militar sostuvo que “Malvinas me dejó la amistad de los soldados que trabajaron conmigo, inclusive soy padrino de casamiento de uno. El otro aspecto que me dejó fue poder transmitir la experiencia y las lecciones que nos dejó Malvinas para que no volvamos a cometer los mismos errores”.

Actualidad

Para Forti el Ejército Argentino está cambiando. “Hay un antes y un después de Malvinas. Se van logrando cambios en la medida que alcanza el presupuesto. Cien por ciento ha cambiado. Fueron mejorados los equipos, se está trabajando en carpas, con nuevas raciones diarias. Puso como ejemplo que actualmente existen cocinas del primer mundo y las mismas han sido utilizadas en tareas comunitarias que desarrolla el arma como la asistencia a inundados en la provincia de Santa Fe, entregando más de mil raciones por día “con todo el apoyo logístico y las lecciones aprendidas”, enfatizó.

Malvinas, 30 años:Desde lo heroico

Por Dardo Forti
(Publicado en el diario La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos, el jueves 29 de marzo de 2012. ver link)

Como jefe de la Sección Intendencia del RI Mec. 3 General Belgrano me tocó coordinar la logística para asegurar la alimentación y bienestar de los mil hombres que teníamos en Puerto Argentino. Nos sentimos orgullosos del trabajo que hicimos, de haber hecho con lo posible, lo imposible. Le pido vea esta historia desde otra perspectiva, desde las cosas que salieron bien y no desde la tristeza o el rencor que dejó la guerra, menos aún desde la crítica despiadada, que de ninguna manera podrá empañar la dedicación, el esfuerzo, la actitud de servicio, el trabajo en equipo, y el entusiasmo de nuestros soldados
Escribe Dardo Forti

arancho 1
HEREDIA Y ROMERO, DOS DE LOS SOLDADOS DE LOGISTICA QUE SE OFRECIERON PARA ACOMPAÑAR CON COMIDA Y AGUA A LA COMPAÑIA DE INFANTERIA QUE FUE AL MONTE TUMBLEDOWN, DONDE SE ESTABAN DANDO LOS MAS DUROS COMBATES, A FRENAR EL AVANCE INGLES

Nuestras cocinas rodantes no podían transitar a campo traviesa, y era necesario que el soldado se acercase con su cilindro de acero inoxidable y retirara la comida para todo su grupo. Debía caminar hasta más de 2000 metros en un ambiente geográfico como el de Malvinas, con lluvia, viento y frío, para alimentar a sus compañeros
(oasis)


Le propongo que transitemos este año desde el reconocimiento, ensayando una frase simple quizá, pero sentida, "¿Estuviste en Malvinas? Te felicito".
Sólo con esto usted alimenta el "orgullo" del Soldado "Veterano de Guerra" que es sin duda el capital más importante que posee y que nadie, nadie, se lo podrá arrebatar
(oasis)

Hoy 30 años después de Malvinas, cada vez que hablo frente a un auditorio o escribo algún artículo periodístico, siento la profunda necesidad de transmitir dos aspectos que para los que trabajamos en logística durante la guerra -soldados, suboficiales y oficiales- nos es realmente significativo.
El primero, es que cada vez que tratamos el tema Malvinas lo hacemos desde la esperanza, desde la posibilidad de poner algo de luz en este tema, que aún hoy continúa en penumbras, y nunca lo hacemos desde la resignación.
En segundo lugar, nos sentimos orgullosos del trabajo que hicimos, orgullosos de haber hecho con lo posible, lo imposible. Y lo logramos. Claro que no con la excelencia que exigía la situación, pero cumplimos. Por eso estamos orgullosos, no engreídos, y le ruego al lector que aprecie la diferencia.
Claro que fue una tarea difícil, alimentar a 1000 hombres distribuidos en 10 kilómetros no fue una tarea fácil, tampoco lo es hoy en la tranquila vida de un regimiento, entonces, ¿se imagina en Malvinas?
Podrá usted sólo por un instante trasladar su imaginación hasta aquellas no tan lejanas tierras, donde la turba era el combustible para las viviendas, donde la "brisa diaria" superaba los 40 kilómetros por hora, donde llovía cinco veces por día, donde hasta el sol parecía jugarnos en contra y el agua -que aunque a usted que no conoce las islas le parezca una ironía- se negaba a salir de las pocas canillas kelpers que había disponibles, donde aquel mismo sol que tenía poco trabajo se acostaba muy temprano y la noche, la insoportable noche de Malvinas, se hacía aún más insoportable, donde recién con los primeros rayos de sol y después de romper la infaltable escarcha del techo de cada pozo de zorro, recién ahí parecía comenzar la vida.
Se imagina usted, una fría mañana de otoño con un pobre, muy pobre desayuno en el estómago, que además cada uno debía prepararse... Se imagina un almuerzo a las diez de la mañana con una sopa "fuerte" que auspiciaba de plato principal, para luego esperar hasta las cinco de la tarde para la cena, donde ahí si la porción de guiso de lentejas o fideos le agregaba algo más de calorías al soldado...
Comer sin pan fue otra de las grandes deficiencias logísticas, el poco pan que tuvimos duró una semana, al principio lo reemplazamos por galletitas Criollitas, pero éstas tampoco duraron demasiado tiempo. Sin pan y sin carne, aunque a veces aparecían en la olla algunos pedazos de cordero, no era casualmente el menú más adecuado.
Si logra visualizar este panorama, seguramente podrá coincidir conmigo: Malvinas fue una verdadera gesta y los "chicos de la guerra" lejos de serlo, fueron soldados que soportaron estoicamente las inclemencias de las islas y pelearon hasta agotar sus energías y municiones. Y por favor, no es necesario que me crea, sólo hace falta leer alguna bibliografía inglesa y descubrirá la bravura de nuestros hombres.
La logística pretende acompañar al soldado para que nada le falte, comida, agua, calzado, remedios, munición, baño y algunos rubros para su bienestar (cigarrillos, chocolates, etc.) y todo aquello que puede necesitar para cumplir con su tarea. Claro que Malvinas nos presentó una realidad bastante diferente, bastante cruel.
Es importante destacar que no todos padecieron las mismas penurias, algunos más, otros no tanto. Aquí cuento lo que nos tocó vivir a nosotros, soldados, suboficiales y oficiales del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano; lo que cada día de la guerra nos fue enseñando y lo que hicimos para sobrevivir y más aún, para mantener nuestro entusiasmo y trabajar, en algunos casos, las 24 horas.
Como siempre ocurre con el tiempo transcurrido, haciendo que la historia vaya alimentando mitos, nos obliga a habilitar la memoria y poder escudriñar así aquellos días y darnos cuenta que eran eso, "sólo mitos".
Por eso a nosotros nos resulta reconfortante contar y escribir la historia desde la experiencia directa de la guerra, desde el papel de protagonista que sin duda da por el piso cualquier historia fantástica que aún hoy se continúa tejiendo.
Hoy, si me permite, quiero confirmarle que para las tropas inglesas, no fue un paseo, sufrieron tanto como nosotros. Los libros ingleses lo confirman. Y si no es adicto a la lectura, bastará con que vea la película "La dama de hierro", en los 10 minutos que dura Malvinas en el filme, usted podrá comprender el verdadero dolor que produce la guerra.
Basta con observar la cantidad de muertos y heridos, los hombres con "pie de trinchera", las peleas por encontrar un calzado argentino y poder desprenderse de las botas de combate que no eran las adecuadas para Malvinas, con este panorama, le puedo confirmar y sin temor a equivocarme que los soldados ingleses no la pasaron bien. Y peor aún, tampoco hoy la están pasando bien, a juzgar por la cantidad de suicidios que provocó la posguerra (según un informe publicado en el diario La Nación, superan los 350 casos).
Lamentablemente también a nosotros nos llegó este flagelo de la guerra, más de 400 hombres perdieron la vida, después del 14 de junio, según el último dato vertido desde el mismo Gobierno.

¿Qué nos espera?
En todos los auditorios que he recorrido, desde Misiones hasta Río Gallegos, me preguntaron lo mismo: ¿Es verdad que la comida llegaba fría?
Señora, señor, nosotros estuvimos ahí y esto que va a leer no me lo contó nadie, lo vivimos en carne propia. ¿Quiere saber la respuesta?
¡Sí! Es verdad, en muchos casos la comida llegaba fría.
Ahora les ruego, pregúntenme, ¿por qué?
Entonces puedo contarle cómo organizamos en nuestro Regimiento 3 el racionamiento de nuestros soldados y cuadros. Recuerde que teníamos que alimentar a 1000 hombres en un frente de 10 kilómetros que daba al mar, así que ante este panorama nos vimos obligados a tomar una decisión que nos parecía la más adecuada, a la hora de distribuir la comida.
Las tropas que estaban cerca del Rancho (lugar donde se prepara el racionamiento) venían caminando hasta el lugar y retiraban su ración, algunos de manera individual y otros por equipos, el resto del Regimiento, unos 400 hombres que habían ocupado posiciones a más de tres kilómetros de Puerto Argentino, eran abastecidos por nosotros con un camión que trasladaba una cocina rodante. Este sector del Regimiento fue quien más sufrió la escasez de medios.
Nuestras cocinas rodantes, sólo podrían transitar por el camino y no a campo traviesa, y era necesario que el soldado se acercase con su cilindro de acero inoxidable y retirara la cantidad de raciones para todo su grupo. Desde ahí caminaba en algunos casos más de 2000 metros hasta llegar a las posiciones donde ansiosos esperaban sus compañeros, en un ambiente geográfico como el de Malvinas, con lluvia, viento y frío.
Se podrá imaginar que era casi imposible que la comida pudiera llegar caliente.
Logística es un área muy sensible y afecta rápidamente la moral del soldado cuando las cosas no salen como uno las planifica. Y Malvinas demostró, una vez más, que esta área es un engranaje importante dentro de la maquinaria militar.
Tuvimos muchos problemas logísticos, es verdad, pero en nuestro caso, los fuimos solucionando con creatividad, con sentido común, y lo logramos, claro que no con la calidad que exigían las circunstancias.
Este panorama que le estoy presentando, lejos de pretender ser la historia de un gran fracaso, quiero pedirle que se anime a verlo de una manera diferente, como la historia de un gran éxito, porque mis 30 soldados, cuatro suboficiales y yo lo vimos así y le ruego aquí una cuota de indulgencia en estos párrafos.
Porque cuando no había agua, el soldado Lievana siempre encontraba una canilla en Puerto Argentino, aunque las agujas del reloj marcaran las dos de la mañana. Usted sabe muy bien que sin agua, nada es posible, menos aún preparar comida para 1000 hombres.
Porque cuando nos quedamos sin leña y después sin "maderitas" de las que habían adornado las prolijas cercas de los kelpers, el soldado Olate, hacía fuego con tierra. Si, leyó bien, fuego con tierra.
Olate se levantaba a las dos de la mañana para comenzar el fuego, para lograr hervir el agua y tener una rica sopa "fuerte" a las nueve de la mañana, para eso, su faraónica obra consistía en empapar cada trozo de tierra (turba) en gasoil y ponerlas debajo de las ollas, para luego encenderlas.
Esa turba daba un fuego, que no era el fuego que queríamos, pero era lo único que había.
Porque el entusiasmo que había en nuestro equipo de trabajo era contagioso quizás por la personalidad del soldado Albornoz, o el soldado Salomón, que se sumaban al esfuerzo y espíritu que cada suboficial, a su manera sabía transmitir.
Nuestro equipo de trabajo cocinó "hasta el último día", como lo recuerdo en aquel campo de prisioneros en el aeropuerto de Puerto Argentino, los soldados ingleses y algunos periodistas se acercaban a ver nuestra humeante cocina rodante preparando una comida. Cocinamos hasta cuando no teníamos los medios, como nos pasó cuando recién pisamos emocionados nuestras islas Malvinas.
Algo salió mal en la planificación, pero hoy no es momento de crítica, esto ya lo hicimos en la esperanza de corregirlo, hoy es saludable y hasta epopéyico que usted sepa que 1000 hombres embarcamos en avión en El Palomar y que después de una escala en Río Gallegos, aterrizamos en la turba malvinense, mientras que toda nuestra logística todavía estaba en Buenos Aires en el buque Formosa, que recién llegó a Puerto Argentino una semana después que nosotros.
Improvisamos cocinas con tambores de 200 litros de gasoil, que previamente tuvimos que limpiar, y que para nada fue una tarea sencilla, y así pudimos limitadamente cumplir con la misión.
Hace dos años dando una conferencia en La Pampa, donde había más de 40 veteranos de guerra de nuestro regimiento, escuchaban sorprendidos estas peripecias gastronómicas, lo emocionante fue recibir su abrazo y su reconocimiento por el esfuerzo extra que diariamente hacíamos.
Es por eso que le pido vea esta historia desde otra perspectiva, desde las cosas que salieron bien, y en algunos casos, por qué no, muy bien, y no desde la tristeza que dejó la guerra, o desde el rencor, o menos aún desde la crítica despiadada, que de ninguna manera podrá empañar la dedicación, el esfuerzo, la actitud de servicio, el trabajo en equipo, y el entusiasmo de un equipo de soldados que vivieron la única experiencia de guerra convencional del siglo XX, lejos de la paz de un cuartel, de sus afectos y peor aún, soportando la natural hostilidad de las Islas.
Si a pesar de ello no lo logré, le pido el último esfuerzo, lea esta anécdota que como muchas otras ocurrió durante la guerra, y confirma lo que hoy, 30 años después resulta indiscutible, el valor de nuestros soldados.
A pesar que nuestro trabajo no da héroes a la Patria, porque no está en la primera línea donde se da el fragor del combate, también tenemos hechos heroicos, dignos del más significativo reconocimiento y confirma una vez más el potencial desestabilizante que tuvo el recurso humano. Con sólo recordar lo que me tocó vivir aquella tarde del 12 de junio de 1982, se me pone la piel de gallina, cuando el jefe de Regimiento, el teniente coronel Comini, me ordena preparar un grupo de hombres para que acompañen con comida y agua a una parte de la Compañía de Infantería A que salía a frenar el avance inglés.
Tenía que designar tres soldados y un suboficial, al principio me pareció una tarea simple pero mientras caminaba hacia la reunión con mis soldados, pensé ¿y a quién elijo? Van a la zona del monte Tumbledown donde se estaban dando los más duros combates.
¿A quién elijo?, no podía sacarme esa pregunta de mi cabeza.
Si usted logra instalarse por un instante en aquella difícil tarde de junio, ¿no se haría la misma pregunta?
¿A quién elijo?
Me volví sobre mis pasos y consulté con quien más sabía, yo apenas era un inexperto subteniente en las dos áreas, logística y recursos humanos. Para quien esté alejado del ámbito castrense, significa que recién comenzaba mi carrera y los ejercicios militares que había hecho hasta entonces, se parecían muy poco a la realidad que vivía en Malvinas.
"Pida voluntarios Forti", me dijo el teniente coronel Comini y si no los hay usted elije.
Volví, reuní a mi gente y les conté la verdad de lo que estaba ocurriendo. Estaba nervioso, con una ansiedad que desbordaba los límites de lo normal, mis soldados también, a juzgar por el silencio que reinaba.
"Necesito tres voluntarios para ir con la Compañía de Infantería A", después de decirlo, para mí parecía haberse detenido el tiempo, los segundos no eran segundos, por lo menos así lo estaba sintiendo, hasta que el soldado Díaz dice: "Voy yo mi subteniente", y después Heredia y al final Romero, tres voluntarios para ir a lo que podría haber sido su muerte. Rompimos el silencio con algunos gritos y aplausos.
Ahora faltaba un suboficial, hice la misma pregunta a mis colaboradores directos y casi inmediatamente el sargento Shafner se postuló voluntario. La emoción que sentí en aquel momento, me invade en estos mismos instantes en los que estoy escribiendo.
Hoy la enseñanza que me dejaron esos hombres me motiva a continuar trabajando por Malvinas y más aún a volcar esa experiencia en organizaciones donde haya hombres y mujeres que se interesen por saber lo que hace un espíritu motivado, entusiasta y poseedor sin duda, de la virtud de las virtudes, como decía el filósofo, "actitud de servicio".
Desde hace bastante tiempo entendí que lo que vivimos en la guerra se parece mucho a lo que se vive en una empresa, cualquiera sea su magnitud, donde haya gente que trabaja, siempre habrá alguien que conduzca y muchos que obedezcan. El éxito está en saber cómo hacerlo, para obtener buenos resultados porque todavía hoy, en la guerra como en la empresa, el hombre continúa siendo la herramienta más importante.
En lo personal entendí que esta guerra me dejó dos grandes enseñanzas, una de ellas fue descubrir que el mejor recurso de Malvinas no tenía nada que ver ni con presupuesto, ni con la estrategia, y menos aún con la logística, y me refiero al "recurso humano", al soldado argentino y por favor entiéndase que cuando digo soldados, incluyo oficiales y suboficiales, ellos fueron lo mejor de Malvinas.
Y la otra gran enseñanza al menos para mí fue coincidir con las palabras de Cervantes cuando en el Capítulo II en su primer salida de su tierra dice: que el peso de las armas y del trabajo, no pueden llevarse sin el gobierno de las tripas.
Por todo eso es que le propongo que transitemos este año desde el reconocimiento, ensayando una frase simple quizá, pero sentida, "¿Estuviste en Malvinas? Te felicito".
Sólo con esto usted alimenta el "orgullo" del soldado "Veterano de Guerra" que es sin duda el capital más importante que posee y que nadie, nadie, se lo podrá arrebatar.



TRAYECTORIA DE DARDO FORTI
Dardo Forti nació en Arroyo Dulce, provincia de Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1952. En 1974 se recibió de cabo de Intendencia en la Escuela de los Servicios de Apoyo de Combate General Lemos. En 1979 egresó del Colegio Militar de la Nación como subteniente de Intendencia.
El martes 13 de abril de 1982 llegó a las islas Malvinas como jefe de la Sección Intendencia del Regimiento de Infantería 3 General Belgrano junto a casi 1000 hombres. Allí se quedaron hasta el último día de la guerra.
En 1990 se recibió de licenciado en Relaciones Públicas en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
En 2007 realizó un posgrado en la conducción de los Recursos Humanos en la Universidad Católica Argentina (UCA).
En 2008 publicó "Hasta el último día". Logística: la "otra guerra" de Malvinas.
En la actualidad es coronel del Ejército Argentino y acumula más de 20 años dando conferencias sobre la logística de Malvinas, en colegios, instituciones y organismos de la Ciudad de Buenos Aires y el interior del país, y ya fue escuchado por más de 50.000 personas.




















Testimonio de Alberto Marano, soldado del Grupo de Artillería 101 que estuvo en Malvinas

El diario "Actualidad" de la ciudad de General Villegas publicó un testimonio de Alberto Marano, ex combatiente y soldado del Grupo de Artillería 101 que cruzó a Malvinas con la batería "C" de la unidad militar con asiento en Junín (ver link)
Alberto Marano, presente
Soy Oscar Alberto Marano, mi esposa se llama Alejandra y tenemos 3 hijas: Yamila (26), Marina (16) y Malvina (14).


Soy ex combatiente de Malvinas del grupo de artillería 101 de Junín, Bs. As., actualmente grupo de artillería 10.
Oriundo de la localidad de Banderaló, aunque actualmente resido Villa Sauze. Me desempeño como portero en la Escuela Martín Fierro N° 35 (Est. El Meridiano).
Llegamos junto con las dos piezas de artillería (cañones Sofma 155 mm.) a suelo malvinense a mediados de mayo. El día que recuperamos las islas yo me enteré por Pequeña Carelli, una maestra.
Cuando llegamos a Malvinas nos instalamos cerca de Puerto Argentino, sobre Monte Hill. Mi tarea era recibir y pasar información al jefe de nuestra pieza, Omar Liborio, además de desempeñarme como ayudante en la carga de proyectiles a nuestro caños Sofma 155mm, de 50 yardas de alcance.
Sabíamos que nuestros blancos eran los barcos ingleses, o al menos esa era la información que recibía el radar.
Estoy orgulloso de haber defendido mi patria y recuerdo a cada uno de mis compañeros de combate: Gustavo Pérez, Segundo Garnica, Omar Liborio, Manuel Figueroa, suboficiales encargados de pieza.
A los soldados clase 62 VGM: Ricardo López, Adrián Polo, Gabriel Cepeda, Alberto Hidalgo, Roberto Sandoval, Miguel Benítez, Walter Gómez, Sergio Brangeri, Raúl Wuldrich, Miguel Potes, Carlos Aguilera, Segio Fanín (de Coronel Charlone), Edgardo Saralegui, Rafael Veloso, Walter Ferrer, Aníbal Hernández, Julio Báez, Juan Lucero, Aldo López y Carlos Tempio.



















Comercios del ayer: Exposición de 1936 (II Nota)

Dice la crónica de la ópoca referido a los premios de la Muestra Industrial y Comercial de 1936 organizada por la Sociedad Comercio e Industria:
"Tal como se ha fjado, poco después de las 19 horas, efectuóse ante la presencia de extraordinaria cantidad de público, el acto de la entrega de los premios a los expositores que habían sido discernidos po el Gran Jurado de Honor. Esta ceremonia que fue seguida por la concurrencia con muchísimo intéres, contó con el auspicio del jefe de la comuna, señor Borchex, que tuvo la gentileza de distribuir personalmente a los agraciados, los premios correspondientes en el orden que a continuación se detalla:
-Mattiazzi y Cía.: Gran Premio Sociedad Comercio e Industria. Medalla de oro.
-Siam Di Tella Ltda.: Refrigeración. Gran Premio Sociedad Comercio e Industria de Junín.
-Juan Dani, marmolería: Premio Presidente de la Nación, medalla de oro.
-F. Tassara y Cía.: Molino Harinero y Fábrica de fideos. Premio: Ministerio de Agricultura de la Nación. Plaqueta.
-García y Alberdi, premio: Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, plaqueta
-Galdeano, Pereyra y Campini, premio: Cámara de Diputados de la Nación, plaqueta.
-Cervecería Guerriero: premio Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, medalla de oro.
-Pascual D. Cirigliano: premio Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, plaqueta.
-Carlos Rinaldi, gran premio: Municipalidad de Junín, medalla de oro.
-Angel Mascetti, gran premio: Banco de Junín, medalla de oro.
-Aresani Hnos., gran premio: Rotary Club de Junín, medalla de oro.
-José González B.: premio Municipalidad de Junín. Medalla de oro.
-De Lucca y Zapata, premio Municipalidad de Junín. Medalla de oro.
-Barberou Hnos.: premio Municipalidad de Junín. Medalla de oro.
-Giacobini y Cía.: premio Municipalidad de Junín. Medalla de oro.
-Morea e hijos, premio Municipalidad de Junín, Medalla de oro.
-Baldomero Fernández e hijos, premio: Municipalidad de Junín. Medalla de oro.
-Cooperativa "La Equidad", premio Municipalidad de Junín, medalla de oro.
-Industria Jabonera de Junín, premio Unión Industrial Argentina, plaqueta.
-Buisán Hnos. Premio: presentación Copa Banco Provincia de Buenos ires.
-Francisco Benzi e hijo, Copa Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.
-Ludovico Rampellini, premio. Sociedad Comercio e Industria, medalla de oro.
-Francisco De Ciervo, premio Sociedad Comercio e Industria, medalla de oro.
-Perrone y Tomino, premio. Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de oro.
-Angel Puricelli, premio: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de oro.
-José Nanni, premio Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de oro.
-Fratamico Hnos. premio: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de oro.
-Castellazzi Hnos.: premio Presentación Copa Sociedad Comercio e Industria de Junín.
-Carlos A. Panizza, Copa Siam Di Tella Ltda.
-Genaro D`Aulerio: Copa Sociedad Comercio e Industria de Junín.
-Antonio Tomassone, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Luis Zanini, premio estímulo: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Máximo Bellusci, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín.
-Rosario Lanzafame, premio estímulo: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Amadora López y Hnos., premio estímulo. Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-R. Lister y Cía. Premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-E. C. Dimarco, premio estímulo: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Compañía de Electricidad del Sud Argentino S.A. Premio estímulo. Sociedad Comercio e Industria. medalla de plata.
-Víctor Alvarez Rea, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Mazzadi Hnos. y Cía.: premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Sociedad Belgrano de Protección a la Niñez: premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Caliri y Marcilla, premio estímulo: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Termas Villavicencio S.A.: premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medala de plata.
-Martín y Cía. Ltda, premio estímulo: Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Yuquery, premio estímulo, Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-A. M. Athrman y Cía, premio estímulo. Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Bertero Hnos., premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Sociedad Anónima Arizú, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Frigorífico Armour de La Plata: premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Emilia de Ayala, premio estímulo, Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Clelia Blasi, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria de Junín, medalla de plata.
-Antonia Rodríguez, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria, medalla de plata.
-Academia Moreno, premio estímulo Sociedad Comercio e Industria, medalla de plata.
-Daniel Toscani, premio estímulo. Sociedad Comercio e Industria, medalla de plata.
Lorenzo J. Villalba, Isidro Palumbo, A. J. Saggese, Julián Elías Hnos., Gregorio Troiano, Alfredo De Nicolo, Pietrobón Hnos., Ferrocarril Central Argentino, Mazzadi Hnos., Juan R. Ribas, E. y J. Cariboni, Tomás Pérez, Luis Boeto, Bianchetti Hnos., Salvador Bertotti, Palumbo y Mesa, Hiram Lanza, Saint Hnos., La Marplatense, General Electric S.A., Donato Ruggero, Nestle, Thyssen Lamental. Todos ellos con medalla de plata de Sociedad Comercio e Industria de Junín.
Se adjudicaron diplomas a los siguientes expositores: Unión Telefónica, Chadopif, Cervecería La Africana, Angel Soria, Angel Masari y A. Medina (Paco el loco).

VICTOR ALVAREZ REA

En un amplio edificio y un buen surtido interior de artículos de almacén, se levanta en la calle Pellegrini, el comercio de propiedad del señor Vicente Alvarez Rea.
"Su liberalidad para la venta -dice el artículo escrito en 1936- unido a la modicidad de los artículos que vende le ha permitido ganarse el privilegio de muchos hogares para sus compras.
MAXIMO BELLUSCI
Stand de Máximo Bellusci, premiado con medalla de Plata en la muestra de 1936

La conocida sastrería de don Máximo Bellusci presentó dos modelos de trajes de su creación, que fueron reveladores fieles de su exquisito gusto y conocimiento en la materia. Demostró así en forma palmaria el porqué de la preferencia que el público le dispensa.

JOYERIA TOMASONE
Stand de Antonio Tomasone premidado con medalla de plata.

Ha dejado de ser un vaticinio para convertirse en realidad, el éxito comercial de la Joyería Tomasone. Su rpopietario señor Antonio Tomasone, ha sabido encauzar el negocio mediante su habilidad y constancia para su trabajo. En su taller se fabrican anillos y otras joyas, dedicándose a la vez, a la venta de artículos finos para regalos.

BUISAN HNOS.
Stand de los hermanos Buisan que exhibieron, en 1936, los automóviles Chevrolet.

El metraje mayor de terreno lo ocupó la importante firma Buisan Hnos. en representación de los productos de la General Motors. Un conjunto de coches de admirable construcción, dio origen para que fuera visitado sin intermitencias por el público en los distintos días que duró el certamen. En pleno centro del stand fue demostrado y admirado, a la vez, el trabajo del motor Chevrolet en su ritmico movimiento de sus ruedas articuladas.

JOYERIA TROIANO

Esta antigua relojería, joyería y platería estuvo también presente con un bien arreglado stand en la exposición que nos ocupa.
Exhibió especialmente artículos de plata labrada de su fabricación, muchos de los cuales fueron elaborados a la vista del público, que seguía con interés y curiosidad las distintas fases de la operación a cargo de un especialista en la materia.























Fernando de la Rúa en Junín

Fernando de la Rúa en agosto de 1982.
En el año 1982, tras la derrota de Malvinas, dos meses después los partidos políticos ya comenzaban a salir de su letargo al que habían sido sometidos desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Lentamente, mientras en Capital Federal, los referentes principales iban reuniéndose, también salían al interior para volver a reflotar las conducciones partidarias locales, ya indudablemente, avizorando lo que iba a ser 1983, el año en que se restauró la democracia.
El viernes 13 de agosto de 1982 visitaba Junín Fernando de la Rúa, quien en diálogo con LA VERDAD afirmaba en ese momento que se debían constituir pocas y claras corrientes políticas, en el marco del proceso de reorganización partidaria de la U.C.R.
De la Rúa -quien en ese momento tenía 45 años- había llegado a nuestra ciudad para presidir un acto de la Juventud Radical.


BIOGRAFIA

Fernando de la Rúa (Córdoba, Argentina, 15 de septiembre de 1937) es un abogado y político argentino de la Unión Cívica Radical. Asumió como presidente de Argentina por la Alianza el 10 de diciembre de 1999, sucediendo al segundo gobierno de Carlos Menem. Si bien su mandato se extendía hasta el año 2003, renunció al cargo el 20 de diciembre de 2001 cumpliendo 2 años y 10 días de gobierno, en medio de numerosas protestas sociales durante la crisis de diciembre de 2001 en Argentina. La consecuente acefalía presidencial obligó a la reunión de una Asamblea Legislativa que determinara quién debía continuar ejerciendo el cargo, siendo reemplazado por Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y finalmente Eduardo Duhalde en el curso de unos pocos días.

Previo a la asunción de la presidencia, fue el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, además de haber sido tres veces senador nacional y una vez diputado nacional.
Fernando de la Rúa está casado con Inés Pertiné y tiene tres hijos, Agustina, Antonio y Fernando.

Carrera política

Hijo del abogado Antonio de la Rúa y de Eleonora Bruno (1908-1998), perteneció a una familia de clase media. Fue estudiante en el Liceo Militar General Paz de la ciudad de Córdoba y se recibió de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba a los 21 años.
En su graduación se lo condecoró con una medalla de oro. Comenzó su carrera política en la Unión Cívica Radical siendo bastante joven. Aunque había sido miembro del equipo de asesores del ministro del Interior Juan Palmero durante el gobierno radical de Arturo Illia, su primera aparición política ocurrió en marzo de 1973 cuando se presentó por su partido como candidato a senador por la Capital Federal, siendo el único radical que pudo vencer al justicialismo en ese año al imponerse en segunda vuelta al Dr Marcelo Sánchez Sorondo. 
Esta situación llevó a que Ricardo Balbín, tras la renuncia del presidente Cámpora y la convocatoria a nuevos comicios, lo eligiese como candidato a vicepresidente en las elecciones presidenciales de septiembre de 1973. 
En dichos comicios, el binomio radical Balbín-De la Rúa logró el 24,3 por ciento de la adhesión popular. Dicho porcentaje quedó muy por debajo del 61,9% que logró la fórmula del FREJULI Juan Domingo Perón-María Estela Martínez de Perón.
De la Rúa fue senador hasta marzo de 1976, cuando el Proceso de Reorganización Nacional tomó el poder. En aquel momento abandonó la actividad política, y trabajó como abogado de la empresa Bunge & Born.
En 1983, al retornar la democracia, compitió por la candidatura presidencial de la Unión Cívica Radical con Raúl Alfonsín. 
De la Rúa, heredero del balbinismo centrista, fue derrotado por quien luego sería electo presidente de la Nación. 
En las elecciones de 1983 que determinaron el acceso del radicalismo al Gobierno, De la Rúa fue candidato a senador nacional por la Capital Federal, venciendo al postulante del justicialismo, Carlos Ruckauf. De la Rúa fue presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, votó en contra de la ley de divorcio y algunos radicales creen que fue quien redactó la ley de Punto Final y la de obediencia debida.
En 1989 se presentó como candidato para revalidar su banca y triunfó en las urnas con el 33,11%.7 Sin embargo, el cargo le correspondió al justicialista Eduardo Vaca. Esto se debió a que a pesar de haber tenido muchos menos votos, Vaca fue electo en el colegio electoral gracias a la alianza ente el Partido Justicialista y la Ucedé, triunfando con el voto clave de María Julia Alsogaray.
Pese a ello, en 1991 fue candidato a Diputado y el triunfo logrado en el bastión capitalino —donde además De la Rúa presidía el Comité Capital Radical— lo llevó a la presidencia del bloque de diputados de la UCR. En 1993 De la Rúa volvió al Senado ganando nuevamente en la Capital Federal con más del 50 por ciento de los votos contra Avelino Porto.
El presidente Carlos Menem impulsó una reforma constitucional, a la cual el radicalismo se opuso en el Congreso. 
Luego de la victoria justicialista en las elecciones legislativas de 1993 el gobierno menemista propuso realizar un plebiscito sobre el tema, aunque el mismo no podía ser vinculante. Antes de su concreción el ex presidente Raúl Alfonsín se reunió en secreto con Menem y accedió a apoyar la reforma si la misma se realizaba bajo condiciones negociadas. 
Dicho acuerdo se conoció con el nombre de Pacto de Olivos y permitió la reforma de la Constitución Argentina de 1994. El radicalismo se dividió internamente entonces entre los que apoyaban la acción de Alfonsín y los que se oponían al pacto y a la reforma. Fernando de la Rúa fue el principal dirigente de esta última corriente partidaria.
Mediante la reforma de la Constitución Argentina de 1994 la ciudad de Buenos Aires dejó de ser un municipio y consiguió autonomía. Esto modificó la naturaleza del poder ejecutivo de la ciudad, que hasta entonces era ejercido por un intendente elegido por el Presidente (dado que se trataba de un distrito federal), y que a partir de 1996 es ejercido por un Jefe de Gobierno elegido en comicios. De la Rúa se presentó a las elecciones para dicho cargo en junio de 1996. En esos comicios, De la Rúa como candidato de la UCR alcanzó el cargo con el 40 por ciento de los votos, contra el 26% del frepasista Norberto Luis La Porta y el 17% del peronista Jorge Domínguez, hasta entonces intendente de la Capital.
Fernando de la Rúa, candidato de la Alianza, fue electo presidente en las elecciones del 24 de octubre de 1999, y el justicialismo perdió la mayoría en la Cámara de Diputados. La Alianza y su fórmula De la Rúa-Álvarez obtuvo el 48,5% de los sufragios, contra el 38,09% del binomio peronista Eduardo Duhalde-Ramón Ortega. En tercer lugar, con el 10,09% de los votos, aparecía el ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
Uno de los éxitos de la campaña electoral fue el primer spot televisivo de De la Rúa, en el cual pronunciaría la frase "Dicen que soy aburrido..." con la cual se lo relacionaría más adelante. Dicho spot buscaba contrastar al candidato presidencial con la frivolidad que el público percibía en el gobierno menemista. La campaña electoral estuvo a cargo de Ramiro Agulla, David Ratto (publicista de Raúl Alfonsín en las elecciones de 1983) y Antonio de la Rúa, este último hijo del propio Fernando de la Rúa. El hijo del presidente lideraría al "Grupo Sushi", un entorno con influencia en las decisiones de Fernando de la Rúa.
Tras su renuncia luego del estallido social de diciembre de 2001, 
De la Rúa se retiró totalmente de la vida política y evitó apariciones públicas o formular declaraciones, incluso respecto de las causas judiciales llevadas adelante en su contra. Una de dichas causas se refiere a los eventos que tuvieron lugar al final de su mandato, durante los cuales murieron alrededor de 30 personas en distintos lugares del país. Enrique Mathov, el ex secretario de seguridad, acusó a De la Rúa de haber ordenado la represión.
La causa fue llevada adelante por el juez Claudio Bonadío, y en la misma también estuvieron procesados el entonces subjefe de la Policía Federal, Osvaldo Cannizzaro, y otros comisarios que actuaron durante aquella tarde: Daniel Manzini, Próspero Treseguet, René Derecho y Alfredo Salomón. De la Rúa asegura que el 20 de diciembre ignoraba la gravedad de la situación: "Recién tuve la información sobre la última hora de la tarde, cuando ya estaba en Olivos sobre que había fallecidos. Yo renuncié antes de saberlo".
El juez, en cambio, desestimó la defensa de De la Rúa, y declaró lo siguiente: "Es imposible creer que ninguno de los funcionarios, asesores, correligionarios, amigos o familiares accediera a su presencia de manera personal o por cualquier otro medio. Podría haber encendido un televisor o una radio o más no sea asomarse a una ventana y ver el panorama que acontecía en el jardín de su propia casa".
Dicho procesamiento fue revocado el 29 de abril de 2008, cuando la Cámara Federal dictó la falta de mérito.
De la Rúa también fue procesado en una causa en que se lo acusa de sobornar legisladores para conseguir la aprobación de la Reforma Laboral del año 2000. La causa es de "cohecho activo agravado", y es llevada adelante por el juez federal Daniel Rafecas. 
La causa fue promovida por el ex secretario parlamentario Mario Pontaquarto, quien confesó en los medios su intervención en dicha operación. El propio Pontaquarto está también procesado, al igual que Fernando de Santibañes, que era jefe de la SIDE; José Genoud, entonces presidente provisional del Senado, y Alberto Flamarique, ministro de Trabajo. Los ex senadores acusados de recibir las "coimas" (sobornos) son Alberto Tell, Remo Costanzo, Emilio Cantarero, Ricardo Branda y Augusto Alasino.
Durante el año 2006 el juez Jorge Ballestero procesó a Fernando de la Rúa, Domingo Cavallo y varios miembros de su equipo por el megacanje.66 Fundamentó su decisión en que éstos habrían cometido un crimen, excediendo el margen de discrecionalidad propio de las medidas políticas.67
El día 7 de abril de 2009 Fernando de la Rúa fue sobreseído por el Tribunal Oral Criminal 16 en la causa que investigaba la presunta contratación de un jardinero privado con sueldo del ex Concejo Deliberante. Se trataba de un desprendimiento de la megacausa por los denominados "ñoquis" del ex legislativo comunal.
En el mismo día el juez Bonadío sobreseyó al ex presidente en la causa en la que se lo investigaba por su presunta responsabilidad en las cinco muertes que hubo como consecuencia de la represión policial a las protestas que antecedieron su salida del Gobierno en diciembre de 2001.



















Oscar Camilión en Junín

En el año 1982, tras la derrota de Malvinas, dos meses después los partidos políticos ya comenzaban a salir de su letargo al que habían sido sometidos desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Lentamente, mientras en Capital Federal, los referentes principales iban reuniéndose, también salían al interior para volver a reflotar las conducciones partidarias locales, ya indudablemente, avizorando lo que iba a ser 1983, el año en que se restauró la democracia.
En agosto de 1982, Oscar Camilión -quien durante el denominado Proceso de Reorganización Nacional se desempeñó como ministro de relaciones exteriores y luego durante el gobierno de Carlos Menem estuvo al frente de la cartera de Defensa- visitaba Junín el viernes 20 para brindar una charla en el Colegio de Abogados de nuestra ciudad sobre las relaciones exteriores en los últimos 30 años. El sábado 21, por la noche, presidió un acto político del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) en el Club Argentino, acompañado por el doctor Alfredo Elordieta y el doctor Gustavo Patricio Rosa, en representación de la juventud desarrollista.
Oscar Camilión junto a los doctores Alfredo Elordieta y Gustavo Patricio Rosa, el sábado 21 de agosto de 1982 en el Club Argentino.

Biografía

Oscar Camilión nació el 6 de enero de 1930. Es un abogado y diplomático argentino que se desempeñó en como Ministro de Relaciones Exteriores, durante la dictadura militar llamada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) y como Ministro de Defensa durante la presidencia de Carlos Menem (1989-1999).
Oscar Camilión se recibió de abogado con Diploma de Honor en la Universidad de Buenos Aires. Con posterioridad realizó una carrera docente como profesor de Derecho Político.
Entre 1965 y 1972 se desempeñó como Jefe de Redacción del diario Clarín de Buenos Aires.
Durante la presidencia de Arturo Frondizi fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Ministro Consejero de la Embajada Argentina en Brasil y Viceministro de Relaciones Exteriores.
Durante la dictadura militar llamada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) se desempeñó como Embajador argentino en Brasil (1976-1981), Ministro de Relaciones Exteriores y Culto (1981) y Secretario General Adjunto de la Organización de las Naciones Unidas.
Entre 1987 y 1993 fue Representante del Secretario General de las Naciones Unidas a cargo de la misión de buenos Oficios en Chipre (1987-1993).
Durante la presidencia de Carlos Menem fue Ministro de Defensa de la Nación (1993-1996). En ese cargo, fue procesado por su vinculación con el contrabando de armas a Croacia y a Ecuador. En ese segundo caso, Argentina era garante de paz en el conflicto que el país sudamericano sostenía con Perú. Es de público conocimiento que la Presidenta Cristina Fernández (2007 - 2015), en ese momento legisladora, le exigió que renuncie, a lo que el imputado contestó "Señora senadora, usted no tiene edad ni antecedentes para solicitarme mi renuncia".




















Hace 30 años se terminaba de demoler el edificio de la Escuela 28

Lo que quedaba de la fachada de la Escuela 28 en agosto de 1982
En agosto de 1982 se realizaba la demolía el edificio que durante muchos años albergó a la Escuela 28. Estaba ubicado en Saavedra 349 esquina Alemania. El último ciclo se cumplió en el año 1979 decía LA VERDAD hace tres décadas atrás, mencionando que la población escolar, posteriormente, fue derivada a la Escuela 24 en la calle Ramón Falcón, a unas cuadras del lugar.
Al momento del cierre, la escuela 28 contaba con sesenta alumnos que estaban divididos en secciones agrupadas  que implicaba a los docentes una atención simultánea. 
La prensa comentaba en ese año que la escuela, al momento de su cierre, no contaba ya con servicios de profesores especiales.
En el lugar se instaló luego una estación de servicio y en la segunda mitad de la década de 1990 se instaló el primer ciber de la ciudad (Cibergamo). En la actualidad, las instalaciones se encuentran en deshuso, el predio está puesto en alquiler y espera por tiempos mejores.
El mástil en lo que era el patio aún permanecía en 1982.


























Rivadavia 80: El edificio que no fue para ENTEL y se convirtió en la sede administrativa del gobierno local

Así imaginaba el
proyecto original de 1982 el
edificio que con el tiempo
y durante muchos años
se conoció como el Ex ENTEL
En 1982 se había iniciado la construcción en Rivadavia 80, de lo que iba a ser el edificio denominado Central Interurbana ENTEL Junín 2. El diario LA VERDAD comentaba en agosto de ese año las características que se proyectaba para la mencionada obra.
La altura iba a ser de 35 metros desde el nivel de la vereda hasta el tanque de agua. La construcción se realizará sobre 74 pilotes de entre 70 y 80 toneladas calculada para sostener el peso del edificio.
Se proyectaba un sotáno con paredes de tabique de hormigón armado. El edificio iba a tener subsuelo (que albergaría la usina transformadora de alta tensión y sala de máquinas), planta baja (donde se pensaba ubicar la sala de fuerza y potencia y sala de baterías), seis pisos, azotea y tanque de agua. 
Los primeros tres pisos iban a contener los equipos de conmutación interurbana y equipos multiplex. En el cuarto, los equipos de conmutación telex; en el quinto, los conmutadores y el sexto iba a ser destinado para viviendas.
En la azotea iba a ir la sala de máquinas para ascensores (iba a contar con dos). No estaba previsto el funcionamiento de oficinas públicas y comerciales.
El frente debería haber sido con ladrillo a la vista, la entrada principal de cristal templado y a la derecha iba a ver una entrada de vehículos y al fondo un patio para playa de estacionamientos. La caja de la escalera iba a estar revestida de corlock y las depencias llevarían cielorraso acústico, además de aire acondicionado.
Todo el edificio iba a estar controlado por un sistema de alarma.
La obra fue licitada sobre un presupuesto de ocho mil doscientos veintitrés millones treinta y cinco mil pesos ($ 8.223.000.035). "Se utilizarán para su construcción -decía LA VERDAD en agosto de 1982- 87 metros cúbicos de hormigón armado para la fundación; 461 metros cúbicos del mismo material para la estructura general y tanque de agua; 894 metros cúbicos de paredes de mampostería de distinto tipo, además de efectuarse 1.252 metros cúbicos de excavación".
La empresa constructora era Hilden S.A. y LA VERDAD comentaba: "Esta empresa, cuyos orígenes están en la ciudad de Ushuaia, Tierra del Fuego, tiene una vasta experiencia para este tipo de obras, estando considerada una de las principales dentro del contexto nacional.
Entre sus realizaciones se cuentan para ENTEL, las centrales de Neuquén (entregada); Santa Rosa, La Pampa -en su etapa de culminación-; de General Pico, La Pampa -en idéntica condición; de Chivilcoy -se entregaron los salones de equipo y se encuentra en etapa de terminación-; Mercedes, provincia de Buenos Aires y El Dorado, Misiones, ambas en la primera etapa.
Otras obras que le podemos contabilizar son para la Fuerza Aérea, en Ezeiza; el Gasoducto Río Grande, Tierra del Fuego".

27 años después surgía el edificio Bicentenario
Edificio Bicentenario. 

Unos pocos años más tarde, la obra quedaba paralizada. Luego llegaría la privatización de ENTEL en la década del ´90 por el gobierno del ex presidente Carlos Saúl Menem y ya todo había sido abandonado, persistiendo la estructura en medio de la zona céntrica como un monumento a lo que pudo haber sido y no fue, diría la canción.
Vale mencionar que durante la gestión del intendente Abel Paulino Miguel (1983-2003) se logró que el municipio obtuviese la propiedad del inmueble. (Aclaración aportada por Lisandro Benito).
Más tarde, en el tiempo, en 2006, ya durante la gestión del intendente Mario Andrés Meoni se comenzó con una nueva obra en lo que hasta ese momento era el esqueleto de un proyecto malogrado, pero ya pensando en un destino completamente distinto: albergar las oficinas administrativas, contables y de obras públicas del municipio.
En el año 2009 es inaugurado el edificio Bicentenario. El director general de Gestión de Calidad y Recursos Humanos, da una visita guiada por el lugar:



Construido para mejorar la atención al público y el contacto directo con la gente
El intendente Mario Meoni y
el secretario de Obras y Servicios
Públicos, Arq. Agustín Pinedo
inauguran en octubre de 2009,
el "Edificio Bicentenario".

El nuevo edificio municipal fue inaugurado el 29 de octubre de 2009. "Nos demoramos en la inauguración porque veníamos de años de crisis y había muchas necesidades previas en Junín. Nos dedicamos a las plazas, a los barrios, al pavimento", explicó en ese momento el intendente Mario Meoni.
"Fue hace tres años (en 2006) cuando comenzamos a trabajar en forma definitiva con el edificio . En el camino avanzamos con la delegación de Villa Belgrano y consolidamos su construcción", agregó.
Meoni resaltó que se hizo todo con dinero de nuestra ciudad. "No le pedimos plata a nadie", enunció antes de aclarar: "Ojalá hubiésemos tenido el apoyo de Provincia y Nación".
Además de elogiar las características del edificio -"los juninenses van a estar más cómodos", dijo- , habló sobre quienes hicieron posible la inauguración. "El esfuerzo de empleados es el que nos dejó llegar hasta acá y el que nos permitirá conseguir un crecimiento sostenido para el futuro. El 2010 será un año de fuerte crecimiento", auguró.

Cómo terminó siendo

En el subsuelo funciona una sala de máquinas, un archivo de catastro, un archivo de compras y el archivo general. En la planta baja se estableció una recepción, tres lugares de espera con sillones, atención al público de Rentas municipales, Mesa de Entradas, tres cajas y tesorería.
En tanto, el primer piso cuenta con una sala de espera, atención al público de Rentas, oficina de Seguimiento de Deudas, Ingresos Públicos, Telegestión y la Secretaría de Economía.
Además, en el segundo piso, se realiza la atención a proveedores de la oficina de compras, dos lugares de espera, oficina de licitaciones y suministro de obras públicas, contaduría, liquidación de sueldos y oficina técnica.
El tercer piso cuenta con la atención al público de obras particulares y catastro, sala de espera, habilitaciones y planeamiento. En el cuarto y último piso funciona la Secretaría de Obras y Servicios Públicos con la dirección de servicios urbanos, legales, dirección de planificación y desarrollo urbano, oficina técnica, GIS, vivienda, espacios verdes.
En la terraza del edificio, por último, se encuentra una sala de máquinas, depósito y antena de comunicaciones.
Todos los pisos cuentan con un baño para caballeros y otro para damas, más una cocina. Los baños están adaptados para personas con discapacidades motrices.
En total, se informó que el nuevo edificio municipal albergará alrededor de 150 puestos de trabajo distribuidos en todos los pisos y sectores que hasta ahora están funcionando en el Palacio Municipal de Rivadavia y Benito de Miguel.
Funcionan dos ascensores para seis personas cada uno que van a permitir acceder a todos los pisos superiores y una rampa de acceso para discapacitados.

(Marzo de 2012)















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