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Malvinas: Los cañones de Junín en las Islas

El rol del entonces Grupo de Artillería 101 en el conflicto de 1982. Cómo lo vivieron los soldados clase ´62 y ´63. Testimonios reunidos en un libro cuya elaboración estuvo a cargo del G.A. 10. Los repuestos fabricados en los talleres ferroviarios y el aporte de industriales locales.




En 2012, a treinta años de la Guerra de Malvinas, el Grupo de Artillería 10 edita el libro "Así combatimos. La historia de los cañones de Junín en la Guerra de Malvinas", Es publicado por Ediciones de las Tres Lagunas y el mismo constituye uno de los documentos gráficos más completos del rol cumplido por la unidad militar, entonces Grupo de Artillería 101, en las islas Malvinas durante el conflicto de 1982.

El cañón utilizado en Malvinas es el Cañón Modelo Argentino de 155 milímetros -diámetro del tubo cañón- pieza de artillería desarrollada en nuestro país. Su peso es de 8.200 kilogramos , mientras que su cadencia de tiro es de 1 disparo por minuto. Posee un alcance máximo de 20 mil metros  con munición normal, mientras que con una de tipo especial puede llegar hasta los 24 mil metros (24 kilómetros).

Fue diseñado en la década de 1970 por el Centro de Investigaciones Tecnológicas (CITEFA) a partir de otra pieza de artillería de origen francés: el cañón autopropulsado AMX Mk F 3 de calibre 155 mm. En el año 1977, el Grupo de Artillería 101 reemplazó sus viejos cañones Schneider de 1930 por los flamantes cañones argentinos, siendo ésta la primera unidad del Ejército en recibir tan novedoso material. Su denominación oficial es la de Cañón Argentino Calibre 155 milímetros L 33 aunque por su origen francés se lo llamó desde un principio Sofma -nombre de la empresa francesa que diseñó el cañón que sirvió de modelo-.

La dotación de un cañón es de 12 personas: un jefe de pieza, 10 sirvientes y un conductor del vehículo de remolque. Los sirvientes se identifican con un número y un puesto o rol: apuntador -introduce los datos de tiro en el anteojo de la puntería de la pieza-, tirador, cargador, ayudante de cargador y abastecedor de munición. Este cañón puede disparar hasta seis disparos durante los primeros dos minutos, luego hasta un disparo por minuto. Esta es la denominada"cadencia de fuego" del arma.
Clase 1962. Fotografía tomada en 1981 durante el período de instrucción inicial. Arrodillados: el primero empezando por la izquierda es Adrián Polo y el que le sigue es Aldo López. Parados: el segundo de la izquierda es Alberto Hidalgo, le siguen Julio Báez, Juan Lucero y Santiago Aníbal Hernández. Al año siguiente, todos ellos irían a la guerra con el G.A. 101
Fotografía de la Batería de Tiro "C" Yatay al inicio del período de instrucción. Esta fue tomada a comienzos de 1981 en el campo de instrucción del cuartel. Muchos de los que aquí aparecen entrarían en combate al año siguiente.
Año 1981. La Batería de Tiro C Yatay desfila y rinde honores frente al palco de autoridades durante una ceremonia militar.


Un grupo de suboficiales posa frente a la Batería de Tiro C "Yatay".
Abril de 2011. Un grupo de veteranos de guerra del G.A. 101 posa en la Plaza de Armas del GA 10 frente a un cañón argentino Sofma Cal. 155mm. De izquierda a derecha Julio Báez, Walter Gómez, Juan Lucero, Aroldo Saralegui y Aldo Darío López.
COMO SE VIVIO LA RECUPERACION DE MALVINAS EN LOS SOLDADOS DEL G.A.101

Oscar Marano (clase 62) quien ya había cumplido su servicio militar obligatorio en el GA 101 se encontraba en su pueblo trabajando. El recuerda ese momento: "El día de la recuperación yo estaba en Banderaló trabajando de albañil y me enteré por una maestra, no sé cómo explicarlo, pero nunca pensé  que podía ir a la guerra".

Así lo recuerda Adrián Polo: "Cuando se recuperan las Islas, yo recuerdo como si fuera hoy, mi madre que ya no está en vida, se acercó a mi cama con un mate en la mano, la noticia y un lagrimón. La vieja presagiaba lo que se venía. Ella sufría. A mí se me ensanchó el pecho de argentinidad sin pensar en otra cosa".

Otro testigo del 2 de Abril, en este caso un oficial, se encontraba entonces destinado en el Liceo Militar "General Paz" de la ciudad de Córdoba. Recuerda el teniente primero Luis Daffunchio: 
"Iba camino al Liceo a eso de las 6.30 hs. porque a las 07.00 hs. había una formación: escuché entonces por la radio una marcha militar lo que me llamó poderosamente la atención. Un periodista eufórico que hablaba de las Islas Malvinas y su recuperación por parte de las fuerzas armadas; yo no lo podía creer, fue como un baldazo de agua fría.

Ya en el Liceo, no había señal o indicio de orden alguna y a medida que llegaban los oficiales comentaban también su sorpresa y eso que ellos estaban en Córdoba en la Brigada Aerotransportada con capacidad de combate y a pesar de ello no tenían ni noticias ni órdenes. Todos nos enteramos por los medios de comunicación.

Fue una gran alegría, no lo voy a negar, por otro lado me salió el deseo imperante de ir a las islas, no a pelear ya que no pensaba que eso derivaría en un conflicto militar. Sólo quería ir para conocer y estar, no me lo quería perder, ya que había estado desplegado durante el conflicto del Beagle en 1978, ahora pasaba esto y quería estar también.

Recuerdo que ese fin de semana lo llamé al teniente coronel Vizzo que habia sido jefe mío el año anterior en Junín para decirle: "si se puede, hay que ir, no deje de llamarme". Pero fue nada más que un comentario que tuve con el que había sido mi jefe, luego de lo cual olvidé por completo la posibilidad de ir.

Mi familia lo tomó con alegría, no recuerdo exactamente lo que dijo mi esposa en ese momento, pero se puso muy contenta al igual que todo el pueblo argentino".

Lo mismo sucedía en la Guarnición Militar de Junín. La noticia sorprendió a todos en el cuartel. Al respecto recuerda el entonces Cabo Primero Liborio: "Cuando recibí la noticia de la recuperación de Malvinas estaba en el cuartel, en el depósito de vestuario y equipo. A las 7.30 entra el jefe de la batería, teniente primero Ferreyra y me dice: "Liborio acabamos de recuperar las Malvinas y entramos en guerra con los ingleses". Fue difícil de digerir pero éramos profesionales "o casi" ya que en mi caso tenía muy poca antigüedad, pero sentía que había llegado la hora de poner en práctica todo lo que nuestro querido Ejército Argentino nos había enseñado.

Creo que la mayoría sentimos honor y grandeza cuando nos enteramos de esto. La argentinidad nos salía hasta por los poros, nos sentíamos felices y se podía escuchar: ahora van a ver estos ingleses quienes somos los argentinos. Aunque nadie nos había dicho nada, estábamos seguro que cruzaríamos, porque sentíamos que contábamos con una unidad con gran poder de fuego".

Más testimonios, esta vez del hoy sargento ayudante Hipólito Parada: "En ese entonces mi jerarquía era la de cabo y mi rol de comandante de jefe de pieza. Ese día estaba como subinstructor del subperíodo básico de los soldados clase ´63. Estábamos en el fondo del cuartel.

En la madrugada del 2 de abril escuchamos por la radio en una emisora AM que las fuerzas armadas habían recuperado las islas Malvinas. Nos empezamos a mirarnos entre nosotros y a decirnos: ¿¡Qué dicen estos!? Están jodiendo!!, pero luego de escuchar el comunicado oficial tomamos un poco más en serio este tema, a partir de las 8, el jefe de unidad ordenó el repliegue del vivac y nos reintegramos a la unidad".

LA MOVILIZACION

Luego de conocer la noticia de la recuperación de Malvinas, todo era incertidumbre. Sin embargo en el GA 101 y desde un principio, las órdenes fueron de preparar el material y equipo para una posible movilización. Esta por fin llegó en la mañana del jueves 15 de abril, cuando los jefes de batería le dijeron a su personal que la unidad se trasladaría por tren hasta la "punta del riel" en San Antonio Oeste, desde allí se continuaría en camiones con los cañones enganchados hasta Comodoro Rivadavia.

Así lo recuerda el entonces teniente coronel Norberto Adrián La Valle, quien era en 1982 el jefe del Grupo de Artillería 101:

"Se recibió la orden de alistarse para ser transportado por tren hasta la terminal de San Antonio Oeste, para luego seguir viaje por tierra en propios medios hasta Comodoro Rivadavia, para ser embarcados a las Islas Malvinas. Debía elevarse el pedido de medios ferroviarios, confeccionando el plan de transporte ferroviario y elevarlo con los pedidos correspondientes.

Se tomó contacto con el Comando del Cuerpo para solicitar apoyos y medidas a adoptar, considerando que recién terminábamos de incorporar y los soldados clase ´63 no habían recibido absolutamente nada de instrucción y en un arma eminentemente técnica como la artillería, no se puede improvisar y menos para ir a una guerra...Luego de hablar con el Comandante de Artillería del Cuerpo (con asiento en Junín), empezamos a adoptar las medidas necesarias para colocar a la unidad en las mejores condiciones de combate. Es así como procedí a convocar a la reincorporación como voluntarios a los ex soldados conscriptos de la clase anterior, que acudieron en demasía, junto a algunos de clases anteriores y que junto a personal de cuadros de la reserva pudimos organizar la unidad de acuerdo a lo que marcaba el cuadro de organización del Grupo de Artillería.

Por suerte, al iniciarse el conflicto, la unidad tenía todos los cañones operables y mejorado. Esto se había hecho en los mismos talleres del ferrocarril de la ciudad de Junín. También se repararon a nuevo las cocinas rodantes y los carros aguateros".

El personal comenzó a preparar su equipo con lo que había en la unidad, a excepción de un casquete de abrigo y un par de botas de combate reforzadas, los cuales, junto con una campera de abrigo israelí denominada "douvet", fueron provistas a todo el Grupo de Artillería. También fueron reforzadas las baterías con más armamento portátil. Así lo dice el mismo La Valle: "Se logró conseguir por medios reglamentarios, equipamiento para zona de montaña, además de fusil FAL PARA (*) en reemplazo de las pistolas de servicio de pieza, mejores para la defensa de la posición. A su vez, cada dos piezas se dispuso una ametralladora MAG y un lanzacohetes".

El sargento ayudante Garnica prestaba servicios en el GA 101 como mecánico de artillería. No era artillero, sino un especialista, cuya tarea consistía en mantener operables los cañones de la unidad. Para ello tenía un taller en el área logística del cuartel. El mismo recuerda los preparativos:

"La orden de prepararnos para marchar al sur nos encontró con algunos repuestos que considerábamos esenciales, totalmente agotados, en especial los percutores y algunos componentes del alojamiento para el estopín.

Estos repuestos eran siempre los que nos traían problemas, ya que la pólvora al entrar en combustión producía altas temperaturas que inclusive se transmitían por el canal de fuego que era donde estaba el estopín, el cual se derretía y se terminaba soldando a los componentes que tenía alrededor. Contar con esas piezas de repuesto era muy importante.

La solución la tuvimos por parte del personal de los talleres del ferrocarril de Junín. Recuerdo que con la autorización de nuestro jefe de unidad tomamos contacto con el responsable de estos talleres, el señor Pedro Mendiburu. Este facilitó tanto las instalaciones como así también el personal para confeccionar los repuestos que necesitábamos y que más tarde llevaríamos al sur y a la guerra misma.

Cabe mencionar que los repuestos fabricados en estos talleres fueron utilizados con total éxito.

Hubo otros ciudadanos que nos ayudaron a prepararnos para ir a la guerra, entre ellos el señor Rodolfo Mascheroni, dueño de "Distribuidora Soldadura Junín", quien nos dió varios tubos de nitrógeno para atender las necesidades de los cañones".

Asimismo recuerda Liborio: "Con mis soldados auxiliares nos abocamos a la tarea de preparar los equipos para los oficiales, suboficiales y soldados. Recibimos equipo adicional que nos permitió reforzar lo que nuestra gente llevaba: una manta más, calzoncillos largos, medias de lana, guantes, camiseta de abrigo, una campera douvet y un casquete de abrigo con orejeras; a este último elemento le pusieron un nombre que nos causaba risa: Panoca, es decir, para no cagarse de frío".

Mientras que los efectivos del Grupo de Artillería 101 iniciaban los preparativos para la pronta movilización, la clase ' 62 era nuevamente convocada. Al respecto, dice el teniente coronel La Valle: "Esta movilización de la unidad trascendió de inmediato a la población, dada la presentación de los voluntarios y la gran cantidad de personas que querían colaborar e incorporarse, pero completado el cuadro de organización, no se aceptaron más voluntarios.

Sólo se aceptó a los conductores de camiones semirremolque que habían sido requisados (aproximadamente 10) para trasladar a la totalidad de la munición de artillería y armas portátiles disponibles. Estos accedieron a transportar tan peligrosa carga, lo cual me dio la seguridad de que los camiones que transportaba explosivos, fueran conducidos por expertos conductores".


Las cédulas de llamada fueron enviadas a toda la ciudad y localidades aledañas. Se comunicó a todos los destacamentos policiales y militares que se hiciera correr la voz sobre la presentación voluntaria inmediata de los soldados de la clase 1962.

Durante los días lunes 12 y martes 13 hubo un clima de algarabía entre los camaradas que después de unos meses se volvían a encontrar para ponerse al servicio de la Patria. Hubo abrazos, saludos y recuerdos entre los soldados y cuadros que durante un año habían vivido y trabajado juntos.

Así lo recuerda el soldado conscripto clase ´62, Adrián Polo: "Estando de baja me llega una cédula de reincorporación. Vuelvo de inmediato al cuartel junto a todos mis compañeros. En esos momentos, mientras me reintegran a la Batería sufro un virus intestinal muy fuerte. Caí en cama con fiebre y me alojaron en la enfermería. Pasó un día o dos y me entero que la batería C salía rumbo al sur. Recuerdo que me levantaba desautorizando al médico y le dije que necesitaba presentarme ante el entonces jefe teniente Ferreira. Fue así que solicité parte y ante su permiso le pedí que me permitiera alistarme porque no quería quedarme en Junín viendo a mis compañeros viajando al sur. Era una cuestión de orgullo.

Ferreira me felicitó por mi decisión y me mandó a la sala de armas y a buscar toda la ropa, armar la mochila y allí alistarme".

(*) FAL PARA: Es similar al FAL pero su culata es rebatible, siendo más liviano y fácil para transportar en vehículos. Normalmente es utilizado por las tropas paracaidistas, o bien blindadas y mecanizadas.

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