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Por Rody Moirón
Para La Máquina del Tiempo

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Durante la historia de Junín no fueron pocos los emprendimientos comerciales llevados a cabo por empresas o gobiernos extranjeros. Algunos resultaron efímeros y otros traspasaron el umbral de los tiempos.
Sobre los negocios fugaces casi no quedan registros. Uno de ellos fue una franquicia estadounidense del Pony express, que en nuestra localidad le fuera otorgada a Matildo Belén Postal, un desertor del ejército de Roca que había huido al Paraguay y regresado al país con papeles de ciudadanía guaraní falsos.
Postal regenteaba una pulpería ubicada en lo que hoy es la calle XX de Septiembre. Pero con la sanción de la “Ley de aridez de los estaños”, proclamada por el intendente Percy Rosso, que prohibía el expendio de bebidas alcohólicas entre la una de la tarde y las once de la mañana, sus ingresos fueron seriamente afectados y tuvo que presentar quiebra.
Pero ávido por los negocios, Postal no perdió el tiempo y logró que se le concediera la instalación de una sucursal del correo norteamericano, mediante la presentación de un curriculum desvirtuado en el que declaró haber sido gerente de la sucursal local de una fábrica de carruajes de Armand Peugeot y, posteriormente, de una distribuidora de pelelas enlozadas de Procter & Gamble.
El “Junín’s pony express”´, del cual Matildo era el CEO, comenzó a funcionar con gran suceso. En una hora se podían hacer envíos a Morse, Agustín Roca y Saforcada; y las misivas a Buenos Aires llegaban en el día.
El diligente correo le otorgó a Junín un auge sobresaliente que hizo que su desarrollo fuese superior al de las demás localidades de la región.
Cuestiones como si era más conveniente ejecutar a los indígenas o someterlos a la esclavitud, eran rápidamente respondidas por las autoridades nacionales y se actuaba, prontamente, en consecuencia.
Pero así como la ley que restringía el consumo de alcohol había terminado con su pulpería, otro evento atentaría contra el emprendimiento de Postal: la instalación de las líneas de telégrafos.
Irónicamente, un año después de la inauguración de las oficinas del Junín’s pony express, la línea telegráfica entre la ciudad y Morse, valiéndose de un código homónimo, hizo que no se utilizaran más las misivas.
El negocio de los caballos estaba destruido.
Un peón de “Las Catalinas” vi a Postal cortando un cable de la línea telegráfica que iba a Las Parvas. El caso fue a juicio, pero Matildo fue sobreseído por falta de pruebas. Y la sucursal, finalmente, cerró.
Pero Postal era de esos hombres a los que jamás se los vio trabajar, en el sentido físico del mismo. Siempre estuvo en emprendimientos que resultaban en grandes promesas y pocos esfuerzos. Y muy pronto halló otro proyecto.
El gobierno chino tenía un plan para cubrir toda América con una red de comercios minoristas y, así, disminuir su población enviando ciudadanos al continente. Postal se enteró de ello en un burdel de Balvanera, durante una visita a Buenos Aires.
Una noche conoció ahí a Lee Weng Yin, el agregado comercial de la embajada de China en Argentina. El oriental, pasado de copas, le confesó el proyecto. Prontamente Postal se mostró interesado y se postuló como representante local del mismo. El chino aceptó inmediatamente, más por su estado de ebriedad que por las aptitudes de Matildo.
Fue así que, luego de adquirir el local donde los hermanos Narbondo tenían un comercio, se instaló, frente a la plaza principal, el “Almacén de ramos generales Quierecaja”. Una prueba piloto mandarín, donde se vendían productos de variada índole a precios módicos.
El negocio al comienzo funcionó bien. Pero con el paso del tiempo los productos comenzaron a generar cierta desconfianza en los clientes. Las botas de potro se descosían al quinto paso, los aperos hacían que los caballos doblaran para el lado contrario y los alambres perdían sus púas ante el más mínimo chubasco.
Las ventas comenzaron a bajar y el negocio, prontamente, estuvo al borde de la quiebra.
Al darse cuenta de ello, Postal, en una hábil maniobra comercial, les vendió el almacén a los hermanos Basterreix y unos socios, quienes lograron darle un giro comercial y lo sacaron a flote.
Sobre Postal no hay muchos más datos en los registros. Algunos dichos indican que logró hacer una pequeña fortuna realizando malabares en un paso a nivel de la ruta ocho en Venado Tuerto. 


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