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Virus Junín: El esfuerzo investigativo de pioneros de la medicina juninense


Hace 55 años un equipo de profesionales juninenses realizaban una investigación que tuvo trascendencia mundial. El tema retorna a los medios al fallecer un peón rural en Santa Fe y una niña está internada en Rosario. 


Escribe Roberto Carlos Torres
(Nota publicada en LA VERDAD, 
edición del domingo 12 de mayo de 2013)

En la semana del 6 al 10 de mayo la noticia corrió hasta por los medios nacionales: un trabajador rural de 31 años, oriundo de Labordeboy (localidad ubicada a 65 kilómetros de la ciudad de Venado Tuerto, provincia de Santa Fe), falleció en Rosario a causa de la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA). Por otra parte, una chica de 12 años, de Pérez, está internada en el hospital de niños “Víctor J. Vilela”, también de la ciudad de Rosario, aunque fuera de peligro. Autoridades sanitarias insistieron con la necesidad de vacunarse contra la enfermedad también conocida como "mal de los rastrojos".
"Todos los años tenemos casos de esta enfermedad, no solamente en Rosario sino en toda la provincia. Existe una vacuna y es fundamental recordar la importancia que tiene esa vacuna en todas las personas de entre 15 y 60 años. No se vacunan embarazadas ni mujeres que estén amamantado", explicó la titular de Epidemiología de la Municipalidad de Rosario, Analía Chumpitaz. Además de las recomendaciones de Chumpitaz cabe recordar que están exentos de vacunarse los inmunosuprimidos, o quienes estén en tratamiento con corticoides. Además quien haya recibido gammaglobulina no podrá vacunarse antes de los 30 días de esta administración.

Una investigación liderada por juninenses

Por esas coincidencias de la historia, la noticia surge exactamente 55 años después de haber sido detectada por primera vez en algunas zonas de nuestra región. El alerta de aquel tiempo surgió en el área de O´Higgins. Héctor A. Ruggiero, Alberto Cintora, Fernando Pérez Izquierdo, Clemente Magnoni y Héctor A. Milani, son los nombres de los profesionales que ilustran una página de oro en la historia juninense y en la medicina mundial. 
En Junín y zonas adyacentes fueron observados y estudiados casos de la Fiebre Hemorrágica Argentina antes de 1953. Se recopilaron datos clínicos y en especial de laboratorio, imputándosele a una virosis, distinta a la gripal, la etiología de esta enfermedad de aspecto tifoso o encefalítico de evolución benigna. Mayo de 1958 es el mojón indicador que motivó a científicos de nuestro país por el brote epidémico grave de este tipo de enfermos aparecidos en el área de O´Higgins.
Por las observaciones obtenidas y los tratamientos efectuados hasta entonces en Junín, se canalizaron hacia aquí los enfermos, internándoselos en el Hospital Regional, que se transformaría en un Centro de Investigaciones. Bajo la dirección del profesor Héctor A. Ruggiero, se convocó al titular de la cátedra de Enfermedades Infecciosas, profesor Humberto Rugiero, además de otros dos expertos: Daniel Greenway y Armando Parodi. Todos ellos, junto a profesionales de Junín y O´Higgins, realizaron el 8 de junio de 1958, en el Círculo Médico, la primera reunión en el país para el estudio e investigación de esta nueva enfermedad.
El Círculo Médico de Junín fundó, en 1958, el Centro de Investigaciones y Tratamiento de la FHA, bajo la dirección de Héctor A. Ruggiero, e integrada por los doctores Alberto Cintora, Fernando Pérez Izquierdo, Clemente Magnoni y Héctor A. Milani. El grupo trabajó junto a la Comisión de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, en forma permanente.
El gran nivel académico quedó reflejado cuando el Dr. Héctor Milani descubrió en el sedimento de la orina un tipo de células (luego se llamarían “Células Redondas de Milani”), que con el estudio hematológico, en especial el recuento de leucocitos y plaquetas, estas últimas con método propio del autor, son pilares para el diagnóstico.
El 19 de diciembre de 1958, en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, Alberto F. Cintora, presentó un trabajo sobre la FHA, junto con Humberto Rugiero, Héctor A. Ruggiero, Daniel Greenway, Armando Parodi, Clemente Magnoni, Héctor Milani y Rosario Locicero, donde se fijaron conceptos sobre etiología, clínica, fisiopatología, anatomía patológica, laboratorio y tratamiento, incorporándose a la medicina un nuevo capítulo en la especialidad de Enfermedades Infecciosas.
Un día después, el Dr. Julio Barrera Oro se autoinocula el Virus Junín, y la Comisión Nacional del Ministerio estudia en él la reproducción de esta enfermedad en el humano. Por ese entonces, moría un alto porcentaje de los  afectados por este flagelo. 
También en 1958, el Centro de Investigaciones y Tratamiento de la FHA de Junín descubre el tratamiento con plasma de convaleciente y comienza el estudio de su efectividad y la practicidad de su aplicación.
En 1969 se vacuna en Junín a 71 voluntarios, demostrando la formación de anticuerpos y su inocuidad. La experiencia se amplía posteriormente con otros 200 voluntarios, incluyendo núcleos de campo hasta llegar a 636, con el mismo resultado.
Toda la vacunación fue ejecutada y evaluada por Héctor A. Ruggiero, Lucía B. de Guerrero, Francisco Maglio, Carlos González Cambaceres, Guido Squassi, Clemente Magnoni, Alberto Cintora, Héctor Milani y Fernando Pérez Izquierdo.

Pasado y presente de la enfermedad

Dr. Carlos Milani: “Se trabajaba
con una gran voluntad
 de servicio y entrega ante una
 enfermedad desconocida”.
Más de medio siglo después, el doctor Carlos Milani, en diálogo con LA VERDAD, detalló que “en 1958, la enfermedad en el período de invasión, estado y convalescencia, duraban 15 días. En ese período, el 60-64% de los pacientes, fallecían. Ahora, el período de invasión y de estado son mucho más largo. La enfermedad aparenta como benigna y aquí tiene que ver la responsabilidad del médico que atiende al paciente, porque si esa gripe no se cura en 15 días tiene que pensar, si está ante un ambiente rural, en la aparición de un caso de Fiebre Hemorrágica Argentina”. Vale recordar que cuando el doctor Arrizabalaga comenzó a describir los primeros casos en Bragado, por el año 1952, se había denominado “gripón”.
Los cuadros sintomáticos siguen siendo los mismos. La enfermedad no cambió, pero “el período de invasión y estado es más largo y se puede confundir con ese viejo “Gripón”, detalló.
Cuando el equipo investigador juninense comenzó a trabajar, habían aparecido entre cuatrocientos y quinientos casos en uno o dos campos de la zona de O´Higgins y de allí también que una de las primeras denominaciones de la enfermedad fue “Mal de O´Higgins”.
Posteriormente se fue extendiendo hacia Rojas y Pergamino. El virus es transmitido por un ratón de campo. “El ratón de ciudad no es reservorio natural  de la enfermedad”, aclaró el profesional consultado. De esta manera, se trata de un problema eminentemente rural.
Si bien las condiciones de trabajo en el sector agropecuario han variado notablemente y distan prácticamente “años-luz” de cómo debían soportar la labor rural por los años ´50 y ´60, es importante reforzar que para prevenir y atacar la FHA hay tres factores fundamentales: higiene, prevención, consulta profesional y responsabilidad médica de tener conciencia que la enfermedad sigue existiendo. A esto se suma la vacunación inmediata.
Algo importante en tener en cuenta es que dentro de la población se han generado anticuerpos de la enfermedad pero es siempre primordial la vacunación. A mediados de la década del ´60 se vacunaron cerca de 650 personas, los primeros de ellos eran de Junín, pero la vacuna estaba elaborada en cerebro de ratón y en aquel tiempo la Organización Mundial de la Salud (OMS) se consideró no conveniente por la leucemia murina, por lo que se descontinuó y recién volvió a fabricarse unos 30 años después en Estados Unidos, tras nuevos estudios en el Instituto Maiztegui a partir del virus Junín Candid 1. 
Con la vacuna original se prosiguieron los estudios y en ningún caso surgieron lo que podrían considerarse efectos colaterales y las apersonas a las que se les había aplicado generaron anticuerpos durante muchos años.
Vale recordar que el primer tratamiento se efectuó con plasma de convaleciente y en momentos en que no se tenía gran conocimiento de los anticuerpos pero esto permitió que la mortalidad del 64% en el año 1958 al 1960 bajara inmediatamente al 5 y 10%.
Actualmente la enfermedad está muy sectorizada. La región es el noroeste bonaerense y sur de Santa Fe aunque la zona afectada puede variar de acuerdo a la extensión que va teniendo la explotación agrícola. La enfermedad también fue estudiada hasta en Asia y en algún momento trascendió que se había investigado y analizado con el proyecto de utilizarla como arma biológica.
Durante la época de la investigación liderada por los juninenses se hablaba de que, certeramente, “Dios es argentino” porque ante una tremenda enfermedad, se descubrió el agente transmisor –cuando era difícil trabajar con virus-, se determinó el tratamiento casi sin conocer los anticuerpos y sus características y se descubrió la vacuna, aún con los problemas que involucraba desde el punto de vista de la OMS. Pero en pocos años, un grupo de profesionales que trabajó sin subvenciones extras más allá del pago de su salario como médico de Hospital Público o de profesor universitario, determinó un éxito investigativo a partir de un trabajo donde se puso el corazón, las garras y las ganas de luchadores por la vida. Ejemplos, en definitiva, de la medicina juninense que escribieron esas páginas de oro dentro de la medicina mundial. 


Una investigación sin internet 
ni con la tecnología de hoy

Para quienes escuchamos y leemos las condiciones en que el equipo de profesionales juninenses desarrolló su investigación, tarea de campo, tratamiento y atención de los pacientes, hace 55 años, nos resulta poco menos que difícil de imaginar cómo desarrollaban su tarea considerando una época en la que la tecnología que hoy disponemos y disfrutamos era cosa de ciencia ficción, sin internet y ni que hablar de las herramientas y medios de la medicina moderna.
“Se trabajaba en el pabellón 4 de Infecciosos en el Hospital Interzonal. Médicos y enfermeros hacían su labor a destajo, con una gran voluntad de servicio y entrega ante una enfermedad desconocida, no se sabía el tratamiento, con una alta tasa de mortalidad y la protección de los trabajadores de salud no eran las mismas que ahora”, detalló el doctor Milani quien afirmó que a pesar de ello “no contrajeron el virus médicos o enfermeras, salvo familiares que tuvieron un contacto muy estrecho, cercano”, sin embargo dejó en claro que la FHA no se transmite de persona a persona.
Milani también mencionó durante el diálogo con LA VERDAD, al momento de ponderar la labor profesional de aquellos pioneros –entre los cuales estaba su padre- al doctor Locisero, de O´Higgins, quien “no sabía qué enfermedad estaba atacando, pero estuvo al lado de su paciente moribundo, brindando amor y cariño a su paciente y contención a la familia”.
Y resaltó también a las figuras de “un grupo de cinco profesionales, le puso garra y pasión, horas y horas a su trabajo, sin descanso, con la sucesión inacabable de los días, con las armas rudimentarias que se tenían”.




Recomendaciones 

El Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe, frente a la aparición de casos fatales de Leptospirosis y FHA (Fiebre Hemorrágica Argentina), emite las siguientes recomendaciones:
Esta enfermedades son zoonosis significando esto, que el reservorio de las mismas están en los animales (ratas, perros, cerdos, caballos); quienes a través de la orina eliminan el agente al medio ambiente por tanto, quienes más riesgo de contraerla son aquellos que están en contacto con agua de arroyos, lagunas, ríos y fundamentalmente agua estancada, barro, suelos y materiales húmedos (por ej. escombros, basura)
En la FHA el único reservorio es el ratón maicero y para la cual existe una vacuna gratis a partir de los 15 años de edad.
En la leptospirosis hay muchos reservorios como ratas, perros, cerdos, caballos para la cuál no hay una vacuna en el medio público y la única prevención es evitar el contacto con ambientes contaminados. Recomendaciones generales:
-Evitar contacto con aguas posiblemente contaminadas y usar elementos de protección en los trabajos de riesgo (botas, guantes, etc.)
-Desmalezar la casa en un radio de 30 metros.
-Tapar orificio del hogar por donde puedan ingresar los roedores - Levantar cimientos de cemento en las construcciones, para impedir que los roedores hagan su madriguera en la tierra.
-Colocar la basura en recipientes con tapas ajustadas y a más de 30 cm del piso en caso de no contar con servicio de recolección enterrarla y taparla.
-Eliminar basura y escombros, acondicionarlos para que no se transformen en refugio de roedores. - Planificar el uso adecuado de rodenticidas.
-Recordar que si estuvo en contacto con agua estancada, con barro, suelo o materiales húmedos (escombros y basura) o sumergido en un arroyo y ante la aparición de: fiebre, dolores de cabeza o musculares, enrojecimiento de las conjuntivas, náuseas o vómitos o tos con sangre, consulte de inmediato al centro de salud más cercano.


¿Rebrote de la enfermedad?

El lunes 13 de mayo de 2013, el Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe, a través de la Dirección de Protección y Promoción de la Salud, confirmó el fallecimiento de un hombre de 31 años, oriundo de Labordeboy (localidad ubicada a 65 kilómetros de la ciudad de Venado Tuerto, provincia de Santa Fe), con cuadro probable de Fiebre Hemorrágica Argentina. También se mencionó sobre dos probables casos que se encontraban internados en unidades de cuidado intensivo de Rosario. Se trata de una menor de 12 años de la localidad santafesina de Pérez –alojada en el Hospital de niños “Víctor J. Vilela”-, a la que se sumó una joven de 16 años de Hughes, también localidad santafesina, que fue internada en un centro asistencial de la ciudad de Venado Tuerto.
Andrea Uboldi, directora de Protección y Promoción de la Salud santafecino, precisó que en general “estas formas graves de presentación son infrecuentes, observándose casos que evolucionan favorablemente con el tratamiento adecuado”.
Sobre la enfermedad, también conocida “como mal de los rastrojos”, explicó que “es causada por el virus Junín, que afecta a una región del país que abarca las provincias de Buenos Aires, sur de provincia de Santa Fe, Córdoba y La Pampa” y que “la contraen principalmente las personas que viven, trabajan o visitan el campo o estuvieron en contacto con sitios invadidos por roedores del campo”.

Transmisión 

El virus Junín se encuentra en algunas especies de roedores del campo. Estos son pequeños (miden de 6 a 8 cm). Su color es parduzco en el lomo con la panza blanca. Construyen sus nidos en los campo cultivados, en malezas del borde de los alambrados, camino, vías férreas, aguadas de molinos, bordes de ríos, arroyos y banquinas de los caminos que traviesan las localidades. Es muy raro que se los encuentre en la vivienda del hombre, pero invaden los pueblos refugiándose en baldíos, huertas y maleza de los frentes y fondos de la casa.
Estos roedores eliminan continuamente el virus por la saliva y la orina, contaminado en el medio en que viven a partir del cual el hombre se infecta accidentalmente. El virus se encuentra también en la sangre de estos animales. Por lo tanto, cuando las máquinas agrícolas matan a estos animales, se contamina con su sangre infectada.
Al respecto, Uboldi puntualizó que el hombre “se enferma al estar en contacto con el medio ambiente contaminado. El virus Junín penetra en el organismo a través de pequeñas heridas en la piel, por la boca, la nariz  y los ojos. Aunque la enfermedad puede producirse en cualquier época del año, el peligro es mayor en otoño, porque es la estación donde aumenta el número de lauchas que hay en el campo”.

Síntomas

El nombre de Fiebre Hemorrágica Argentina (F.H.A.) se debe a que la enfermedad presenta entre otros síntomas característicos: fiebre y una tendencia a las hemorragias que generalmente son muy leves. Sólo en algunos pocos casos y en enfermos muy graves se producen hemorragias severas. La calificación de "argentina" obedece a que la enfermedad se produce únicamente en nuestro país. Los síntomas que presenta la fiebre hemorrágica se inician con cuadro de fiebre, decaimiento y dolor de cabeza. Luego pueden presentarse dolores musculares, de articulaciones, detrás de los ojos, mareos, náuseas y vómitos.
Por ello, enfatizó Uboldi, ante la aparición de cualquiera de estos síntomas “es importante consultar al médico ya que existe un tratamiento que, si se administra a tiempo, aumenta las posibilidades de curar la enfermedad”.
Existe un tratamiento que si se administra tempranamente aumenta las posibilidades de curar la enfermedad. El tratamiento se hace con plasma de convalecientes, es decir, de las personas que se han curado de la Fiebre Hemorrágica Argentina. Se ha comprobado que cuando los enfermos son tratados durante los primeros ocho días la mortalidad es menor a 1 por ciento. En cambio si el tratamiento se demora la mortalidad se eleva al 30 por ciento.
La única forma de obtener plasma de convalecientes es mediante la colaboración de las personas que habiéndose curado, donan su plasma. En ese sentido, desde la cartera sanitaria, se sostuvo que la persona que tuvo Fiebre Hemorrágica Argentina puede formar parte de una cadena solidaria donando su plasma y posibilitando que otros también puedan tratarse. 

Vacunación

La principal forma de prevenir la Fiebre Hemorrágica Argentina es mediante la vacunación –a través de la vacuna a virus Junín vivo atenuado Candid 1– altamente eficaz, que se encuentra en el calendario oficial de las cuatro provincias y está disponible en los efectores dispuestos por el Ministerio de Salud.
Deben vacunarse aquellas personas que “residan o desarrollen actividades en las 4 provincias del área endémica de Fiebre Hemorrágica Argentina,  comprendiendo a hombres y mujeres mayores de 15 años de edad hasta 65 años y que no hayan recibido vacuna Candid 1 anteriormente.
No pueden vacunarse: mujeres embarazadas o amamantando, personas con cuadros agudos o crónicos descompensados, quienes estén  recibiendo corticoides sistémicos o presentar cuadros de inmunosupresión congénitos o adquiridos.
Como condición se requiere que no deben haber recibido otras vacunas cualquiera sea, en el mes previo, ni recibirlas en el mes posterior a recibir Candid 1. Se aseguró que las dosis “están disponibles en los efectores del sur provincial”.

Más prevención

En relación a otras formas de prevención, se destaca la importancia de realizar una higiene cuidadosa, principalmente de las manos y cambio de ropas, cada vez que se hayan frecuentado zonas con roedores.
En la vivienda rural: mantener el pasto corto por lo menos a 30 metros de la vivienda para evitar que los roedores se acerquen a ella, utilizar recipientes cerrados para almacenar granos, alimentos para animales, para la basura y desperdicio, mantener limpios los galpones, tinglados y sitios donde se guardan las máquinas u otros implementos y realizar control de roedores periódicamente usando rodenticida (veneno para roedores) y colocando trampas, tratar de mantener tapados los agujeros de viviendas y galpones para que no puedan entrar las lauchas, hacer la huerta lejos de la casa para evitar que los roedores que puedan haber en ellas, se acerquen a la vivienda y mantenerla desmalezada.
En los pueblos y ciudades: mantener desmalezados las vías del ferrocarril, los terrenos baldíos, los fondos de las viviendas y los jardines de las mismas, impidiendo que los roedores encuentren refugios en los pueblos. Si no se desmalezó durante la primavera y veranos, durante el otoño es preferible primero utilizar veneno contra roedores y recién después proceder al desmalezamiento. Es importante también mantener la higiene de las calles y veredas y no acumular basura que pueda promover el acercamiento de roedores.
Finalmente, la cartera sanitaria santafesina destacó que “entre todos podemos contribuir a controlar la Fiebre Hemorrágica Argentina”, por lo que la persona que “vive o trabaja en zona de riesgo debe vacunarse,  es una sola vez en la vida”, si “presenta cuadro febril debe consultar inmediatamente” y si “padeció la enfermedad debe colaborar donando sangre para obtener tratamientos para otros enfermos”.

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