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EVA PERON, LA MUJER, EL MITO, LA LEYENDA

María Eva Duarte de Perón (Los Toldos,7 de mayo de 1919 - Buenos Aires, 26 de julio de 1952), conocida como Evita, fue una actriz y política argentina.
Como primera dama, esposa del presidente Juan Domingo Perón, promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer, entre ellos el sufragio femenino y realizó una amplia obra social desde la Fundación Eva Perón.

Nacimiento


En el mapa, posibles lugares de nacimiento de Eva Perón: la ciudad de Junín o el campo La Unión, 60 km al sur y a 20 km de Los Toldos.
Evita (derecha) cuando tenía dos años y sus hermanos.  1921.
Según el acta n.º 728 del Registro Civil de Junín (provincia de Buenos Aires), allí nació el 7 de mayo de 1922 una niña con el nombre de María Eva Duarte. Sin embargo existe unanimidad en los investigadores para sostener que esa acta es falsa y que fue realizada a instancias de la propia Eva Perón en 1945, cuando estuvo en Junín para contraer matrimonio con el entonces coronel Juan D. Perón.
En 1970 los investigadores Borroni y Vaca comprobaron que la partida de nacimiento de Evita había sido falsificada. Fue necesario establecer entonces la fecha y el lugar en los que efectivamente había nacido. Para ello el documento más importante fue el acta de bautismo de Eva, que se encuentra registrado en el folio 495 del Libro de Bautismos correspondiente al año 1919 de la Capellanía Vicaria de Nuestra Señora del Pilar, realizada el 21 de noviembre de 1919.
Casa natal de Eva en Los Toldos, hoy Museo.
Hoy se acepta de modo prácticamente unánime que Evita realmente nació tres años antes, el 7 de mayo de 1919, con el nombre de Eva María Ibarguren. En cuanto al lugar de nacimiento, algunos historiadores han escrito erróneamente que Evita nació en el casco urbano de Los Toldos, pero se trata de un simple error proveniente del hecho de que pocos años después del nacimiento la familia se instaló en el pueblo. Esa casa, en la que se instaló la familia en la calle Francia (actual Eva Perón), es actualmente el Museo Municipal Solar Natal de María Eva Duarte de Perón.
Sobre el lugar de nacimiento las posibilidades que manejan los historiadores son dos:
Nacimiento en el campo La Unión frente a los toldos de Coliqueo. Algunos historiadores consideran que Eva Perón nació en el campo La Unión en el área de Los Toldos, exactamente en frente a la toldería de Coliqueo que originó el asentamiento, en la zona conocida por ese motivo como La Tribu. Este lugar se encuentra a unos 20 km del pueblo de Los Toldos y a 60 km al sur de la ciudad de Junín. 
El campo era propiedad de Juan Duarte y allí vivió la familia de Eva al menos desde 1908 hasta 1926. Los historiadores Borroni y Vacca dieron origen a esta hipótesis y determinaron que la comadrona mapuche Juana Rawson de Guayquil, fue quien habría asistido a la madre en el parto, al igual que con todos sus otros hijos.
Nacimiento en la ciudad de Junín. Otros historiadores sostienen esta hipótesis, apoyada en los testimonios de testigos. Según ellos, Evita habría nacido efectivamente en Junín debido a que, por problemas con el embarazo, su madre debió trasladarse a la ciudad de Junín para recibir mejor atención. 
En la época del nacimiento de Evita era habitual que las mujeres con embarazos problemáticos del área de influencia de Junín se trasladaran allí en búsqueda de una mejor atención médica, y que sigue siendo así en muchos casos en la actualidad. 
De acuerdo a esta hipótesis, investigada principalmente por los historiadores juninenses Roberto Dimarco y Héctor Daniel Vargas, con los correspondientes testimonios de testigos, Eva habría nacido en una vivienda ubicada en la actual calle Remedios Escalada de San Martín 82 (en aquella época la calle se llamaba José C. Paz) siendo asistido el parto por una obstetra universitaria llamada Rosa Stuani. 
Al poco tiempo se habrían trasladado al domicilio ubicado en Lebensohn 70 (originalmente la calle era San Martín), hasta que la madre se repuso totalmente.

Su familia

Eva fue hija de Juan Duarte y Juana Ibarguren, anotada como Eva María Ibarguren (partida modificada durante el gobierno de Edelmiro J. Farrell y antes de contraer matrimonio con Juan Perón, modificando su apellido por Duarte y sus dos nombres invertidos en el orden).
Juan Duarte (1872-1926), conocido como el Vasco por los vecinos, era un estanciero e importante político conservador de Chivilcoy, una ciudad cercana a Los Toldos. Algunos estudiosos consideran que era un descendiente de inmigrantes franceses de apellido D'Huarte, Uhart o Douart. En la primera década del siglo XX, Juan Duarte fue uno de los beneficiados con las maniobras fraudulentas que comenzó a implementar el gobierno para quitarle la tierra a la Comunidad Mapuche de Coliqueo en Los Toldos, apropiándose de la estancia en la que nació Eva.
Juana Ibarguren (1894-1971) era hija de la puestera criolla Petrona Núñez y del carrero Joaquín Ibarguren. Aparentemente tenía poca relación con el pueblo, ubicado a 20 km, y por eso se sabe poco de ella, pero debido a la cercanía de su casa con la toldería de Coliqueo tenía estrecho contacto con la Comunidad mapuche de Los Toldos. En todos los partos de sus hijos fue asistida por una comadrona india que se llamaba Juana Rawson de Guayquil.
Juan Duarte, el padre de Eva, mantenía dos familias, una legítima en Chivilcoy con su esposa legal Estela Grisolía y otra ilegítima, en Los Toldos, con Juana Ibarguren. Se trataba de una costumbre generalizada en el campo, para los hombres de clase alta, antes de los años cuarenta que aún es frecuente en algunas zonas rurales del país. Juntos tuvieron cinco hijos, pero Juan Duarte no reconoció a ninguno de ellos:
Blanca (1908-2005).
Elisa (1910-1967).
Juan Ramón, Juancito (1914-9 de abril de 1953).
Erminda Luján (1916-).
Eva María (1919-1952).
Eva viviría en el campo hasta 1926, fecha en la que el padre falleció y la familia quedó desprotegida completamente, debiendo abandonar la estancia en la que vivían. Estas circunstancias de su niñez, en las condiciones de discriminación de los primeros años del siglo XX, marcaron profundamente a Eva.
En aquella época la ley argentina establecía una serie de calificaciones infames para las personas si sus padres no habían contraído matrimonio legal, genéricamente llamados «hijos ilegítimos».
Una de esas calificaciones era la de «hijo adulterino», circunstancia que se hacía constar en la partida de nacimiento de los niños.
Ese era el caso de Evita, quien en 1945 logró que se destruyera su partida de nacimiento original para eliminar esa tacha infamante.
Una vez en el gobierno, el peronismo en general y Evita en particular, impulsarían avanzadas leyes antidiscriminatorias para igualar a las mujeres con los varones y a los niños entre sí, sin importar la naturaleza de las relaciones entre sus padres, proyectos que fueron muy resistidos por la oposición, la Iglesia y las Fuerzas Armadas.
Finalmente en 1954, dos años después de su muerte, el peronismo logró sancionar una ley eliminando las discriminaciones más infamantes (hijos adulterinos, sacrílegos, mánceres, naturales, etc.), aunque manteniendo la diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos. El propio Perón, con quien se casaría, había sido registrado como «hijo ilegítimo».

La infancia en Los Toldos

El 8 de enero de 1926 falleció su padre en un accidente automovilístico en Chivilcoy. La familia entera viajó a esa ciudad para asistir al velatorio, pero la familia legítima le prohibió la entrada en medio de un gran escándalo. Gracias a la mediación de un hermano político del padre, quien era por entonces intendente de Chivilcoy, pudieron acompañar el cortejo hasta el cementerio y asistir al entierro.
Para Evita el hecho tuvo una honda significación emocional vivenciado como una suma de injusticias. Con sólo seis años, Eva había tenido escaso contacto con su padre. Esta secuencia de acontecimientos tiene una gran importancia en el musical de Andrew Lloyd Webber y la película realizada sobre el mismo.
Ella misma hará alusión a ello en La razón de mi vida:
"Para explicar mi vida de hoy, es decir lo que hago, de acuerdo con lo que mi alma siente, tuve que ir a buscar, en mis primeros años, los primeros sentimientos... He hallado en mi corazón, un sentimiento fundamental que domina desde allí, en forma total, mi espíritu y mi vida: ese sentimiento es mi indignación frente a la injusticia. Desde que yo me acuerdo cada injusticia me hace doler el alma como si me clavase algo en ella. De cada edad guardo el recuerdo de alguna injusticia que me sublevó desgarrándome íntimamente".
Muerto Juan Duarte, la familia de Eva quedó completamente desprotegida y Juana Ibarguren debió trasladarse con sus hijos a Los Toldos, habitando la pequeña casa de dos ambientes ubicada en las afueras del pueblo en la calle Francia 1021, donde comenzó a trabajar como costurera para mantener a sus hijos.
Los Toldos, de allí su nombre, era originalmente una toldería mapuche, es decir un pueblo indígena. Específicamente allí se encontraba la comunidad mapuche de Coliqueo, instalada allí después de la batalla de Pavón (1861), por el legendario Lonco y coronel del Ejército Argentino Ignacio Coliqueo (1786-1871), quien procedía del sur de Chile. Entre 1905 y 1936 se desarrolló en Los Toldos una serie de argucias legales destinadas a excluir al pueblo mapuche de la propiedad de la tierra. Poco a poco, los indígenas fueron siendo desplazados como propietarios por estancieros no indígenas. Juan Duarte, el padre de Eva, fue uno de ellos y por esa razón la estancia en la que Eva nació se encontraba precisamente frente a la toldería de Coliqueo.
La comunidad mapuche fue siempre un componente importante de la población de Los Toldos. Al comenzar el siglo XXI, el 30% de las tierras de la zona de Los Toldos ha permanecido como propiedad mapuche.
Durante la infancia de Evita (1919-1930), los Toldos era una pequeña población pampeana, de tipo rural, vinculada a la actividad agro-ganadera, específicamente trigo, maíz y ganado vacuno. La estructura social estaba controlada por el estanciero, propietario de grandes extensiones de tierra, que establecía relaciones de tipo servil con los peones de campo y con los arrendatarios. El tipo básico de trabajador en esa zona era el gaucho.
La muerte del padre agravó seriamente la situación económica de la familia. Al año siguiente Eva ingresó a la escuela primaria, la que cursó con dificultades, debiendo repetir el segundo grado en 1929, cuando contaba con 10 años. Sus hermanas han contado que ya por entonces gustaba de mostrar su gusto por la declamación dramática y sus habilidades como malabarista. Por su cara aindiada Eva recibiría el sobrenombre de Chola, por el que la llamaban entonces casi todos, al igual que Negrita, que mantendría toda su vida.

La adolescencia en Junín

Casa ubicada en Roque Vázquez 86, en Junín, donde vivió Eva a principios de los años 30.
En 1930 Juana, su madre, decidió mudar a la familia a la ciudad de Junín. Evita tenía por entonces 11 años. Allí la familia Duarte comenzó a prosperar sobre la base del trabajo de Juana, y sus hijos Elisa, Blanca y Juan. Erminda ingresó en el Colegio Nacional y Evita en tercer grado, en la Escuela n.º 1 «Catalina Larralt de Estrugamou» de la que egresaría con su educación primaria completa en 1934, cuando contaba 15 años.
La primera casa en la que se instalaron aún existe, y está ubicada en la calle Roque Vázquez 86. A medida que la situación económica de la familia fuera mejorando debido al trabajo de los hijos mayores, sobre todo el de Juan como vendedor de la empresa de artículos de tocador Guereño, los Duarte se mudarían primero a una casa más amplia en Lavalle al 200 (1932), donde Juana organizó un comedor hogareño para el almuerzo, luego se mudaron a Winter 90 (1933) y finalmente a Arias 171 (1934).
En Junín afloró la vocación artística de Eva. En la escuela, donde tenía grandes dificultades para seguir los programas escolares, se destacaba abiertamente por la pasión que mostraba por la declamación, la actuación y la participación en cuanto espectáculo se organizase en la escuela, en el Colegio Nacional, en el cine del pueblo o en las audiciones radiales.
Su amiga y compañera de colegio Delfina Ruiz recuerda: "A Eva le gustaba recitar, a mí cantar. En aquel entonces, don Primo Arini tenía una casa de música y, como no había radio en el pueblo, colocaba un parlante en la puerta frente a su negocio. Una vez por semana, de 19 a 20 horas, invitaba a desfilar a los valores locales para animar el programa La hora selecta. Eva recitaba poemas".
Foto escolar del 5º Grado en el que se encontraba Eva Duarte, 1933. Eva está sentada a la izquierda.
Allí fue donde participó por primera vez en una obra de teatro, una realización estudiantil llamada "Arriba estudiantes". También actuaría en otra obrita teatral, "Cortocircuito", con el fin de recaudar fondos para una biblioteca escolar. En Junín, Eva utilizó por primera vez un micrófono y escuchó su voz saliendo de altoparlantes.
En esta época Eva muestra también sus condiciones para el liderazgo, acaudillando a uno de los grupos de su grado. El 3 de julio de 1933, día de la muerte del ex presidente Hipólito Yrigoyen, derrocado tres años antes por un golpe de Estado, Eva fue a la escuela con un moño negro sobre el guardapolvo.
Ya por entonces Eva soñaba con ser actriz y migrar a Buenos Aires. Su maestra Palmira Repetti recuerda:
"Una jovencita de 14 años, inquieta, resuelta, inteligente, que tuve por alumna allá por 1933. No le gustaba la matemática. Pero no había nadie mejor que ella cuando se trataba de intervenir en las fiestas del colegio. Tenía fama de ser excelente compañera. Era una gran soñadora. Tenía intuición artística. Cuando terminó la escuela vino a contarme sus proyectos. 
Me dijo que quería ser actriz y que tendría que irse de Junín. En esa época no era muy común que una muchachita provinciana decidiera ir a conquistar la capital. Sin embargo yo la tomé muy en serio, pensando que le iría bien. Mi seguridad era, sin ninguna duda, contagio de su entusiasmo. Comprendí con los años que la seguridad de Eva era natural. Emanaba de cada uno de sus actos. Recuerdo que ella se inclinaba por la literatura y la declamación. Se me escapaba de clase cuantas veces podía para recitar delante de los alumnos de otros grados. Con sus lindos modos se compraba a las maestras y obtenía permiso para actuar frente a otros chicos" ("Historias, anécdotas y testimonios", documentos sobre Eva Duarte de Perón).
Terminó la primaria, pasó en familia las fiestas de Navidad y Año Nuevo, y el 2 de enero de 1935, Evita, con tan solo 15 años, migró definitivamente a Buenos Aires.
En un fragmento de La Razón de mi vida, Eva cuenta cuáles eran sus sentimientos en ese momento:
"En el lugar donde pasé mi infancia los pobres eran muchos más que los ricos, pero yo traté de convencerme de que debía de haber otros lugares de mi país y del mundo en que las cosas ocurriesen de otra manera y fuesen más bien al revés. Me figuraba por ejemplo que las grandes ciudades eran lugares maravillosos donde no se daba otra cosa que la riqueza; y todo lo que oía yo decir a la gente confirmaba esa creencia mía. Hablaban de la gran ciudad como de un paraíso maravilloso donde todo era lindo y extraordinario y hasta me parecía entender, de lo que decían, que incluso las personas eran allá "más personas" que las de mi pueblo".
La película Evita y algunas biografías sostienen que Eva Duarte viajó en tren a Buenos Aires con el famoso cantor de tango Agustín Magaldi, después de que este realizara una presentación en Junín. Sin embargo, los biógrafos de Eva, Marysa Navarro y Nicholas Fraser, han destacado que no hay registros de que Magaldi haya cantado en Junín en 1934 y su hermana relata que Eva viajó a Buenos Aires acompañada de su madre, quien permaneció con ella hasta que obtuvo un empleo.

Llegada a Buenos Aires y carrera como actriz

Primera portada de Eva, Revista Sintonía, 25 de octubre de 1939, con Alberto Vila.
Eva Duarte era una adolescente cuando llegó a Buenos Aires el 3 de enero de 1935 con quince años. Ella fue parte de un gran proceso migratorio interno que comenzó después de la crisis económica de 1929. Esta gran migración, en la historia argentina, tuvo como protagonistas a los llamados cabecitas negras, un término despectivo y racista utilizado por las clases media y alta de Buenos Aires para referirse a esos migrantes no europeos, diferentes de los que habían caracterizado la inmigración en Argentina hasta ese entonces. La gran migración interna de las décadas de 1930 y 1940 y los llamados cabecitas negras constituyeron la mano de obra que requería el desarrollo industrial en Argentina y fueron la base social del peronismo a partir de 1943.
A poco de llegar Eva Duarte obtuvo un empleo para actuar en un papel secundario en la compañía teatral de Eva Franco, una de las principales de la época. El 28 de marzo de 1935 debutó profesionalmente en la obra La señora de los Pérez, en el Teatro Comedias. Al día siguiente el diario Crítica realizó el primer comentario público que se conoce sobre Evita: "Muy correcta en sus breves intervenciones Eva Duarte".
Durante los siguientes años Eva transitará un camino de escaseces y humillaciones, viviendo en pensiones baratas, y actuando intermitentemente para las compañías de teatro. Su compañía principal en Buenos Aires fue su hermano Juan Duarte, Juancito, cinco años mayor que ella, el hombre de la familia, con quien mantuvo siempre una estrecha relación y que también había migrado a la capital pocos meses antes de que lo hiciera Eva.
En 1936 fue contratada por la Compañía Argentina de Comedias Cómicas liderada por Pepita Muñoz, José Franco y Eloy Alvárez para realizar una gira de cuatro meses por Rosario, Mendoza y Córdoba. Durante esta gira, Eva aparece brevemente mencionada en una crónica del diario La Capital de Rosario del día 29 de mayo de 1936, comentando el estreno de la obra Doña María del Buen Aire de Bayón y Herrera, una comedia sobre primera fundación de Buenos Aires:
Completaron con acierto el espectáculo Oscar Soldatti, Jacinto Aicardi, Alberto Rella, Fina Bustamante y Eva Duarte.
El domingo 26 de julio, el mismo diario La Capital de Rosario publicó su primera foto pública conocida, con el siguiente epígrafe: "Eva Duarte, joven actriz que ha logrado destacarse en el transcurso de la temporada que hoy termina en el Odeón".
En estos primeros años de sacrificios Eva estableció una estrecha amistad con otras dos por entonces oscuras actrices como ella, Anita Jordán y Josefina Bustamente, que mantuvo por el resto de su vida. Eva es recordada por la gente que la conoció entonces como una jovencita morocha, muy flaca y débil, que tenía el sueño de convertirse en una actriz importante, con una gran alegría, fuerza y sentido de la amistad y la justicia.
Pierina Dealessi, una actriz e importante empresaria teatral que contrató a Eva en 1937 recuerda: "Conocí a Eva Duarte en 1937. Ella se presentó tímidamente: quería dedicarse al teatro. Vi una cosita tan delicadita que le dije a José Gómez, representante de la compañía donde yo era empresaria, que le diera ubicación en el elenco. Era una cosita tan etérea, que le pregunté: ¿Damita joven, verdad? Su respuesta afirmativa sonó muy baja, tímidamente. Estábamos haciendo la obra Una boîte rusa; la probé y me pareció buena. 
En sus primeras actuaciones decía pequeños parlamentos, pero jamás hizo bolos. En la escena, que representaba una boîte, Eva tenía que aparecer con otras chicas, bien vestida. Su figura era monísima. La chica se llevaba bien con todos. Tomaba mate con sus compañeras. Lo preparaba en mi camarín. Ella vivía en pensiones, era muy pobre, muy humilde. Venía temprano al teatro, charlaba con todos, reía, compraba bizcochitos. Yo la veía tan delgadita, tan débil que le decía: ¡Tenés que cuidarte, comer mucho, tomá mucho mate que eso te hace muy bien! Y yo le ponía leche al mate"
Lentamente Eva fue logrando un cierto reconocimiento, participando primero en películas como actriz de segunda línea, también como modelo, apareciendo en la tapa de algunas revistas de espectáculos, pero sobre todo comenzó una carrera exitosa como locutora y actriz de radioteatros. En agosto de 1937 obtuvo su primer papel en un radioteatro. La obra, que se transmitía por Radio Belgrano, se llamaba Oro blanco y estaba ambientada en la vida cotidiana de los trabajadores del algodón en el Chaco.
El destacado actor Marcos Zucker, compañero de trabajo de Eva cuando recién se iniciaban, recuerda aquellos años del siguiente modo: "Conocí a Eva Duarte en 1938, en el Teatro Liceo, mientras trabajábamos en la obra "La gruta de la Fortuna". La compañía era de Pierina Dealessi y actuaban Gregorio Cicarelli, Ernesto Saracino y otros. Ella tenía la misma edad que yo. 
Era una muchacha con ganas de sobresalir, agradable, simpática y muy buena amiga de todos, especialmente mía, porque después, cuando tuvo oportunidad de hacer radioteatro en Los jazmines del ochenta, me llamó para trabajar con ella. Desde la época en que la conocía en el teatro y ahora que hacía radio se produjo en Eva una transformación. Ya se calmaban sus ansiedades artísticas, estaba más aplacada, con menos tensiones. En la radio era una damita joven, cabeza de compañía. Sus audiciones tenían mucha audiencia, andaban muy bien. Ya comenzaba a tener popularidad como actriz. 
A pesar de todo lo que se dice por allí, los galanes teníamos poco trato, dentro del teatro, con las chicas. Sin embargo, yo era muy amigo de ella y guardo muy buenos recuerdos de aquel período de nuestras vidas. Los dos estábamos en la misma porque recién empezábamos y necesitábamos sobresalir, abrirnos camino".
A fines de 1938, con 19 años, Eva logró encabezar el elenco de la recién creada Compañía de Teatro del Aire junto a Pascual Pelliciotta, otro actor que como ella había trabajado durante años en papeles secundarios. El primer radioteatro que puso en el aire la compañía fue Los jazmines del ochenta, de Héctor P. Blomberg, por Radio Mitre, de lunes a viernes.
Simultáneamente comenzó a actuar más asiduamente en películas como ¡Segundos afuera! (1937), El más infeliz del pueblo, con Luis Sandrini, La carga de los valientes y Una novia en apuros en 1941.
En 1941 la compañía puso en el aire el radioteatro Los amores de Schubert, de Alejandro Casona, por Radio Prieto.
En 1942 dio el salto definitivo a la estabilidad económica al ser contratada por la Compañía Candilejas, auspiciada por la empresa Jabón Radical, que difundiría todas las mañanas por Radio El Mundo un ciclo de radioteatros. 
Ese mismo año Eva fue contratada por cinco años para realizar diariamente por la noche, un radioteatro llamado Grandes mujeres de todos los tiempos, en el que se dramatizaban las vidas de mujeres famosas. Se transmitió por Radio Belgrano y se hizo sumamente popular. Muñoz Azpiri, el libretista, sería quien años después le escribiría sus primeros discursos políticos. Radio Belgrano, por entonces estaba dirigida por Jaime Yankelevich quien tendría un papel fundamental en la creación de la televisión argentina.
Entre el radioteatro y las películas Eva finalmente logró una situación económica estable y cómoda. De este modo, en 1942 pudo abandonar las pensiones y comprarse su propio departamento, frente a los estudios de Radio Belgrano, ubicado en el exclusivo barrio de Recoleta, en la calle Posadas 1567, el mismo donde tres años después comenzaría a vivir con Juan D. Perón.
El 3 de agosto de 1943 Eva comenzó también a actuar sindicalmente y fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.

El peronismo

En los primeros días de 1944 Eva conoció a Juan Perón. En esa época la Argentina atravesaba un momento crucial de transformaciones económicas, sociales y políticas.
La situación política y social en 1944: Económicamente, el país en los años anteriores había cambiado completamente su estructura productiva debido a un gran desarrollo de la industria. En 1943 la producción industrial había superado a la producción agropecuaria por primera vez.
Socialmente, el país estaba viviendo una gran migración interna, del campo a la ciudad, empujada por el desarrollo industrial. Ello llevó a un amplio proceso de urbanización y un notable cambio de la población en las grandes ciudades, especialmente Buenos Aires debido a la irrupción de un nuevo tipo de trabajador y trabajadora no europeos. 
Fueron llamados despectivamente cabecitas negras por las clases medias y altas, debido a que usualmente tenían el pelo, la piel y los ojos más oscuros que el de algunos inmigrantes europeos. La gran migración interna se caracterizó también por la presencia de una gran cantidad de mujeres buscando ingresar al nuevo mercado de trabajo asalariado que estaba creando la industrialización.
Políticamente, el país vivía una crisis profunda de los partidos políticos tradicionales que habían convalidado un sistema corrupto y abiertamente fraudulento fundado en el clientelismo. 
Ese período es conocido en la historia argentina como Década Infame (1930-1943) y fue dirigido por una alianza conservadora conocida como La Concordancia. Ante la corrupción escandalosa del gobierno conservador el 4 de junio de 1943 se produjo un golpe de Estado militar que abrió un confuso período de reorganización y realineamiento de las fuerzas políticas. Al producirse el golpe militar el teniente coronel Juan D. Perón, de 47 años, era un integrante de la tercera fila del nuevo gobierno.
En 1943, poco tiempo después de comenzado el gobierno militar, un grupo de sindicatos mayoritariamente socialistas y sindicalistas revolucionarios, encabezados por el dirigente sindical socialista Ángel Borlenghi, tomó la iniciativa de establecer contactos con oficiales jóvenes que tuvieran simpatía por los reclamos de los trabajadores. Del lado militar, fueron los coroneles Juan Perón y Domingo Mercante quienes encabezaron el grupo militar que resolvió hacer una alianza con los sindicatos para impulsar el programa histórico que el sindicalismo argentino venía proponiendo desde 1890.
La alianza militar-sindical encabezada por Perón y Borlenghi fue imponiendo grandes conquistas laborales (convenios colectivos, Estatuto del Peón de Campo, jubilaciones, etc.) y ganando en consecuencia un apoyo popular que le permitió comenzar a ocupar posiciones importantes en el gobierno. El primer cargo lo obtuvo precisamente Perón, cuando fue designado al frente del insignificante Departamento de Trabajo. Poco después obtenía que el departamento fuera elevado a la importante jerarquía de Secretaría de Estado.
Paralelamente al avance de las conquistas sociales y laborales obtenidas por el grupo sindical-militar dirigido por Perón y Borlenghi, y al creciente apoyo popular al mismo, comenzó a organizarse también una oposición encabezada por los grupos patronales, militares y estudiantiles tradicionales, con apoyo abierto de la embajada de Estados Unidos, que fue ganando apoyo en la clase media y alta. Este enfrentamiento sería inicialmente conocido como «las alpargatas contra los libros».

Evita y Perón en 1950.

Eva, con 24 años, conoció a Perón, viudo desde 1938, el 22 de enero de 1944 en un acto realizado en el estadio Luna Park por la Secretaría de Trabajo y Previsión con el fin de condecorar a las actrices que más fondos habían recaudado en la colecta de solidaridad con las víctimas del terremoto que asoló la ciudad de San Juan. Las actrices que resultaron primeras fueron Niní Marshall y Libertad Lamarque.
En febrero Perón y Eva ya estaban viviendo juntos en el departamento de esta última, de la calle Posadas.
Eva siguió desarrollando su carrera artística. Por entonces trabajaba en tres programas radiales diarios: Hacia un futuro mejor (10:30), donde difundía las conquistas sociales y laborales que conseguía la Secretaría de Trabajo, el radioteatro Tempestad (18:00) y Reina de reyes (20:30). También actuó en dos películas, La cabalgata del circo, con Hugo del Carril y Libertad Lamarque y La pródiga que no llegó a estrenarse en su época.24
Ese año resultó elegida presidenta de su sindicato, la Asociación Radial Argentina.

El '45

El año 1945 fue clave para la historia argentina. La confrontación entre sectores sociales se agudizó y la oposición entre alpargatas y libros se transformó en peronismo y antiperonismo.
El 8 de octubre a la noche se produjo un golpe de Estado dirigido por el general Eduardo Ávalos que exigió de inmediato y obtuvo la renuncia de Perón al día siguiente. 
Durante una semana los grupos antiperonistas tuvieron el control del país pero no se decidieron a tomar el poder. Perón y Eva permanecieron juntos, circulando por diversas casas, entre ellas la de Elisa Duarte, la segunda hermana de Eva. El 13 de octubre Perón fue detenido en el departamento de la calle Posadas y confinado en la cañonera Independencia, que zarpó hacia la Isla Martín García.
Ese mismo día Perón le escribió una carta a su amigo el Coronel Mercante en la que le menciona a Eva Duarte, llamándola Evita: "Le encargo mucho a Evita, porque la pobrecita tiene sus nervios rotos y me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro, me caso y me voy al diablo".
El 14 de octubre Perón le escribió a Eva una carta desde Martín García en la que le dice entre otras cosas:"
"... Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro, en cuanto salga nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos... ¿Qué me decís de Farrell y de Ávalos? Dos sinvergüenzas con el amigo. Así es la vida... Te encargo le digas a Mercante que hable con Farrell para ver si me dejan tranquilo y nos vamos al Chubut los dos... Trataré de ir a Buenos Aires por cualquier medio, de modo que puedes esperar tranquila y cuidarte mucho la salud. Si sale el retiro, nos casamos al día siguiente y si no sale, yo arreglaré las cosas de otro modo, pero liquidaremos esta situación de desamparo que tú tienes ahora...Con lo que yo he hecho estoy justificado ante la historia y sé que el tiempo me dará la razón. Empezaré a escribir un libro sobre esto y lo publicaré cuanto antes, veremos entonces quién tiene razón..."
Por entonces parecía que Perón había sido definitivamente desplazado de la actividad política y que, en el mejor de los casos, se retiraría con Eva, para vivir en la Patagonia. 
Sin embargo a partir del día 15 de octubre los sindicatos comenzaron a movilizarse para exigir la libertad de Perón, hasta desencadenar la gran manifestación del 17 de octubre que finalizó con su liberación, provocó la recuperación de las posiciones en el gobierno que tenía la alianza militar-sindical y abrió el camino para la victoria en las elecciones presidenciales.
La versión tradicional asignó a Eva Perón un papel decisivo en la movilización de los trabajadores que ocuparon Plaza de Mayo pero actualmente los historiadores coinciden que su intervención en esas jornadas fue muy limitado si es que tuvo alguna.
En ese momento, Eva Duarte aún carecía de identidad política, de contactos en los sindicatos y de apoyo firme en el círculo íntimo de Perón. Los testimonios históricos son abundantes en señalar que el movimiento que liberó a Perón fue organizado directamente por los sindicatos en todo el país y la CGT.
El periodista Héctor Daniel Vargas ha revelado que el 17 de octubre de 1945 Eva Duarte estaba en Junín, seguramente en la casa de su madre, y menciona como prueba un poder firmado por ella ese mismo día en esa ciudad. Al parecer podría haber llegado a Buenos Aires esa tarde.
Como Perón había dicho en sus cartas, pocos días después, el 22 de octubre se casó con Eva en Junín. El acontecimiento ocurrió en la Escribanía Ordiales, que funcionaba en una casona que aún existe en la esquina de Arias y Quintana, en el centro de la ciudad. El escritorio utilizado para confeccionar el acta de matrimonio civil se encuentra actualmente expuesto en el Museo Histórico de Junín.
Dos días después se realizó la ceremonia de matrimonio católico en la iglesia de San Francisco, orden muy apreciada por Eva, en la ciudad de La Plata.

Carrera política

Evita saludando desde el tren, campaña para las elecciones de 1946.
Participación de Eva en la campaña electoral
Eva comenzó abiertamente su carrera política acompañando a Perón, como su esposa, en la campaña electoral con vistas a las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946.
La participación de Eva en la campaña de Perón fue una novedad en la historia política argentina. En aquel momento las mujeres carecían de derechos políticos (excepto en San Juan) y las esposas de los candidatos tenían una presencia pública muy restringida y básicamente apolítica. 
Desde principio de siglo grupos de feministas, entre los que se destacaron personas como Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Elvira Rawson de Dellepiane, habían reclamado sin éxito el reconocimiento de los derechos políticos para las mujeres. En general, la cultura machista dominante consideraba una falta de feminidad que una mujer opinara de política.
Eva fue la primera esposa de un candidato presidencial argentino en estar presente durante su campaña electoral y acompañarlo en sus giras. Según Pablo Vázquez, Perón venía proponiendo desde 1943 que había que reconocer el derecho al voto de las mujeres pero en 1945 la Asamblea Nacional de Mujeres presidida por Victoria Ocampo y otros sectores conservadores se opusieron a que una dictadura otorgara el voto femenino y el lema fue: "Sufragio femenino pero sancionado por un Congreso elegido en comicios honestos" y el proyecto finalmente no logró imponerse.
El 8 de febrero de 1946, pocos días antes de finalizar la campaña, el Centro Universitario Argentino, la Cruzada de la Mujer Argentina y la Secretaría General Estudiantil organizaron un acto en el estadio Luna Park para manifestar el apoyo de las mujeres a la candidatura de Perón. Debido a que Perón no pudo asistir por encontrarse agotado, se anunció que María Eva Duarte de Perón lo reemplazaría en el uso de la palabra. Era la primera vez que Evita hablaría en un acto político. Sin embargo la oportunidad resultó frustrada porque el público reclamó airadamente la presencia de Perón e impidió que pudiera pronunciar su discurso.
Durante la campaña electoral Eva no pudo ir más allá de su condición de esposa de Perón. Sin embargo ya en ese momento era evidente que su intención era desempeñar un papel político autónomo, incluso aunque las actividades políticas estuvieran prohibidas para las mujeres. Esta visión que ella misma tenía de su papel en el peronismo está expresado en un discurso pronunciado años después, el 1 de mayo de 1949: "Quiero terminar con una frase muy mía, que digo siempre a todos los descamisados de mi patria, pero no quiero que sea una frase más, sino que vean en ella el sentimiento de una mujer al servicio de los humildes y al servicio de todos los que sufren: "Prefiero ser Evita, antes de ser la esposa del Presidente, si ese Evita es dicho para calmar algún dolor en algún hogar de mi patria".
El 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones triunfando la fórmula Perón-Quijano con un 54% de los votos.

Derechos de la mujer

En la historia argentina existe un reconocimiento unánime sobre el hecho de que Evita realizó una tarea decisiva para el reconocimiento de la igualdad de derechos políticos y civiles entre hombres y mujeres. Durante su gira europea precisó con claridad su punto de vista frente a esta cuestión: "Este siglo no pasará a la historia con el nombre de «siglo de la desintegración atómica» sino con otro nombre mucho más significativo: «siglo del feminismo victorioso».

Sufragio femenino

El 27 de febrero de 1946, tres días después de las elecciones, Evita ―de 26 años de edad― pronunció su primer discurso político en un acto organizado para agradecer a las mujeres su apoyo a la candidatura de Perón. En esa oportunidad Evita exigió la igualdad de derechos para hombres y mujeres y en particular el sufragio femenino: "La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos".
El proyecto de ley fue presentado inmediatamente después de asumido el nuevo gobierno constitucional, el 1 de mayo de 1946. La oposición de los prejuicios conservadores resultaba evidente, no solo entre los partidos opositores sino incluso dentro de los partidos que sostenían el peronismo. Evita presionó constantemente a los parlamentarios para que lo aprobaran, causando incluso protestas de estos últimos por su intromisión.
A pesar de que era un texto brevísimo en tres artículos, que prácticamente no podía dar lugar a discusiones, el Senado recién dio media sanción al proyecto el 21 de agosto de 1946, y hubo que esperar más de un año para que la Cámara de Diputados sancionara el 9 de septiembre de 1947 la Ley 13.010, estableciendo la igualdad de derechos políticos entre hombres y mujeres y el sufragio universal en la Argentina.32 Finalmente, la Ley 13.010 se aprobó por unanimidad.
A continuación la declaración en cadena nacional del discurso oficial de Evita, promulgando la ley del sufragio femenino en su país: "Mujeres de mi patria, recibo en este instante de manos del Gobierno de la Nación, la ley que consagra nuestros derechos cívicos, y lo recibo ante vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí esta hermanas mías resumida en la letra apretada de pocos artículos una historia larga de luchas, tropiezos y esperanzas, por eso hay en ella crispaciones de indignación, sombras de aucasos amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales, y esto último que traduce la victoria de la mujer sobre las imcompresiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional(...)."

El Partido Peronista Femenino

En 1949 Eva Perón buscó incrementar la influencia política de las mujeres fundando el Partido Peronista Femenino (PPF), el 26 de julio en el Teatro Nacional Cervantes de la Ciudad de Buenos Aires. El PPF estaba organizado a partir de unidades básicas femeninas que se abrían en los barrios, pueblos y sindicatos canalizando la militancia directa de las mujeres.
Las afiliadas al Partido Peronista Femenino participaban a través de dos tipos de unidades básicas:
Unidades básicas sindicales, si eran trabajadoras asalariadas
Unidades básicas ordinarias, si eran amas de casa, empleadas domésticas, trabajadoras rurales.
En el Partido Peronista Femenino no había distinciones ni jerarquías entre los miembros.
El 11 de noviembre de 1951 se realizaron elecciones generales. Evita votó en el hospital donde estaba internada, debido al avanzado estado del cáncer que terminaría con su vida al año siguiente. Por primera vez resultaron elegidas parlamentarias: 23 diputadas nacionales, 6 senadoras nacionales, y si se cuentan a las legisladoras provinciales fueron electas en total 109 mujeres. 
 Igualdad jurídica en el matrimonio y la patria potestad
La igualdad política de hombres y mujeres, se complementó con la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida que garantizó el artículo 37 (II.1) de la Constitución de 1949, que nunca fue reglamentado. El texto fue directamente escrito por Eva Perón. El golpe militar de 1955 derogó la Constitución, y con ella la garantía de igualdad jurídica entre el hombre y la mujer en el matrimonio y frente a la patria potestad, reapareciendo la prioridad del hombre sobre la mujer. La reforma constitucional de 1957 tampoco reincorporó esta garantía constitucional, y la mujer argentina permaneció discriminada legalmente hasta que se sancionó la ley de patria potestad compartida en 1985, durante el gobierno de Alfonsín.
Relación con los trabajadores y los sindicatos
Eva Perón estableció una fuerte relación, estrecha y a la vez compleja, con los trabajadores y los sindicatos en particular, que la caracterizó.
En 1947 Perón ordenó disolver los dos partidos que lo sostenían, el Partido Laborista y la Unión Cívica Radical Junta Renovadora, para crear el Partido Peronista. De ese modo los sindicatos perdieron autonomía dentro del peronismo, aunque por otra parte este se constituyó con el sindicalismo como su «columna vertebral», lo que en la práctica implicó que el Partido Peronista tomara la forma de un partido cuasi-laborista.
En este esquema de poderes heterogéneos y muchas veces en conflicto que confluían en el peronismo, entendido como un movimiento abarcador de múltiples clases y sectores, Eva Perón ocupó un papel de vínculo directo y privilegiado entre Perón y los sindicatos, que les permitió a estos últimos consolidar una posición de poder, aunque compartido.
Por esta razón fue el movimiento sindical el que impulsó la candidatura de Eva Perón a vicepresidente, en 1951, candidatura muy resistida, incluso dentro del Partido Peronista, por los sectores que querían evitar un avance del sector sindical.
Evita tenía una visión sumamente combativa de los derechos sociales y laborales y pensaba que la oligarquía y el imperialismo actuarían incluso violentamente para anularlos. Consecuentemente Eva impulsó junto a los dirigentes sindicales la formación de milicias obreras y, poco antes de morir, compró armas que entregó a la CGT.35
La estrecha relación entre Evita y el sindicalismo quedó evidenciada a la muerte de aquella, cuando su cadáver embalsamado fue llevado de manera permanente a la CGT.

Gira europea

La gira se extendió durante 64 días, partiendo el 6 de junio y regresando el 23 de agosto de 1947. Durante la misma visitó España (18 días), Italia y el Vaticano (20 días), Portugal (3 días), Francia (12 días), Suiza (6 días), Brasil (3 días) y Uruguay (2 días). Su intención oficial era oficiar de embajadora de buena voluntad y conocer los sistemas de ayuda social instalados en Europa con la obvia intención de impulsarla a su regreso a hacerse cargo de un nuevo sistema de obras sociales. En el cortejo viajó el padre jesuita Hernán Benítez, por quien ella se dejaba aconsejar, y que tendría influencia, a su vuelta, en la creación de la Fundación Eva Perón.
Eva Perón bautizó la gira con el nombre de Gira del Arco Iris. La denominación se originó en una candorosa afirmación de Evita a poco de llegar a Europa: "No vine para formar un eje, sino solo como un arco iris entre nuestros dos países".
España, fue la primera escala de su viaje, cuando era gobernada por el dictador Francisco Franco. Estuvo en Villa Cisneros, Madrid, Toledo, Segovia, Galicia, Sevilla, Granada y Barcelona. Hay decenas de testimonios sobre el desagrado de Evita acerca del modo que se trataba a los obreros y a las personas humildes en España.
Mantuvo una situación tirante con la esposa de Franco, Carmen Polo, debido a su intento de mostrarle el Madrid histórico de los Austrias y los Borbones en lugar de los hospitales públicos y los barrios obreros («barrios de chabolas»).
También se dice que utilizó su diplomacia e influencia con Franco para obtener el perdón de la militante comunista Juana Doña.
De regreso en la Argentina, contaría: "A la mujer de Franco no le gustaban los obreros, y cada vez que podía los tildaba de «rojos» porque habían participado en la guerra civil. Yo me aguanté un par de veces hasta que no pude más, y le dije que su marido no era un gobernante por los votos del pueblo sino por imposición de una victoria. A la gorda no le gustó nada".
Evita llega a Madrid donde es recibida con veintiún cañonazos y una multitud de obreros españoles.
El viaje continuó por Italia, donde almorzó con el ministro de Relaciones Exteriores, visitó guarderías infantiles y recibió críticas de grupos comunistas que asimilaban el peronismo al fascismo.
En el Vaticano fue recibida por el Papa Pío XII, quien le entregó el rosario de oro y la medalla pontificia que llevó en sus manos al momento de morir, después de mantener una reunión a solas de 15 minutos. De lo que allí hablaron el Papa y Eva no ha quedado ningún testimonio directo, con excepción de un breve comentario posterior de Perón sobre lo que su esposa le había contado. El diario La Razón de Buenos Aires cubría la noticia del siguiente modo:
"El Papa la invitó entonces a tomar asiento junto a su escritorio y comenzó la audiencia. Ni una sola palabra se ha dado a conocer oficialmente de la conversación que sostuvieron el Sumo Pontífice y la señora de Perón, pero un miembro de la casa papal indicó que Pío XII le hizo presente a la señora de Perón su agradecimiento personal por la ayuda que la Argentina ha prestado a las naciones europeas azotadas por la guerra, y por la colaboración que ha prestado la Argentina en la obra de socorro de la Comisión Pontificia. Al cabo de 27 minutos, el Sumo Pontífice oprimió un pequeño botón blanco en su escritorio. Una campanilla sonó en la antecámara y la audiencia llegó a su fin. Pío XII obsequió a la señora de Perón un rosario con una medalla de oro conmemorativa de su pontificado".
Después de visitar Portugal, donde fue recibida por multitudes, se dirigió a Francia, donde se vio afectada por la publicación en la revista France Dimanche de una foto suya en una propaganda de jabón realizada algunos años atrás, en la que aparecía con una pierna descubierta, algo muy cuestionable para una mujer según los estándares morales de entonces. 
De todos modos se entrevistó con el presidente de la Asamblea Nacional, el socialista Édouard Herriot, entre otros políticos. El jesuita Benítez la llevó a Notre Dame a hablar con el Nuncio Apostólico en París, Monseñor Angelo Giuseppe Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, quien le dio la siguiente recomendación: "Si de verdad lo va a hacer le recomiendo dos cosas: que prescinda por completo de todo papelerío burocrático, y que se consagre sin límites a su tarea".
Benítez afirmó que a Roncalli le impresionó la figura de Evita inclinando su cabeza frente al altar de la Virgen mientras se escuchaba el Himno Nacional Argentino: ¡Ha vuelto la emperatriz Eugenia de Montijo!, afirmó que dijo el prelado.
La gira continuó por Suiza, donde se entrevistó con dirigentes políticos. Sobre su escala en ese país se han realizado muchas especulaciones intentando asociarla a hechos de corrupción, pero los historiadores no han encontrado pruebas que permitan sostenerlas. Finalmente descartó visitar Gran Bretaña debido a que la familia real se encontraba en Escocia, y antes de volver visitó Brasil y Uruguay.

La Fundación Eva Perón y la ayuda social

Eva Perón trabajó personalmente recibiendo a personas y familias necesitadas de ayuda social.
Artículo principal: Fundación Eva Perón.
La actividad por la cual Evita se destacó durante el gobierno peronista fue la ayuda social orientada a atender la pobreza y otras situaciones sociales de desamparo.
 Tradicionalmente en la Argentina esa actividad estaba en manos de la Sociedad de Beneficencia, una antigua asociación cuasi-estatal creada por Bernardino Rivadavia a principios del siglo XIX dirigida por un selecto grupo de mujeres de la clase alta. Ya en la década de 1930 comenzó a ser evidente que la Sociedad de Beneficencia como organización, y la beneficencia como actividad, se habían vuelto obsoletas e inadecuadas para la sociedad urbana industrial. A partir de 1943, la Sociedad de Beneficencia comenzó a ser reorganizada y el 6 de septiembre de 1946 fue intervenida. 
A partir de entonces, el peronismo debió asumir la tarea de modernizar la asistencia y la ayuda social. Parte de esa tarea fue desarrollada a través del exitoso plan de salud pública que llevó adelante el Ministro de Salud Ramón Carrillo; parte fue desarrollada a partir de las nuevas instituciones de previsión social como la generalización de las jubilaciones y pensiones; y parte fue desarrollada por Eva Perón desde la Fundación Eva Perón.
Inmediatamente después de regresar de su gira europea, Evita organizó una Cruzada de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, que orientaba a atender ancianos y mujeres desamparadas, mediante subsidios y hogares temporarios. El 8 de julio de 1948 se creó la Fundación Eva Perón, presidida por Evita, que desarrolló una gigantesca tarea social que llegó prácticamente a todos los niños, ancianos, madres solteras, y mujeres que eran único sustento de familia, pertenecientes a los estratos más carenciados de la población.
La Fundación realizó un amplio espectro de actividades sociales, desde la construcción de hospitales, asilos, escuelas, colonias de vacaciones, hasta el otorgamiento de becas para estudiantes, ayudas para la vivienda y promoción de la mujer en diversas facetas. 
La Fundación realizaba anualmente los famosos Juegos Infantiles Evita y Juegos Juveniles Juan Perón, en los que participaban cientos de miles de niños y jóvenes de sectores humildes, que a la vez que promovía el deporte permitió también realizar masivos controles médicos.
La Fundación entregaba también masivamente, cada fin de año, sidra y pan dulce a las familias más carenciadas, hecho este último muy criticado por los opositores.
En 1951 Golda Meir viajó a Argentina para agradecer el apoyo de la Fundación Eva Perón a Israel.
De las obras realizadas por la Fundación que han permanecido pueden destacarse el complejo habitacional Ciudad Evita en el partido de La Matanza (Gran Buenos Aires), gran cantidad de hospitales que en la actualidad suelen llevar el nombre de Evita, o Eva Perón, la República de los Niños en Gonnet (provincia de Buenos Aires), etc.
La Fundación realizó también ayudas solidarias para diversos países como Estados Unidos46 e Israel. En 1951, Golda Meir, por entonces Ministra de Trabajo israelí y una de las pocas mujeres que en el mundo habían alcanzado una posición política destacada en democracia, viajó a la Argentina para entrevistarse con Eva Perón y agradecerle las donaciones a Israel en los primeros momentos de su creación.
La preocupación especial de Eva Perón por los ancianos la llevó a redactar y proclamar el 28 de agosto de 1948 el llamado Decálogo de la Ancianidad, una serie de derechos de los ancianos que al año siguiente fueron incorporados a la Constitución Argentina de 1949. 
Los 10 Derechos de la Ancianidad eran: asistencia, vivienda, alimentación, vestido, cuidado de la salud física, cuidado de la salud moral, esparcimiento, trabajo, tranquilidad y respeto. En 1956 la Constitución de 1949 fue derogada por una proclama militar y los derechos de la ancianidad no volvieron a tener jerarquía constitucional.
La Fundación Eva Perón funcionaba en un gran edificio especialmente construido ubicado en Paseo Colón 850 de la ciudad de Buenos Aires, a una cuadra de la Confederación General del Trabajo. Cuando se produjo el golpe militar de 1955 que derrocó al Presidente Perón, la Fundación fue asaltada destruyéndose las grandes estatuas de Leone Tommasi que se encontraban en su frente y el edificio fue entregado a la Universidad de Buenos Aires. Actualmente allí funciona la Facultad de Ingeniería.

Candidatura a la vicepresidencia

En las elecciones generales de 1951 fue la primera vez que las mujeres pudieron presentarse como candidatas. Debido a su gran popularidad la presentación de la candidatura de Eva Perón era entonces un hecho inevitable. El movimiento obrero comprendió rápidamente que la candidatura de Evita al cargo de Vicepresidenta de la Nación, acompañando a Perón, significaba un fortalecimiento notable del sector sindical en el gobierno peronista. La audaz jugada desató una aguda lucha interna en el peronismo e intensas gestiones de los grupos de poder, en la que los sectores más conservadores presionaron fuertemente para evitarlo. Simultáneamente a este proceso Evita desarrolló un cáncer de útero que acabaría con su vida en menos de un año.
En ese contexto, el 22 de agosto de 1951 se produjo el Cabildo Abierto del Justicialismo convocado por la Confederación General del Trabajo. La reunión convocó a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en la esquina de Belgrano y 9 de julio y constituyó un hecho histórico fuera de lo común. En su transcurso los sindicatos le pidieron a Evita que aceptara la candidatura a vicepresidente. Tanto Perón como Evita tomaron sucesivamente la palabra para sugerir que los cargos no eran importantes y que ya Evita ocupaba un lugar superior en la consideración de la población.
A medida que las palabras de Perón y Evita ponían de manifiesto las fuertes resistencias que despertaba su candidatura, la multitud empezó a exigirle a Evita que la aceptara allí mismo. Incluso en algún momento alguna voz en la multitud le exigió a Perón: "¡Deje hablar a la compañera Evita!".
En ese momento, Eva Perón parecía vacilar y pidió cuatro días para pensar. La multitud gritó reiteradamente "No" y propuso una huelga general. Evita volvió a insistir varias veces, incluso llorando. Finalmente volvió a pedir dos horas, diciendo: "Yo siempre haré lo que diga el Pueblo".
La multitud entendió esas palabras como un compromiso de Eva Perón de aceptar la candidatura y se retiró. Sin embargo, nueve días después, Eva habló por radio para informar que había decidido renunciar a la candidatura. Esa fecha fue designada por los simpatizantes del peronismo como Día del Renunciamiento.
Por supuesto que la deteriorada salud de Eva Perón resultó a la postre un factor determinante del fracaso de su candidatura a vicepresidente. Sin embargo ello no impidió que la propuesta de la CGT pusiera en evidencia las luchas internas en el peronismo y en la sociedad, ante la eventualidad de que una mujer apoyada por los sindicatos pudiera ser elegida vicepresidenta y eventualmente incluso presidenta de la Nación.
En las elecciones que se llevaron a cabo el 11 de noviembre de 1951 Evita había sido operada seis días antes y debió votar en su cama del hospital.

Enfermedad y muerte

Eva Perón enfermó de un cáncer de cuello uterino. Su primera manifestación sucedió el 9 de enero de 1950 cuando sufrió un desmayo en el acto de fundación del Sindicato de Taxistas.
A comienzos de 1951 vuelve a desmayarse en la Fundación Eva Perón, razón por la cual trasladó su oficina a la residencia presidencial, ubicada en aquel entonces en Austria y Libertador, donde hoy se encuentra la Biblioteca Nacional.
El 15 de octubre publicó su libro La razón de mi vida, escrito con la ayuda del periodista español Manuel Penella entre otros, con una primera edición de 300.000 ejemplares. Después de su muerte se convertiría en libro de lectura en las escuelas.
El avance del cáncer la volvía cada vez más débil y la obligaba a guardar reposo. Pese a ello participaba en los actos públicos. Uno de los más importantes de este período final de su vida fue el del 17 de octubre de ese año. El discurso que Evita pronunció ese día ha sido considerado como su testamento político; en él menciona nueve veces su propia muerte.
El 5 de noviembre de 1951 fue intervenida quirúrgicamente por el famoso médico oncólogo estadounidense, George Pack, en el Hospital de Avellaneda (actual Hospital Interzonal General de Agudos "Presidente Perón"), construido por la propia Fundación Eva Perón. Seis días después votó allí, en su cama, en las elecciones generales que consagraron la reelección de Perón. Actualmente esa sala ha sido convertida en Museo.
Por esa época Eva Perón empezó a dictar su último libro, conocido como Mi Mensaje, dictado al dirigente sindical de los docentes, Juan Jiménez Domínguez, y finalizado pocos días antes de morir. Se trata del texto más encendido y emocional de Evita, uno de cuyos fragmentos fue leído después de su muerte, el 17 de octubre de 1952, en el acto de Plaza de Mayo, y que luego se extravió, para ser hallado en 1987. Sus hermanas sostuvieron entonces que se trataba de un texto apócrifo, iniciando un juicio que finalizó en 2006 estableciendo que se trata de un texto auténtico.51 Los siguientes fragmentos de Mi Mensaje, dan una idea de la naturaleza de su pensamiento en los últimos días de su vida: "Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi amor —no lo sé todavía— en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. A Perón y a nuestro pueblo les ha tocado la desgracia del imperialismo capitalista. Lo he visto de cerca en sus miserias y crímenes. Se dice defensor de la justicia mientras extiende las garras de su rapiña sobre los bienes de todos los pueblos sometidos a su omnipotencia... Pero más abominables aún que los imperialistas son las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos".
El 18 de julio de 1952 entró en coma por primera vez. Recibió radioterapia en varias ocasiones. Se presume que recibió una lobotomia para paliar el dolor provocado por el avance del cáncer.
Murió a la edad de 33 años, el 26 de julio de 1952, a las 20:23 pero al comunicar el fallecimiento el Susecretario de Informaciones Raúl Alejandro Apold cambió la hora por la de 20:25 que consideró más recordable y a partir de entonces y hasta la caída de Perón cuando llegaba la hora indicada en todas las radios se escuchaba que eran “las 20:25, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad”. 
Por otra parte, Apold contrató a Edward Cronjagar, camarógrafo de la 20th Century Fox, que había filmado los funerales del mariscal Foch para que hiciera lo mismo con el funeral de Evita y de ese material resultó el documental Y la Argentina detuvo su corazón.
A las 21:36 el locutor J. Furnot leyó por la cadena de radiodifusión: "Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente...".
Tras su muerte la CGT declaró tres días de paro y el gobierno estableció un duelo nacional de 30 días. Su cuerpo fue velado en la Secretaría de Trabajo y Previsión hasta el 9 de agosto que fue llevado al Congreso de la Nación para recibir honores oficiales, y luego a la CGT. La procesión fue seguida por más de dos millones de personas y su paso por las calles recibió una lluvia de claveles, orquídeas, crisantemos, alhelíes y rosas arrojados desde los balcones cercanos.
Su cuerpo fue embalsamado y mantenido en exposición en la CGT. Mientras tanto, el gobierno empezó las obras del Monumento al Descamisado, que se había proyectado con base a una idea de Evita y que, según un nuevo plan, sería su tumba definitiva. Cuando la Revolución Libertadora derrocó a Perón el 23 de septiembre de 1955, el cadáver fue secuestrado y hecho desaparecer durante 14 años.

El secuestro del cadáver de Evita

Durante la dictadura militar llamada Revolución Libertadora (1955-1958) que derrocó al presidente Juan Perón, un comando al mando del teniente coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el cuerpo de Evita, el 22 de noviembre de 1955 por la noche, que se encontraba en la CGT. El relato del ex mayor Jorge Dansey Gazcón difiere de ello ya que asegura que fue él quién lo trasladó54 .
La orden la había dado el dictador al mando del país en ese momento, General Pedro Eugenio Aramburu. Desde ese momento se estableció un itinerario macabro y perverso.
Moori Koenig puso el cadáver dentro de una camioneta y lo mantuvo en su interior durante varios meses, estacionándola en distintas calles de Buenos Aires, en depósitos militares, o incluso en la casa de un militar. 
Una noche incluso, los militares llegaron a matar a una mujer embarazada confundiéndola con un comando peronista que pretendía recuperar el cadáver. Moori Koenig instaló el féretro de pie con el cadáver en su oficina. Una de las personas que vio en esas circunstancias el cadáver de Evita fue la cineasta María Luisa Bemberg.
El dictador Pedro Eugenio Aramburu destituyó a Moori Koenig y le encomendó al coronel Héctor Cabanillas, sepultarlo clandestinamente. 
La llamada Operación Traslado fue diseñada por el entonces teniente coronel y luego dictador también Alejandro Agustín Lanusse, con la ayuda del sacerdote Francisco "Paco" Rotger, a cargo de quien recayó la responsabilidad de obtener la complicidad de la Iglesia a través del superior general de la orden de los paulinos, el padre Giovanni Penco, y el propio Papa Pío XII.
El 23 de abril de 1957 el cadáver fue trasladado en secreto en el barco Conté Biancamano a Génova (Italia) en un ataúd que se explicaba pertenecía a una mujer llamada María Maggi de Magistris y fue enterrado bajo ese nombre en la tumba 41 del campo 86 del Cementerio Mayor de Milán.
Las versiones se multiplicaron y el mito se agrandó. Hay versiones que sostienen que los militares mandaron realizar tres copias de cera de la momia, y que las enviaron a otro cementerio italiano, uno en Bélgica y otro en Alemania Occidental.
En 1970 la organización guerrillera Montoneros secuestró a Aramburu, exigiendo entre otras cosas la aparición del cuerpo de Evita. Cabanillas entonces se movilizó para traerlo, pero no llegó a tiempo y Aramburu fue asesinado.
En septiembre de 1971, el General Lanusse, dictador por entonces del país, le ordenó al coronel Cabanillas, organizar el "Operativo Retorno". El cuerpo de Evita fue entonces desenterrado de la tumba clandestina en Milán y devuelto a Perón en Puerta de Hierro (Madrid). En tal acción participó el brigadier (R) Jorge Rojas Silveyra, embajador argentino en España. Al cadáver le faltaba un dedo que le fue cortado intencionalmente y presentaba un leve aplastamiento de la nariz, pero estaba en buenas condiciones generales.
En 1974, ya con Perón de regreso en el país, los Montoneros secuestraron el cadáver de Aramburu con el fin de "canjearlo" por el cadáver de Evita. Ese mismo año, ya muerto Perón, su tercera esposa María Estela Martínez de Perón, decidió traer el cuerpo de Eva al país, y lo ubicó en la quinta presidencial. Mientras tanto, el gobierno de Isabel Perón comenzó a proyectar el Altar de la Patria, un mausoleo gigantesco que albergaría los restos de Juan Perón, Eva Duarte de Perón, y todos los próceres de la Argentina.
En 1976 la dictadura militar que tomó el poder el 24 de marzo le entregó el cuerpo a la familia Duarte, que dispuso que fuera enterrada en la bóveda que su familia posee en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires, donde se encuentra desde entonces.
El conocido cuento del escritor Rodolfo Walsh, titulado Esa mujer, tiene como tema el secuestro del cadáver de Evita.

El discurso de Evita

Evita tenía un discurso llano y emocional.
Sus discursos, sumamente emocionales y de gran impacto popular, tuvieron la particularidad de apropiarse de términos peyorativos con las que personas de clase alta solían referirse a los trabajadores, para darles un significado elogioso, como hizo con el término "grasitas", diminutivo afectuoso de "grasa", modo despectivo frecuentemente utilizado para referirse a los sectores populares. 
Al igual que su esposo, Eva usaba habitualmente la palabra "descamisados" -originada en el término sans culottes utilizada en la Revolución Francesa- para designar a los trabajadores, término que se constituyó en un símbolo del peronismo y enfatizaba su propio origen humilde como forma de solidarizarse con los trabajadores.
El siguiente párrafo, incluido en Mi Mensaje, escrito poco antes de morir, constituye un ejemplo del modo en que Evita se dirigía al pueblo, tanto en sus discursos públicos como por escrito: "Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los límites extremos de mi rebeldía y de mis odios, pero Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por sí mismo, ni he combatido a nadie con maldad, sino por defender a mi pueblo, a mis obreros, a mis mujeres, a mis pobres "grasitas" a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que Perón y con más ardor que "Evita". Pero es más grande el amor de Perón por el pueblo que mi amor; porque él, desde su privilegio militar supo encontrarse con el pueblo, supo subir hasta su pueblo, rompiendo todas las cadenas de su casta. Yo, en cambio, nací en el pueblo y sufrí en el pueblo. Tengo carne y alma y sangre del pueblo. No podía hacer otra cosa que entregarme a mi pueblo. Si muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva de mi vida, sea leída en acto público en la Plaza de Mayo, en la Plaza del 17 de Octubre, ante mis queridos descamisados".
Evita insistía en criticar a lo que denominaba genéricamente "la oligarquía" -un término ya usado por los radicales en tiempos de Yrigoyen- que incluiría a la clase alta argentina, atribuyéndoles una posición promotora de la desigualdad social, así como al capitalismo y al imperialismo, terminología que coincidía con la que se utilizaba por entonces en el mundo sindical y los partidos de izquierda. Un ejemplo de ello es el siguiente párrafo de Mi mensaje: "Los dirigentes sindicales y las mujeres que son pueblo puro no pueden, no deben entregarse jamás a la oligarquía. Yo no hago cuestión de clases. Yo no auspicio la lucha de clases, pero el dilema nuestro es muy claro: la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos".
Finalmente el discurso de Evita abundaba en elogios incondicionales a Perón y convocaba a apoyarlo sin reservas. La siguiente frase pronunciada en el acto del 1 de mayo de 1949 es un ejemplo de ello:
"Sabemos que estamos ante un hombre excepcional, sabemos que estamos ante el líder de los trabajadores, ante el líder de la Patria misma, porque Perón es la patria y quien no esté con la patria es un traidor".
La investigadora Lucía Gálvez, refiriéndose a sus discursos observa:
"Los discursos que le escribía Muñoz Azpiri hablaban, por un lado, del siglo del feminismo victorioso, para caer en seguida en lugares comunes parecidos a los de La razón de mi vida, destinados a exaltar la grandeza de Perón y la pequeñez de su mujer.
El discurso de Evita tendió abiertamente a reivindicar los valores e intereses de los trabajadores y las mujeres. Por otro lado Evita utilizó un discurso emocional y socialmente muy polarizado, en una época en la que la polarización política y social fue extremadamente alta.
El padre Benítez decía que a Evita hay que juzgarla más por sus actos que por sus palabras: de hecho, consiguió el sufragio femenino y la participación de las mujeres en la política, objetivos perseguidos durante años por los socialistas y feministas.
Uno de sus más recordados discursos acerca de la solidaridad y el trabajo social, fue pronunciado en el Puerto de Vigo, durante su gira internacional: "Solamente involucrándonos con el dolor, viviendo y sufriendo con los pueblos, cualquiera sea su color, raza o credo, se podrá realizar la enorme tarea de construir la justicia que nos lleve a la paz. Bien vale la pena quemar la vida en aras de la solidaridad si el fruto será la paz del mundo y su felicidad aunque ese fruto madure, tal vez, cuando nosotros hayamos desaparecido".

Influencia de Evita después de su muerte

Tras su muerte, la figura de Evita fue incorporada en los discursos de diversos sectores políticos argentinos.
En primer lugar los sindicatos, vinculados estrechamente a ella durante su vida, han rescatado su nombre y su imagen, junto al de Perón, como símbolos máximos del protagonismo de los trabajadores en la historia argentina.
Algunas personas nacidas con posterioridad a su muerte le han atribuido un carácter revolucionario, y a veces la asocian con el Che Guevara en una relación simbólica incentivada por la circunstancia de haber muerto a temprana edad.
La izquierda peronista y en particular el grupo guerrillero Montoneros utilizó en su discurso la figura de Evita y es así que uno de sus consignas decía si Evita viviera sería montonera. Esta organización vinculó el secuestro y posterior asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu con el ocultamiento del cadáver de Eva Perón y en 1974 secuestraron el cuerpo de Aramburu con el fin de presionar al gobierno constitucional de Perón a traer el cadáver de Evita, que se encontraba en la quinta "17 de octubre" de propiedad del mismo.
En su poema Eva, María Elena Walsh se refiere a la influencia de Evita después de su muerte del siguiente modo:
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
 En uno de sus últimos discursos se despidió en estos términos:
"Yo les dejo mi corazón, y a todos los descamisados yo los estrecho muy, pero muy cerca de mi corazón y deseo de que se den cuenta de cuanto los amo".

Sus nombres

El nombre de Eva fue cambiando con el tiempo. Su nombre de bautismo fue Eva María Ibarguren como surge del acta parroquial. Sin embargo desde niña fue conocida como Eva María Duarte y así fue inscripta en la escuela de Junín. Una vez en Buenos Aires, Eva adoptó el nombre artístico de Eva Durante que alternaba con el de Eva Duarte. 
Al contraer matrimonio con Perón en 1945 su nombre legal fue establecido como María Eva Duarte de Perón. Después de que Perón fuera elegido presidente, tomó el nombre de Eva Perón, tal como fue denominada su fundación. Finalmente, a partir de 1946, aproximadamente, el pueblo comenzó a llamarla "Evita". Con respecto a su nombre ella misma dice en La razón de mi vida:
"Cuando elegí ser "Evita" sé que elegí el camino de mi pueblo. Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así. Nadie sino el pueblo me llama "Evita". Solamente aprendieron a llamarme así los "descamisados". Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme "Señora"; y algunos incluso me dicen públicamente "Excelentísima o Dignísima Señora" y aun, a veces, "Señora Presidenta". Ellos no ven en mí más que a Eva Perón. Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como "Evita"."
"Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que el nombre de Evita figurase alguna vez en la historia de mi Patria. Quisiera que de ella se diga, aunque no fuese más que en una pequeña nota, al pie del capítulo maravilloso que la historia ciertamente dedicará a Perón, algo que fuese más o menos esto: "Hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertía en realidades". Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera: "De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita".

Popularidad y culto

La figura de Evita alcanzó una gran difusión entre las clases populares de la sociedad argentina, que incluía muchas estampas que la representaban de modo similar al que se representa a la virgen María, veneración que molestaba a la Iglesia Católica.
Por otra parte, todavía en vida se impulsó desde el gobierno un vasto culto a su personalidad: cuadros y bustos de Eva Perón fueron colocados en prácticamente todos los edificios públicos y se usó su nombre y hasta su fecha de nacimiento para designar establecimientos públicos, estaciones de ferrocarril y subterráneo, ciudades, etc., incluyendo el cambio de denominación a Eva Perón de la provincia de La Pampa y de la ciudad de La Plata. Su autobiografía La razón de mi vida fue establecida como libro de lectura en las escuelas primarias y secundarias. A partir de su muerte todas las estaciones de radio del país entraban en cadena nacional y el locutor anunciaba que eran las "Veinte y veinticinco, hora en que Eva Perón entró en la Inmortalidad" antes de comenzar la lectura del noticiero oficial.
A pesar de su dominio y poder político, Evita siempre justificó sus acciones diciendo que fueron "inspiradas" por la sabiduría y pasión de Perón. El escritor Eduardo Galeano se refirió en uno de sus libros al grafiti "¡Viva el cáncer!" que habría sido pintado en paredes de los barrios de clase alta en los días finales de su vida60 El historiador Hugo Gambini afirma que no hay pruebas de que tal leyenda hubiera sido escrita y razona que "de haber existido esa pared pintada, Apold no hubiera dejado pasar la ocasión de publicar la fotografía en los diarios de la cadena oficialista, acusando a la oposición. Sin embargo, en ese entonces nadie habló de esto".
Gambini atribuye su origen a una invención del novelista Dalmiro Sáenz en una entrevista aparecida en el filme Evita, los que quieran oír que oigan de Eduardo Mignona, que luego José Pablo Feinmann incluye en el libreto del filme Eva Perón dirigido por Juan Carlos Desanzo.
La nota necrológica escrita por el dirigente del Partido Socialista, opositor al gobierno, en el periódico Nuevas Bases, órgano oficial del partido expresó:
"La vida de la mujer hoy desaparecida constituye, a nuestro juicio, un ejemplo poco común en la historia. No son raros los casos de hombres de gobierno o políticos de nota que han contado para su acción pública la colaboración, abierta o disimulada, de sus esposas, pero en nuestro caso toda la obra de nuestro primer mandatario está tan impregnada del pensamiento y de la acción personalísima de su esposa, que resulta imposible separar netamente lo que corresponde al uno y lo que pertenece a la otra. Y lo que da carácter notable y propio al empeño de colaboración de la esposa, fue el abandono que hizo de sí misma, de sus bienes y de su salud; su decidida vocación para el esfuerzo y el peligro, y su fervor casi fanático por la causa peronista, que infundió, a veces, a sus prédicas, dramáticos acentos de lucha cruenta y de despiadado exterminio".

Jefa Espiritual de la Nación

Eva Perón es la única persona a quien el Congreso Nacional otorgó el título de "Jefa Espiritual de la Nación", el 7 de mayo de 1952, cuando ella cumplía 33 años.
Una de las frases de Evita publicadas en su libro La razón de mi vida, donde habla de su muerte dice:
"Tal vez un día, cuando yo me haya ido definitivamente, alguien dirá de mí lo que muchos hijos suelen decir, en el pueblo de sus madres cuando se van, también definitivamente: ¡Ahora recién nos damos cuenta que nos amaba tanto!"

Condecoraciones 

Collar de la Orden del Libertador San Martín otorgado a Evita.
Eva Perón recibió la Gran Cruz de Honor de la Cruz Roja Argentina, los laureles a la Distinción del Reconocimiento de Primera Categoría de la CGT, la Gran Medalla a la Lealtad Peronista en Grado Extraordinario (17 de octubre de 1951), y la más alta condecoración de la República Argentina: el Collar de la Orden del Libertador General San Martín (18 de julio de 1952).
Durante la "Gira del Arco Iris" de 1947, Eva Perón recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica (España), la Medalla de Oro (Principado de Mónaco) y la Orden del Mérito en el grado de Gran Cruz de Oro en atención a su obra social y a su gestión a favor del acercamiento internacional (República Dominicana, entregada por la embajada de ese país en Uruguay).
En otras oportunidades recibió la Orden Nacional del Cruzeiro do Sul en el grado de Comendador (Brasil); Gran Gruz de Orange-Nassau (Holanda); Gran Cruz de la Orden del Águila Azteca (México); Gran Cruz de la Orden Militar (Malta); Gran Cruz de la Orden de los Oméyades (Siria); Gran Cruz de la Orden del Mérito, Gran Cruz de la Cruz Roja Ecuatoriana y Gran Cruz de la Fundación Internacional Eloy Alfaro (Ecuador); Orden de Boyacá en el grado de Gran Cruz Extraordinaria (Colombia); Orden de Honor y Mérito en el grado de Gran Cruz (Haití); Gran Cruz de la Orden El Sol del Perú; Bolivia, Gran Cruz del Cóndor de los Andes; Paraguay, Gran Cruz del Paraguay.

Publicaciones de Evita

La razón de mi vida (1951).
Mi mensaje (1952).
Obras sobre Evita
Madonna interpretó el papel de Evita en la película de Alan Parker.
La vida de Evita ha sido motivo de una gran cantidad de obras artísticas, tanto en la Argentina como en el mundo. Sin duda alguna la más conocida es el musical Evita, de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice (1975), en el que se basó la película musical del mismo nombre, dirigida por Alan Parker e interpretada por Madonna.

Cine

Evita, quien quiera oír que oiga (1983), película de Eduardo Mignogna, interpretada por Flavia Palmiero con música de Lito Nebbia.
Evita (1996), basada en el musical, dirigida por Alan Parker, filmada parcialmente en Buenos Aires. Madonna fue quien interpretó a Evita, Antonio Banderas como Che y Jonathan Pryce como Perón. También fue representada en televisión por Faye Dunaway. Cabe acotar que el personaje de Antonio Banderas, 'Che' no es el Che Guevara como generalmente se cree, sino que representa al ciudadano argentino anónimo. 
En el capítulo "La presidenta usaba perlas" de los Simpsons (Temporada 15, 2003), en una parodia de la película Lisa se convierte en la nueva presidenta del colegio, lo que no agrada a los profesores, que eliminan asignaturas populares para poner a los alumnos en su contra.
Eva Perón (1996), película argentina. Protagonizada por Esther Goris como Evita y Víctor Laplace como Perón, entre otros. Dirigida por Juan Carlos Desanzo, se concentra en particular en los eventos de 1951 como una encrucijada para Evita, el peronismo y la política argentina.
Juan y Eva (2011), película argentina. Protagonizada por Julieta Díaz como Evita y Osmar Nuñez como Juan Perón. Dirigida y guíonada por Paula de Luque, en base al relato de Jorge Coscia, recorre el romance de Juan y Eva marcando énfasis en "El Amor", "El Odio" y "La Revolución". Refleja internas políticas, pero más aún, la pasión de Evita y la lucha por Perón. "La muerte prematura eterniza los romances".
Eva de la Argentina, una bandera a la victoria65 (2011). Dirigida por María Seoane, basada en los dibujos del maestro Francisco Solano López, con música original de Gustavo Santaolalla. Película de ficción, que combinando animación con contados pasajes de material documental, narra la vida, obra y muerte de Eva Perón.

Música

María Eva (fragmento)
María Eva nació en Los Toldos,
no en una ópera de ficción,
después Evita en los barrios rotos,
por cada fábrica renació.
Eva no es un cuento... Es revolución.
María Eva nació en Los Toldos;
Evita, en vos.
Ignacio Copani (2008).
*Evita (1975), musical británico producida por el compositor inglés Andrew Lloyd Weber, escrita por Tim Rice y protagonizada por Elaine Paige en el London's West End, por Patti LuPone en Broadway (Nueva York), por Paloma San Basilio en España e Hispanoamérica. El musical ha vuelto a estrenarse en 2006 en el Teatro Adelphi de Londres, interpretando a Evita la actriz argentina Elena Roger.
*"No llores por mí, Argentina" (del original en inglés, Don't cry for me, Argentina) es el tema principal del musical, y representa un emotivo discurso de Eva Perón a los descamisados desde el balcón de la Casa Rosada. 
La canción ha sido interpretada por las mismas actrices que han encarnado a Evita en las representaciones teatrales (Elaine Paige, Patti LuPone, Paloma San Basilio, Rocío Banquells y Elena Roger), así como otras de la talla de Nacha Guevara y Valeria Lynch en castellano. También la han cantado en inglés Sarah Brightman, Olivia Newton-John, Joan Báez, Donna Summer, Dolores O'Riordan y Sinéad O'Connor, y de manera insólita también una estrella masculina: Tom Jones. Traducida al alemán la han cantado Angelika Milster, Katja Ebstein, Maya Hakvoort y Pia Douwes. Madonna grabó varias versiones, entre ellas un remix y fue número uno en las listas de ventas.
*Quien quiera oír que oiga (1983), compuesto e interpretado por Lito Nebbia. Forma parte de la banda musical de la película Evita, quien quiera oír que oiga (1983).
*Eva (1986 y 2008), musical interpretado por Nacha Guevara, con textos de Pedro Orgambide y música de Alberto Favero. Estrenado en el teatro Maipo de Buenos Aires.
*Evita (1990), opera de Andrés Pedro Risso, con la mezzo-soprano Christina Becker en el papel de Evita y el bajo-barítono Jorge Sobral en el papel de Perón. Estrenada en el Teatro Colón de Buenos Aires.
La Duarte (2004), espectáculo de danza-teatro creado especialmente por Silvia Vladimivsky para Eleonora Cassano, sobre una idea original de Lino Patalano y música de Sergio Vainikoff. Teatro Maipo.
María Eva (2008), compuesto e interpretado por Ignacio Copani. Forma parte de su trabajo "Hoy no es dos de Abril".

Teatro

-Eva Perón, obra teatral escrita en 1969 por Raúl Natalio Damonte Taborda, Copi. Polémica obra ambientada en los últimos días de Eva Perón y su lucha contra el cáncer.
-Eva y Victoria Eva y Victoria, obra teatral escrita por la dramaturga Mónica Ottino, dirigida por Oscar Barney Finn y representada por Luisina Brando, como Eva Duarte de Perón y China Zorrilla en el papel de Victoria Ocampo. El rol de Eva Perón también fue representado por la actriz Soledad Silveyra.
-Eva, obra teatral protagonizada por Nacha Guevara, en 1986 y nuevamente en la temporada 2008-2009, con música de Alberto Favero.

Cuento y Novela

-Esa mujer (1963), cuento de Rodolfo Walsh, sobre la relación enfermiza que estableció con el cadáver el militar que lo secuestró. (Leer on line aquí)
-Evita vive (1975), cuento de Néstor Perlongher. Generó una gran polémica al ser publicado en la Argentina por la revista El Porteño en 1989.66 (leer online aquí)
-Roberto y Eva. Historia de un amor argentino (1989), novela de Guillermo Saccomano que relaciona intertextualmente a Eva Perón y Roberto Arlt.
-Santa Evita (1995), novela de Tomás Eloy Martínez, sobre la desaparición del cadáver de Evita.
-Evita, la loca de la casa (2003), novela de Daniel Herrendorf.
-La Señora muerta (1963), cuento de David Viñas

Historieta

Evita, vida y obra de Eva Perón, realizada en 1970 por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Alberto Breccia. La misma no es una historieta en la concepción tradicional del género, ya que no se representa una acción de una viñeta a otra ni hay en ningún momento personajes con globos de texto; sino que hay grandes párrafos relatando la historia de Eva Perón acompañados de imágenes alegóricas de los momentos o situaciones relatados.

Fotografía

Son especialmente reconocidas las fotos de Eva Perón tomadas por Annemarie Heinrich.
Las principales fotografías fueron realizads por el Prof. Pinélides Aristóbulo Fusco (1913-1991).

Pintura

El pintor oficial de Eva Perón fue Numa Ayrinhac (1881-1951), un francés radicado desde niño en Pigüé. Sus dos obras más destacadas son el Retrato de Eva Perón de 1950, reproducido en la tapa del libro La razón de mi vida y cuyo original fue destruido en 1955, y el Retrato de Juan Perón y Eva Perón (1948), único retrato oficial de la pareja, actualmente propiedad del gobierno nacional y expuesto en el Museo de los Presidentes de la Casa Rosada.

Poesía

Volveré y seré millones

Yo he de volver como el día
para que el amor no muera
con Perón en mi bandera
con el pueblo en mi alegría.
¿Qué pasó en la tierra mía
desgarrada de aflicciones?
¿Por qué están las ilusiones
quebradas de mis hermanos?
Cuando se junten sus manos
volveré y seré millones.
José María Castiñeira de Dios (1962).

Eva Perón en la hoguera, poema de Leónidas Lamborghini en Partitas (1972).
Eva de María Elena Walsh (ver)
Volveré y seré millones, poema de José María Castiñeira de Dios, que generó la confusión generalizada de atribuirle la frase del título a Evita. Evita nunca pronunció dicha frase; Howard Fast se la atribuye a Espartaco en su novela del mismo nombre y también se dice que fueron las últimas palabras del líder aymara Túpac Catari.

Museos

Los principales museos sobre Eva Perón son:

Museo Evita, Lafinur 2988, Buenos Aires. Funciona en una casa que en tiempos de Eva Perón había sido un hogar para madres solteras de la Fundación Eva Perón.
Museo Casa Natal en Los Toldos, ciudad de Los Toldos, Provincia de Buenos Aires. Funciona en la casa ubicada en el pueblo de los Toldos a las que la familia se mudó cuando Eva Perón tenía siete años de edad. Ubicada en la calle Eva Perón 1021.
Sala Museo "Eva Perón", en el Hospital Juan Perón, Ciudad de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires. Se trata de la sala en la que Eva Perón fue internada y operada en 1951, y donde voto en las elecciones del 11 de noviembre de 1951.
Museo Eva Perón en la Unidad Turística Embalse, Río Tercero, Provincia de Córdoba. Funciona en una colonia de vacaciones construida por la Fundación Eva Perón. Ubicado en Camino a la Cruz S/N Embalse, Córdoba.

Homenajes

En 1951 Eva Perón comenzó a pensar en un monumento que conmemorara el Día de la Lealtad y cuando Evita comenzó a tomar conciencia de la gravedad de se enfermedad, expresó el deseo de descansar en la cripta de ese monumento. Encargaron a León Tomassi, un escultor italiano que preparara la maqueta con la instrucción textual de Evita: “Tiene que ser el más grande del mundo”. Cuando a finales de 1951 estuvo lista, ella le requirió para que el interior se pareciera más a la tumba de Napoleón que recordaba haber visto en París durante su gira de 1947.
Conforme la maqueta finalmente aprobada, la figura central, de sesenta metros, se alzaría sobre un pedestal de setenta y siete. A su alrededor, una enorme plaza, tres veces más amplia que el Campo de Marte, estaría rodeada por 16 estatuas de mármol del Amor, de la Justicia Social, de los Niños Únicos Privilegiados y de los Derechos de la Ancianidad. En el centro del monumento se construiría un sarcófago como el de Napoleón en Invalides, pero de plata, con una imagen yacente en relieve. 
El conjunto arquitectónico era más alto que la basílica de San Pedro, medía una vez y media la Estatua de la Libertad (de 91 metros), triplicaba la del Cristo Redentor y su dimensión era similar a la de la pirámide de Keops; pesaría 43.000 toneladas y la estructura incluiría 14 ascensores.69 La ley de erección del monumento a Eva Perón se aprobó 20 días antes de que falleciera y se eligió ubicarla en Palermo. Cuando en septiembre de 1955 los cimientos estaban terminados y la estatua a punto de ser embutida en el encofrado la sublevación militar que derrocó a Perón frustró la obra, y lo ya realizado fue demolido.
Concreción del monumento en 1999
La Ley 23.376 de 1986 dispuso levantar el monumento a Eva Perón, que se emplazó en la plaza ubicada en Avenida del Libertador entre Agüero y Austria, en el predio de la Biblioteca Nacional y fue inaugurado por el presidente Carlos Menem el 3 de diciembre de 1999. Es una estructura de piedra de casi 20 metros de alto realizada por el artista Ricardo Gianetti con granito para el pedestal y bronce para la propia escultura, que representa a Eva Perón,en actitud de avance. Sobre la base de la escultura se lee: “Supo dignificar a la mujer, dar protección a la infancia y amparar la ancianidad, renunciando a los honores". "Quiso para siempre ser simplemente Evita, eterna en el alma de nuestro pueblo, por mejorar la condición humana de humildes y trabajadores, luchando por la justicia social".
Murales en la 9 de Julio
Al cumplirse 59 años de su fallecimiento, el 26 de julio de 2011, se inauguró el primero de los dos murales gigantes de Evita aplicados en el edificio donde funcionan los ministerios de Desarrollo Social y Salud (ex MOP) sobre la Avenida 9 de Julio y Belgrano, obra ideada por el artista plástico argentino Alejandro Marmo.
El primero en inaugurarse fue el mural de la fachada sur que luce la imagen de Evita sonriente, aquella que ilustra el libro "La razón de mi vida". El segundo mural, aplicado en la fachada norte del edificio, fue inaugurado el 24 de agosto de 2011. Es la imagen de una Evita combativa hablándole al pueblo. Ambos murales tienen una altura de 31x24 metros y están construidos en acero corten.
La idea de Marmo surgió en el marco de su proyecto "Arte en las Fábricas" en 2006 con el nombre “Sueños de Victoria” con el propósito de reivindicar la figura de Evita como ícono cultural y de identidad nacional. Cuatro años más tarde en el marco de la declaratoria de María Eva Duarte de Perón como “Mujer del Bicentenario”, fue incorporado como intervención artística en el ex MOP (Decreto 329/10).


(Foto revista Nuestro Siglo)
Eva Perón: "Quiero hacer hasta el último día de mi vida, la gran tarea de abrir horizontes y caminos a mis descamisados, a mis obreros, a mis mujeres". En 1952 la mujer se convertía en leyenda inmortal
El 17 de octubre de 1950, Evita pronuncia su discurso evocativo del Día de la Lealtad. Desde la izquierda la acompañan Apold, Mercante y Perón. (Foto, revista Nuestro Siglo)

Evita en 1950. (Foto revista Ntro. Siglo)
Probablemente, 1950 fue el año más gratificante para Eva Perón. Por entonces ya estaba institucionalizada en los mecanismos políticos del régimen: formaba parte natural de la estructura gubernativa y sus funciones estaban bien determinadas. Contaba con un grupo de funcionarios y sindicalistas que le eran totalmente adictos. Su imagen era conocida en el undo entero, y la vigencia de su persona entre los humildes de la Argentina, y aún de América Latina, era incontrastable. Nadie podía prever entonces, en aquel Año del Libertador General San Martín, que en poco tiempo más su vertiginosa trayectoria sufriría una caída fulminante y desgarradora, y que la causa de tal derrumbre -increíble en una mujer de la desbordante vitalidad que demostraba- habría de radicar en su salud.
El 27 de enero de 1950, Evita inauguró la primera unidad básica del Partido Peronista Femenino. Lo hizo en un barrio de viviendas obreras y le seguirían miles de unidades similares en todo el país. Las actividades eran improvisadas, dada la falta de experiencia política de las mujeres hasta el momento de la implementación del voto femenino. Evita debió hacer la selección de manera arbitraria e intuitiva; se reclutaron en los más diversos estratos sociales y en las actividades más diferentes. De la noche a la mañana, estas maestras, enfermeras, asistentes sociales o simples amas de casa, fueron proyectadas a posiciones que las ponían en un nivel similar al de muchos dirigentes políticos oficialistas. Una delegada censista estaba al frente, en cada provincia, de la nueva organización partidaria, Pero es significativo que, del núcleo inicial de promotoras, salvo Juana Larrauri, tuviera actuación destacada después de la caída del régimen peronista.
(Foto revista Nuestro Siglo)
La "rama femenina" -como también se la llamó- fue, sin duda el "partido de las mujeres". Agradecidas porque ella había sido la promotora de la ley que les otorgara el derecho al sufragio, fascinadas por su personalidad, intuyendo la autenticidad de su acción, sectores mayoritarios de la población femenina votaron por las listas peronistas como si lo hicieran por Evita: casi el 64% de las mujeres empadronadas sufragaron en tal sentido. Estos comicios, por otra parte, consagraron la nueva presencia de la mujer en los cuerpos representativos de la República: seis senadoras y 23 diputadas de la Nación, todas peronistas y por supuesto, fanáticas seguidoras de la que había sido la promotora de estos cambios en su vida.
La inauguración de la primera unidad básica del Partido Peronista Femenino fue realizada a pocas semanas de un episodio que en ese momento no pareció tener mayor relevancia, pero que preocupó a algunos de los íntimos de la pareja presidencial. El 9 de enero de 1950 mientras presenciaba la inauguración de un local sindical en Dock Sud, Evita sufrió un desmayo. No hubo información oficial sobre el hecho ni pareció preocupante, dado el intenso calor de la jornada. Tres días más tarde, Evita era internada en el Instituto del Diagnóstico y operada de apendicitis, poco después retornaba a sus actividades habituales sin mostrar huellas aparentes del episodio.
En enero de 1950, Evita fue operada de apendicitis. En la foto, Perón se retira llorando del sanatorio, luego de visitar a su esposa acompañado, desde la izquierda, por Mercante, Aloé y Juan Duarte. A la derecho el doctor Ivanissevich quien realizó la intervención (Foto, revista Nuestro siglo)
Sin embargo, la versión que años después brindó el cirujano que la operó, establecía que fue en ese momento, a través de los diversos análisis efectuados, cuando se evidenció la existencia de un quiste probablemente canceroso en la matriz de la enferma. El médico era el doctor Oscar Ivanissevich, eminente cirujano y además, en ese momento, ministro de Educación. Pero la sola sugerencia de que debía someterse a una revisación más prolija y, eventualmente, operarse de nuevo, puso a Evita fuera de sí. Se dijo que hasta le había pegado una cachetada al doctor Ivanissevich, y lo cierto es que, cuatro meses más tarde, éste renunciaba a su cartera. Es probable, que de haber sido intervenida en ese momento, la formación maligna se hubiera extraído sin consecuencias: la madre de Evita había padecido del mismo mal años atrás, y una oportuna extracción quirúrgica terminó con su problema.
Pero por alguna razón ignorada -¿miedo ante lo imprevisible, desconfianza en los médicos, confianza omnipotente en sus propias fuerzas?- Evita no quiso hablar más del tema y nadie se animó a insistir. Y mientras el Año del Libertador General San Martín se desarrollaba, con su secuencia de homenajes al Padre de la Patria, el núcleo del mal seguía creciendo.
Eva junto a su mamá, Juana Ibarguren (Foto revista Ntro. siglo)

Una incansable actividad

Como si presintiera la brevedad del plazo que el destino le había otorgado, apenas recuperada de su apendicectomía inició Evita una frenética actividad. Además de las horas de atención al público en el Ministerio de Trabajo y la intensa tarea por las noches con su equipo, asistía a las inauguraciones, reuniones sindicales y partidarias, atendía a visitantes ilustres, prodigaba profusamente sus arengas y se movía de un lado a otro del país.
Después de iniciar el Campeonato Infantil Evita, viajó a Santa Fe en el yate presidencial, con su esposo; a fines de mayo hizo un largo periplo que comenzó en Paraná y continuó en Rosario, para pasar posteriormente a San Juan, esta vez con motivo del imprevisto fallecimiento de su gobernador, y de allí a Tucumán, Jujuy y Catamarca. La gira empezó el 21 de mayo y terminó el 9 de junio, y sirvió para comprobar la idolatría de las multitudes del interior por esta mujer incansable, que a los actos oficiales sumaba el esfuerzo de múltiples y extenuantes conversaciones relacionadas con la marcha de la Fundación, la "rama femenina", los gobiernos locales y el manejo sindical. Fue un año agotador. Marysa Navaro, en su excelente biografía, dice que "el 11 de julio de 1950, Evita batió su propio record: se le hizo las cinco de la mañana en el Ministerio de Trabajo".
En cierto modo, ya era una potencia política autonóma, aunque al mismo tiempo permaneciera adherida a Perón de una manera fanática y obsesiva. Aquello que pronunciara públicamente un año más tarde, en la Escuela Superior Peronista, fue repetido seguramente centenares de veces en 1950: "Perón, para mí, que lo he analizado profundamente, es perfecto".
Afirmación que podría ser grotesca en otra persona que no fuera Evita.
Estaba rodeada por un grupo de incondicionales como Cámpora; Atilio Renzi; el subsecretario de prensa, Raúl Apold; el ministro de Trabajo, José Freire; y los dirigentes de la cúpula de la C.G.T., José Espejo, Isaías Santín y otros. También solía frecuentar un grupo de poetas y escritores con los que cenaba a veces.
Evita junto a Raúl Mendé y Perón (Nuestro Siglo)
Su poder era total; su personalidad, madura y consciente del papel que desempeñaba. Y como si ese frenesí fuera poco, se entusiasmó con la idea de escribir un libro que resumiera su pensamiento, para lo cual había contratado a un escritor español con quien mantenía largas entrevistas en las que volcaba todo lo que debía contener la obra. Habían quedado atrás sus toilettes de alta costura y ahora solía usar unos sobrios trajes sastre y un peinado tirando hacia un rodete común; aunque este aspecto despojado se compensaba con las deslumbrantes joyas que seguía luciendo. Su piel, que siempre había sido hermosa, ahora iba adquiriendo un tono nacarado que subrayaba la línea de los pómulos y le agrandaba los ojos.
Esa imagen distinguida, sutilmente refinada, de una elegancia casi intemporal, iba a ser la que perduraría a través de los tiempos, impresa para siempre en el sentir de su pueblo, devoto e incondicional.


En 1949 se celebró la fiesta nacional del deporte en el estadio de River Plate. Detrás del matrimonio Perón, está el capitán Platte y Oscar Ivanisevich. (Foto revista Nuestro Siglo)
En un palco del Colón, Eva junto a Georgina Acevedo de Cámpora. Su elegancia se había vuelto refinada y sobria. (Foto, revista Nuestro Siglo)
Eva recibe al general brasileño Goes Monteiro.

La vicepresidencia
El 26 de julio de 1949 se realizó en el Teatro Nacional Cervantes, el Congreso Peronista Femenino. El laurel de la victoria, es decir, el derecho al voto de las mujeres, estaba muy próximo. (Foto, revista Nuestro Siglo)

En enero de 1951, el gobierno enfrentó uno de los más graves desafíos provenientes del campo gremial: la huelga ferroviaria.
Eva Perón hablándole a los trabajadores ferroviarios:
(Excelente escena de la película "Eva Perón" (1996) dirigida por Juan Carlos Desanzo, escrita por José Pablo Feinmann y protagonizada por Esther Goris y Víctor Laplace en los papeles de Evita y Perón respectivamente)



Evita recorrió en esa oportunidad algunas estaciones y habló mano a mano con los trabajadores: fue la inauguracion de un año político lleno de dramatismo, que culminó con el Cabildo Abierto del 22 de agosto.
Inauguración de la primera undiad básica femenina.

Su declinación de la candidatura vicepresidencias fue seguida por un torrente de homenajes de corte partidista. El 4 de septiembre, por ejemplo, la CGT anunció que el próximo Día de la Lealtad se fetejaría en su honor; el 6 de septiembre, el Congreso Nacional realizó una sesión especial en su homenaje, y cuatro días más tarde fue condecorada por su marido con la gran medalla peronista en grado extraordinario.
Pero, sin duda, el impacto emocional de aquellos intensos días cobró su precio: el 24 del mismo mes debió guardar cama y se le practicó una transfusión de sangre. Cuando se produce el golpe del general Menéndez, se le oculta el hecho hasta que el episodio ha terminado; ella insiste en dirigirse al pueblo y, en efecto, a las nueve de la noche del 28 de septiembre, pronuncia un corto discurso por radio. Su voz es, sin ninguna duda, la de una enferma, y al pueblo peronista que se le encoge el corazón oyendo este trabajoso silabeo, tan diferente a la alocución apasionada y vobrante a la que se estaba acostumbrado.
Pero la dolencia no la apacigua: según contó años más tarde Atilio Renzi, mayordomo de la residencia presidencial de Olivos, al día siguiente de la intentona Evita dispuso que se adquirieran pistolas y ametralladoras con dinero de la Fundación para armar a los trabajadores para el caso en que, eventualmente volviera a ocurrir un hecho similar.
Ya resultaba imposible ocultar la gravedad de la enfermedad de Evita, y aunque no tocar el tema era una tática consigna entre los medios áulicos, todo el mundo sabía que difícilmente su mal podía revertirse. En los ambientes opositores, en cambio, crecía una muda satifsacción: Evita no era solamente el símbolo más militante del partido en el poder, sino también una fuente permanente de agresiones verbales contra todo lo que no fuera peronismo.
La campaña electoral no contó con su presencia. Tampoco la precisaba: la ausencia de Evita era más resonante y emotiva que su voz o imagen. SIn embargo, el 17 de octubre de 1951, Evita hizo un supremo esfuerzo de voluntad y apareció ante sus "descamisados" en el balcón de la Casa de Gobierno para recibir la condecoración de la CGT y escuchar, como en éxtasis, las alabanzas de Perón. Fue una de las pocas veces en que el líder justicialista la elogió con tanto énfasis ante grandes públicos: "ella...le ha dado a este movimiento peronista una nueva orientación, una mística y una capacidad de realizaciones en el campo político, que ha puesto a la mujer casi a la par del antiguo movimiento cívico argentino... Ella me ha informado al día de las inquietudes del pueblo argentino. Ella ha tenido, con su tino maravilloso, la guarda de mis propias espaldas".
A su vez, el discurso de Evita fue como un transido adiós. "Mis descamisados -concluyó- yo quisiera decirles muchas cosas pero los médicos me han prohibido hablar. Yo les dejo mi corazón y les digo que estoy segura, como es mi deseo, que pronto estaré en la lucha, con más fuerza y más amor, para luchar por este pueblo al que tanto amo, como lo amo a Perón...Pero si no llegara a estar por mi salud, cuiden al general, sigan fieles a Perón como hasta ahora, porque eso es estar con la Patria y con ustedes mismos..." Siguió en ese tono y terminó exhausta, refugiándose en los brazos de su marido.

El canal 7 de Buenos Aires realizó su primera transmisión el 17 de octubre, por el Día de la Lealtad Peronista de 1951 en Plaza de Mayo.
Eva Perón pudo, por primera vez en 24 días, levantarse de su lecho para asistir vestida de negro al acto. Sostenida de la cintura por Perón, Evita dijo: "[...] les agradezco todo lo que han rogado por mi salud; espero que Dios oiga a los humildes de mi patria para volver pronto a la lucha y poder seguir peleando hasta la muerte [...]". En el discurso de aquel día, Eva nombró nueve veces a su propia muerte. Ese discurso es considerado por muchos como su testamento político.



Veinte días después se internaba en uno de los policlínicos de la Fundación, en Avellaneda.
Todos los datos coinciden en afirmar que la operación a la que fue sometida entonces fue tardía: el cáncer ya se había desparramado en metástasis por todo el cuerpo. Evita tuvo fuerzas, sin embargo, para grabar un disco solicitando el voto popular para Perón; en cuanto a ella misma, por un especial privilegio se permitió que sufragara en su lecho. Como en la ocasión anterior, grandes multitudes hicieron guardia frente al policlínico hasta que el 14 de noviembre fue sacada de allí.
Evita vota desde su lecho de enferma. (revista Ntro. Siglo)
¡Había votado! Y esa boleta, depositada en la urna electoral frente a la mirada escrutadora del fiscal radical -el escritor David Viñas- y los ojos embelesados de la representante peronista, fue para Evita un triunfo casi póstumo: en la misma jornada del 11 de noviembre, 2,2 millones de mujeres argentinas depositaban su voto por primera vez...


La razón de su vida


No fue éste el último presente que le brindó su raro destino: un mes antes de las elecciones había aparecido "La razón de mi vida". En ediciones de lujo y más modestas, en sus páginas latía el ritmo vital, desenfadado, auténtico, de su inspiradora. Contaba su día maravilloso, el día que conoció a Perón, con aire deslumbrado y deslizaba impresiones de su vida conyugal mezclándolas con efusiones políticas.
El periodista español que fue autor material del libro, lo había dividido en capítulos cortos, utilizando un lenguaje sencillo y por momentoi aforístico, sin hispanismos que molestaran al lector argentino. Había sabido identificar su proesa con el lenguaje que las multitudes habían escuchado tantas veces.
1950: la pareja inaugura una escuela fábrica en Florida.
Además, aunque "La razón de mi vida" es, desde luego, una expresión de total entrega a Perón, el nombre del líder no se reitera tanto como en sus discursos habituales. Y hay una gran honradez en la forma en que relata las jornadas de octubre de 1945: Evita habla de su angustia y de las gestiones que hizo para que Perón pudiera salir del país con la pasión de una mujer enamorada.
"La razón de mi vida", en definitiva, respira sinceridad. con convicción y la entrega total a su causa.


Los meses postreros
Evita, entre las señoras de Mercante y de Pistarini y su marido durante la inauguración del barrio Presidente Perón, en 1949 (Foto revista Nuestro Siglo, 1984).


El 18 de octubre de 1950 se inauguró el nuevo edificio de la CGT. Desde la izquierda, sentados, Cabo, Santín, Mercante, Evita, Perón y Espejo. Detrás, Valenzuela, Longhi, Teissaire, Cámpora, Quijano, Pons Bedoya y Mendé (Foto, revista Nuetsro Siglo, Archivo General de la Nación, 1984)
Evita abraza a su esposo el 17 de octubre de 1951
Hasta fines de abril de 1952, Evita anduvo como a media máquina. Permanecía semanas enteras en la residencia presidencial o en la Quinta de Olivos, según el tiempo, a veces levantada, a veces en cama. Recibía bastante gente, pese a las indicaciones médicas, aunque la fatiga la obligaba a suspender a cada rato esas visitas.
En algunas pocas oportunidades se presentó en actos públicos que le resultaban especialmente caros: la clausura del Campeonato Infantil Evita en la cancha de River Plate (5 de marzo); la clausura de un congreso rural en un teatro (28 de marzo); el velatorio del vicepresidente de la Nación (3 de abril); la ceremonia en que recibió la condecoración de la República de Siria, única oportunidad en que este país la otorgó a una mujer (18 de abril).
En mayo de 1951, Evita recibió a un grupo de mineros.

Otra aparición pública fue el 1 de mayo de 1952, uno de los días rituales del peronismo, que en su libro ella ubica entre los grandes, junto al 17 de octubre y el aniversario de la creación de la Secretaría de Trabajo. 
Ese día, 1 de mayo, pronunció el que sería su último discurso: "Si es preciso haremos justicia con nuestras propias manos. Yo le pido a Dios que no permita a esos insensatos levantar la mano contra Perón porque ¡guay de ese día!. Ese día, mi general ¡yo saldré con el pueblo trabajador, con las mujeres del pueblo, con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista!. Habló de los oligarcas, los traidores y los vendepatrias y terminó casi sollozando. Nunca más se oiría esa voz.



La Jefa Espiritual
Junio de 1952. El general Juan Domingo Perón ante la mirada de Eva, jura por su segundo período de gobierno constitucional que debía extenderse hasta 1958 pero fue interrumpido en septiembre del ´55 por la mal llamada Revolución Libertadora.

A fines de ese mismo mes recibió a los nuevos gobernadores que se harían cargo de sus puestos en pocos días más. Todos quedaron impresionados por su aspecto: se había encogido, estilizado. Les dijo pocas palabras: recomendó ser fanáticos; había que olvidarse de los que hablaban de prudencia y ser fanáticos.
Finalmente su última aparición. ¿Cómo podía perderse Evita el espectáculo de la ascensión de Perón por segunda vez a la presidencia?. Pese a las indicaciones de los médicos, des pedidos de su marido, ese día, frío y soleado, arropada en un espléndido tapado de piel, más hermosa que nunca, Evita asistió a la ceremonia en el Congreso, recorió al lado de Perón, en automóvil descubierto, la avenida de Mayo -la sostenía un artefacto de alambre colocado en el vehículo- y permaneció algunos minutos en la Casa de Gobierno.
Nadie hablaba del tema pero ya no se podía dudar de que se estaba muriendo. Entonces, una catarata de homenajes empezó a caer sobre su persona. Se descubrían bustos allí donde todavía no los había, el Congreso decidió denominar Período Legislativo Eva Perón al de ese año y, por iniciativa de Héctor J. Cámpora, otorgarle el título de Jefa Espiritual de la Nación; para no descompensar las cosas, el previsor diputado, incluyó en su proyecto el título de Libertador de la República para el propio presidente. A mediados de junio, Cámpora presentó otro proyecto, aprobado inmediatamente -como el anterior- para conceder a Evita el gran collar de la orden del Libertador General San Martín.
La joyería a la que habitualmente se encargaba la confección de esta prenda, debió hacer un esfuerzo sobrehumano para hilar la colección de piedras preciosas que formaban la condecoración antes que su destinataria falleciera. 
La nueva provincia de La Pampa se llamaría Eva Perón; la ciudad de Quilmes había cambiado su nombre colonial por el de Eva Perón; escuelas, policlínicos, barrios, buques, centenares de elementos de la realidad argentina estaban bautizados de este modo. Solo faltaba el monumento.
A principios de julio se modifica una ley, aprobada en 1946, que disponía la erección de un monumento al descamisado ; ahora sería un monumento a Eva Perón, y se lo ubicaría en Plaza de Mayo...La lectura del diario de sesiones produce una extraña sensación de irrealidad: ochenta y cinco discursos se pronunciaron en Diputados durante la sesión que aprobó el monumento. En cada uno de ellos, la sola mención de Evita o de Perón provocaba, obligadamente, las ovaciones del hemiciclo, puntualmente registrada por los taquígrafos del Congreso.
Foto, revista Nuestro Siglo.
El 20 de julio, la CGT auspició una misa de campaña, frente al obelisco para rezar por la salud de Eva. El sermón del padre Hernán Benítez -que días antes le había brindado auxilios religiosos- sonó más a necrología que a oración. La misa también fue oficiada junto al sacerdote Virgilio Filipo.
El padre Benítez dijo, entre otras cosas: "Ahora, compañeros, ya tenemos nuestra mártir, ya tenemos nuestros mártires, porque Dios, al elegir a Eva Perón, nos ha elegido a nosotros para mártires, desde que su dolor es nuestro dolor (..) Dios ha alzado a Eva Perón a la cima de su gloria, de su hermosura y de su popularidad, precisamente para que desde esa cima, convertida en blanco de contemplación y de amor a todo su pueblo, nos diera un ejemplo heroico de fe y de abnegación cristiana (...) Ella ha entregado su vida porque ha tenido fe en el pueblo...
Y mientras en millones de hogares humildes se rezaba por la salud de Evita, mientras se emprendían las iniciativas más excéntricas con el mismo propósito, un médico español, el doctor Pedro Ara, inventor de un método infalible para emablsamr cadáveres, era traído desde Córdoba para hacerse cargo del trabajo más dificíl y más exitoso de su vida profesional. 
El sábado 26 de julio, triste y lluvioso, después de unos comunicados de los médicos de cabecera que generalizaron la sensación de inminente desenlace, poco después de las ocho de la noche, María Eva Duarte de Perón expiró. Minutos después, todas las radios transmitían un sobrio anuncio, fijando el "tránsito a la inmortalidad" a las 20.25 horas.
Un gran silencio comenzó a cancelar todas las actividades del país. Todo empezó a cerrarse. Las radios, después de unos minutos de desconcierto, empezar a irradiar música sacra -y lo harían durante varios días-. Cines, teatros, confiterías, cerraron sus puertas. Seguramente, como sucede siempre en esta Argentina donde las divisiones suelen ser muy extremas y los antagonismos generan odios incurables, en muchas casas -sobre todo las de la clase alta y oligárquica- hubo contenidos suspiros de alivio, finalmente ¡había muerto!.
Pero millones -el pueblo real y sufriente, que encontró en ella un alivio- sintieron que su presencia viva, fresca, tremenda en su fuerza y en su voluntad, dejaba de pertenecerles.
Eva Muere el 26 de julio de 1952. Su pueblo lloró la pérdida irreparable de aquella madre espiritual en un largo velorio de catorce días. Las exequias fueron imponentes. Sus restos pasaron una noche en el Congreso Nacional y después fueron trasladados a la CGT, donde serían depositados, donde serían depositados hasta los días de la revolución de septiembre de 1955. Las siguientes son fotos de la revita "Nuestro Siglo", 1984.


Las honras póstumas


Lo que sigue ya no es de Evita: forma parte del dolor popular y también de la instrumentación política de su fallecimiento. El prolongado velorio -desde el 27 de junio hasta el 9 de agosto- protagonizado por una enorme multitud que día y noche desfiló, en el hall del Ministerio de Trabajo, ante el féretro abrierto que contenía su cuerpo; las gigantescas exequias y su conducción al Congreso Nacional por una noche, y luego a la CGT donde sería depositado. 
Y también el aire lúgrubre que campeó en todo el país y los extraños ritos funerarios que aparecieron en los más alejados puntos del territorio, como un eco de los que se realizaban en Buenos Aires.
Todo eso y mucho más -las procesiones de antorchas, las expresiones de la prensa extranjera, las condolencias de gobiernos y estadistas de todo el mundo- constituían un epílogo excepcional, digno de la excepcionalidad de la figura que había desaparecido.
Para bien o para mal, nada ni nadie podría reemplazarla jamás. Ni tampoco, para bien o para mal, nadie jamás podría olvidarla.


(Fuente: Revista Nuestro Siglo, Hyspamerica, 1984)








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ALFONSINA IACULLO Y TESSIE LAWLER ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL HABLAN SOBRE EVA PERON EN JUNIN EN EL PROGRAMA VIVO EN ARGENTINA POR CANAL 7 LA TELEVISION PUBLICA



EN LOS TOLDOS
El programa "Vivo en Argentina" que se emite por Canal 7 el 21 marzo de 2012 estuvo en el Museo-casa de Eva Duarte de Perón en la localidad bonaerense de Los Toldos. Al día siguiente el programa estuvo en nuestra ciudad (nota anterior). En Los Toldos se entrevistó con su prima-hermana Elena Valenti, repasamos su historia desde la niñez hasta sus últimos días y recordamos los logros que como mujer y como política obtuvo y nos dejó como legado nacional.











Cuando Juan conoció a Eva



Por: Rubén Alejandro Fraga


(Fuente: El ciudadano web.com (ver linck) )


22 ene, 2011


Hoy se cumplen 67 años del comienzo de una historia de amor que marcó a fuego la política argentina del siglo XX: el encuentro entre Juan Domingo Perón y María Eva Duarte.
Corría enero de 1944 y el país estaba conmovido por el terremoto que el 15 de ese mes había destruido la ciudad de San Juan, dejando un saldo de más de 7.000 muertos y la virtual desaparición de la edificación en la capital cuyana. De inmediato, el gobierno de facto encabezado por el general Pedro Pablo Ramírez organizó el socorro a los damnificados. El entonces coronel Perón tomó a su cargo la campaña solidaria y en pocas semanas logró recaudar más de 12 millones de pesos.
El gobierno militar, surgido del golpe de Estado que el 4 de junio de 1943 derrocó al conservador Ramón Antonio Castillo, prometió que la histórica ciudad sería reconstruida.
En ese marco, aquel sábado 22 de enero de 1944 se realizó un gran festival organizado por la colonia artística en el porteño estadio Luna Park, en Corrientes y Bouchard, con el fin de recaudar fondos para las víctimas del sismo.
Fundado por Ismael Pace y José Lectoure en 1931, el Luna Park fue testigo de numerosos acontecimientos en el siglo XX. Escenario de grandes combates de boxeo y también de bailes, festivales y hechos luctuosos, allí se velaron en 1935 los restos de Carlos Gardel y sonaron entonces los compases del tango “Silencio” en la versión de la orquesta del maestro Francisco Canaro. Siete años después, la noche del 22 de enero de 1944, la orquesta de Canaro volvió a sonar junto a las voces de Libertad Lamarque, Hugo del Carril y la típica de Juan D’Arienzo, en el festival a beneficio de las víctimas del terremoto en San Juan. Y bajo esos compases se conocieron Evita y Perón.
El coronel, de 48 años, estaba al frente de la Secretaría de Trabajo de la Nación, que él organizó para gestar y poner en práctica la legislación laboral en favor de la producción y los derechos obreros. En 1938 había muerto su primera esposa, Aurelia Eugenia Tizón.
Eva Duarte, nacida el 7 de mayo de 1919 cerca del pueblo de Los Toldos, era hija natural de Juan Duarte y Juana Ibarguren y había sido anotada originalmente en el Registro Civil como Eva María Ibarguren (antes de casarse con Perón, Eva modificó su apellido por Duarte e invirtió el orden de sus dos nombres). En aquel enero del 44, tenía 24 años y era una novel actriz de radioteatro que se había movilizado con otros compañeros para ir al festival.
El periodista Rodolfo Ghezzi cuenta que hay dos hipótesis sobre quién los presentó.
Una sostiene que los habría presentado el coronel Domingo Mercante, amigo del futuro presidente argentino y en ese entonces adjunto a la Secretaría de Trabajo. El hijo de Mercante solía afirmar: “Yo escuché mil veces que Evita le decía a mi padre: «¿Se acuerda, Mercante, cuando usted en el Luna Park me llevó de la mano para hacerme sentar al lado de Perón? ¡Ay, el miedo que tenía! Y usted, mire que estuvo inspirado, ¿eh?»”.
La otra versión (y la más difundida) señala que quien los presentó no fue otro que el inefable Roberto Galán. El carismático locutor y conductor de míticos ciclos televisivos como Si lo sabe cante y Yo me quiero casar… ¿Y usted?, era por entonces un joven audaz que ya daba sus primeros pasos en la profesión y fue el presentador en el festival del Luna Park.
Según cita Alicia Dujovne Ortiz en su libro Eva Perón, la biografía, Galán le contó que fue él quien realizó el “enganche” entre Perón y Evita y que en un momento determinado del festival, la joven se le acercó y le dijo: “Galancito, por favor, anunciame que quiero declamar una poesía”. Cuenta luego el animador que en un momento dado llamó a Evita y a otras tres actrices y les dijo: “Los coroneles se han quedado solos. Se los voy a presentar diciéndoles que ustedes forman parte del Comité Femenino de Recepción”.
Fue ahí cuando Eva se sentó junto a Perón iniciando una relación que duraría hasta el fin de su vida. Y que la llevó a escribir en su libro La Razón de mi vida: “Aquel fue mi día más maravilloso”.
Años después, en 1955, tras la muerte de Evita y con Perón derrocado y exiliado, Galán también le presentó a él en Panamá a quien sería su tercera esposa, María Estela Martínez.
La relación sentimental entre el coronel Perón y Eva Duarte tomó estado público rápidamente y, sobre todo, llegó a oídos de sus camaradas del Ejército, que, en general, no vieron con buenos ojos ese romance. Cuando Evita conoció a Perón éste vivía con una chica a la que llamaban la Piraña. Cuentan que la temperamental Evita se encargó de sacarla literalmente a las patadas de la casa de Perón.
Luego vinieron el encarcelamiento de Perón en la isla Martín García, la gran movilización popular del 17 de octubre de 1945, su posterior liberación y su llegada a la presidencia mediante el voto popular, el 24 de febrero de 1946, cuando triunfó la fórmula Perón-Quijano.
Eva compartió su vida con él desde aquel festival de beneficencia y pasó a ser una figura clave de su proyecto político. Se casaron por civil en la ciudad bonaerense de Junín, el 22 de octubre de 1945, y el 10 de diciembre de ese año, hicieron bendecir su enlace en una iglesia de La Plata. Como primera dama, Evita se transformó en la “abanderada de los humildes”. Promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de la mujer (entre ellos el sufragio femenino) y realizó una amplia obra social desde su fundación.
Y, por sobre todas las cosas, supo ganarse el amor y la devoción de las grandes mayorías populares hasta su prematura muerte, víctima de cáncer, el 26 de julio de 1952.
En 1956, ya exiliado Perón, circularon textos cortos de su autoría que luego integrarían la obra Del poder al exilio. Cómo y quiénes me derrocaron.
Algunos capítulos se editaron con el título "Cómo conocí a Evita y me enamoré de ella". Allí, Perón cuenta: “Eva entró en mi vida como el destino. Fue un trágico terremoto que sacudió la provincia de San Juan, en la cordillera, y destruyó casi enteramente la ciudad, el que me hizo encontrar mi mujer. En aquella época yo era ministro de Trabajo y Asistencia Social. La tragedia de San Juan era una calamidad nacional. Para socorrer a la población movilicé al país entero; llamé a hombres y mujeres a fin de que todos tendiesen la mano a aquella pobre gente de aquella provincia remota. Entre los tantos que en aquellos días pasaron por mi despacho, había una joven dama de aspecto frágil, pero de voz resuelta, con los cabellos rubios y largos cayéndoles a la espalda, los ojos encendidos como por la fiebre. Dijo llamarse Eva Duarte, ser una actriz de teatro y de la radio y querer concurrir, a toda costa, a la obra de socorro para la infeliz población de San Juan”.
“Hablaba de manera vivaz, tenía ideas claras y precisas e insistía en que se le confiara un cargo. Yo la miraba y sentía que sus palabras me conquistaban; estaba casi subyugado por el calor de su voz y de su mirada. Eva estaba pálida pero mientras hablaba su rostro se encendía. Tenía las manos escuálidas y los dedos ahuesados; era un manojo de nervios. Discutimos largo rato. Era la época en que en mí se abría camino la idea de dar vida a un movimiento político que transformase radicalmente la vida de la Argentina”, prosigue.
“Vi en Eva una mujer excepcional, una auténtica «pasionaria» animada de una voluntad y de una fe que se podía parangonar con la de los primeros creyentes. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos. Decidí, por lo tanto, que Eva Duarte se quedase en el ministerio mío y abandonase sus actividades teatrales”, recuerda Perón. Había nacido una relación que tan sólo la muerte pudo interrumpir y que marcó un antes y un después en la historia argentina.

















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